CUARTOPODER | Publicado: - Actualizado: 16/5/2017 01:05

Pilar Lucía López y Agustín Moreno *

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Carmen González, madre de Diego, sostiene la nota dejada por su hijo de 11 años donde explica que se suicidaba para no volver al centro en el que sufría acoso escolar. / Emilio Naranjo (Efe)

 “Os digo esto porque yo no aguanto ir al colegio y no hay otra manera para no ir. Por favor espero que algún día podáis odiarme un poquito menos (…) Os echaré de menos y espero que un día podamos volver a vernos en el cielo. Bueno, me despido para siempre. Diego”. Es el texto de la carta de despedida de un niño de 11 años antes de arrojarse por la ventana de su cuarto en un 5º piso en la localidad madrileña de Leganés. La carta encontrada dentro de su mascota de peluche parece inequívoca: Diego sufría acoso escolar. La familia la ha trasladado a la prensa para intentar que se reabra el caso, porque no pueden creerse que se niegue la existencia de acoso.

No sé cuál ha sido el papel de la inspección educativa y de la consejería, pero es difícil creer que se haya cerrado la investigación sin encontrar ningún elemento que apuntase al acoso escolar. La carta no tiene margen para la duda. No es verosímil que los compañeros de Diego no supieran nada de lo que estaba viviendo una criatura que opta por quitarse la vida para poner fin a una insoportable situación.

En un caso tan grave, que tiene como consecuencia la muerte de un niño, hay que llegar hasta el final en la investigación y buscar las raíces del problema que suelen estar muy repartidas: los inductores, los agresores, los niños observadores que lo saben y no dicen nada, los que sólo se ríen… También los adultos que no dan importancia a las bromas, las direcciones de los centros que hacen caso omiso y lo interpretan como un juego de niños, o que valoran que hay chicos raritos que todo se lo toman a la tremenda.

Diego iba al colegio concertado religioso Nuestra Señora de los Ángeles de Villaverde. No ha sido el único caso de acoso con resultado de muerte en Madrid en 2015. Hay que recordar el de Arancha, una alumna de 2º de ESO que se suicidó también y que estudiaba en el IES Ciudad de Jaén. Se han dado otros en el resto del Estado, como el de Alan, un joven transexual de 17 años que se suicidó en Barcelona en diciembre. Pero es muy difícil conocer esta realidad y su extensión porque no hay datos estadísticos que den un reflejo preciso.

Según algunos estudios, nos encontramos en la actualidad con un aumento de la frecuencia del suicidio infantil y adolescente, que ha pasado a ser considerado un problema de salud pública; habiendo escasos métodos para poder prevenir y afrontar el problema y, en general, escasez de estudios al respecto, sobre todo en niños y adolescentes. Para su prevención se ha comprobado que las intervenciones más eficaces son aquellas que se realizan en el ámbito escolar.

Sobre el acoso, hay fuentes que hablan de que uno de cada cuatro alumnos lo sufre, un porcentaje tan elevado que, desde la experiencia directa no parece del todo creíble. Quizá haya que ponerse de acuerdo sobre el concepto, pero al margen del dato cuantitativo, cualquier caso es insoportable para una sociedad que base su convivencia en el respeto y la protección de todos sus miembros, especialmente de los más vulnerables.

El bullying o acoso escolar hay que abordarlo pidiendo responsabilidades a todos los implicados, empezando por el ministerio de Educación y los gobiernos de las comunidades autónomas que deben dotar de recursos económicos, pedagógicos y formativos a los centros y al profesorado.

Las acciones deben de ir dirigidas a cuatro campos:

1. La prevención

Dedicando más medios y recursos a la lucha contra el acoso escolar. La LOMCE y los recortes no ayudan a combatirlo con unas ratios elevadas que no facilitan la atención individualizada a la diversidad, unos horarios del profesorado muy intensos que impiden su coordinación, la falta de profesorado y el debilitamiento de los departamentos de orientación.

Trabajando el desarrollo emocional y moral del alumnado con programas específicos en las tutorías y cualquier actividad que aumenten su grado de empatía con los otros y su sentido de la solidaridad y del apoyo mutuo. Para ello habrá que seguir desarrollando actuaciones como los “alumnos ayudantes” que velan por mejorar las relaciones entre alumnos, la mediación entre iguales, los observatorios de convivencia, los círculos de apoyo al nuevo alumnado o alumnos más vulnerables por diferentes y tantas otras iniciativas como existen ya en algunos centros.

2. La transparencia y la participación

Es cierto que estas situaciones de acoso escolar se pueden dar en cualquier tipo de centro educativo. La diferencia está en el ambiente que defina a un colegio o instituto, si es competitivo o cooperativo, si se trabajan los valores y derechos humanos, o hay otras prioridades como llegar a tener la mejor marca académica. Y sobre todo si en ese centro hay trasparencia para abordar cualquier caso que pueda producirse y apertura para que pueda participar cualquier miembro de la comunidad.

Las familias, el profesorado y alumnado se sentirán animados a hablar cuando puedan hacerlo con toda libertad y participen en la resolución de los conflictos. A ello puede ayudar la titularidad pública del centro. No es igual si un profesor teme un despido, si no se da participación al AMPA o si un director tapa el asunto porque no quiere que el centro coja mala fama y descienda su matrícula. Las diferencias de tratamiento han sido claras en los dos casos citados de Madrid.

3. El protocolo de actuación

No se trata de tener almacenado en dirección el protocolo institucional que, en su caso, les haya enviado la administración educativa. Cada centro ha de tener unas líneas básicas y eficaces de intervención cuando se produzca la menor sospecha de acoso. Un protocolo ético y eficaz es aquel que tiene como objetivo proteger a la posible víctima. El burocrático se basa en cubrir las responsabilidades de cada parte.

No es normal que haya planes perfectamente diseñados para una evacuación en caso de incendio y no los haya para intervenir ante el acoso escolar. Ensimismados con la LOMCE y los recortes, el ministerio de Educación ha tardado mucho en abordar este drama y, ahora, anuncia un paquete de propuestas. Alguna, como poner un teléfono para denunciar las situaciones de acoso, es una medida-parche para lavarse la cara.

Cada alumno y alumna, cada profesor o miembro de la comunidad educativa debe conocer lo básico: cómo distinguir un acoso real de una broma entre críos. Una pelea entre iguales o grupos rivales no es lo mismo que hacer bullying a una persona que sufre en silencio o defendiéndose como puede de la humillación y vejaciones durante un largo período. Y lo más importante, a quién acudir con cara y apellidos (el tutor, el orientador, jefe de estudios o director, el AMPA) y cómo denunciarlo.

Por ello hay que formar al alumnado y al profesorado. Hay que crear una conciencia moral entre toda la comunidad para evitar el acoso. No por el miedo a que te pillen en delito, como a veces ocurre con las charlas que da la policía en los centros con la mejor voluntad de evitar estos casos.

4. La investigación y toma de decisiones

La intervención es la última fase. Entrevistar y escuchar a la víctima, a los compañeros, a los profesores y comprometerles en la resolución del problema. Para ello, los padres no deben tener miedo a que su hijo sea señalado, ni la resolución debe pasar por cambiar de centro a la víctima. Toda intervención debe ser rápida, dirigirse a reparar el daño a la víctima y a corregir conductas de los agresores. Esto no quita para que éstos sean sancionados con medidas proporcionales a su agresión. Lo peor es mirar para otro lado. Estaríamos perdidos ante el mal si nadie se compromete a erradicarlo.

En el caso concreto de Diego, habrá que investigar hasta las últimas consecuencias para que no exista ningún espacio de impunidad y secretismo. La presidenta de la Comunidad de Madrid va a recibir a los padres y la única respuesta que estos esperan es una reapertura de la investigación. Tienen derecho a saber, a que se haga justicia, a que se actúe para evitar nuevas situaciones de peligro. La manera de asegurarlo es detectar las situaciones de riesgo, trabajar para evitar que se repitan y recuperar para la sociedad a otros niños que también puede salir muy dañados de estas situaciones, aunque hayan sido acosadores. Y por supuesto dotar a los centros de todos los medios necesarios para que estos hechos no vuelvan a ser noticia.

(*) Pilar Lucía López es pedagoga y orientadora. Agustín Moreno es  profesor de Enseñanza Secundaria en Vallecas (Madrid) y autor del blog de cuartopoder.es ‘La espuma y la marea’.

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  • Callum

    a mi hija tbien la acosaban y decía q no quería 10 pq los compañeros la llamaban empollona. Y la pegaban. Escribí al colegio (británico) y el Director me contestó q cuidase yo de q la niña no provocase a los compañeros. Le respondí pero mandando a la central copia y a mi hija la apunté a aprender defensa personal y así se acabó el castigo físico de varones envidiosos, lo de empollona lo llevó hasta el final y aunque me decían los profes que podía ser la primera de la clase, ella se negó a dar más de sí, pq no quería volver a lo de antes.

  • consuelo pastor

    Hay que tonar medidas urgentes, ni un caso mas de acoso, los profesores deben detectar y avisar a Inspecciones , familia, etc,

  • Antonio Martínez Lara

    Soy maestro jubilado implicado en la renovación pedagógica. Suscribiendo la mayor parte de lo expuesto, creo conveniente puntualizar dos aspectos.
    1ª La formación inicial y el modelo de maestro/profesora es según mi experiencia muy deficiente. Falta: el mínimo ajuste de teoría/práctica, el cuidado-pasión que se propició en la
    República en aquel plan profesional.
    2ª Falta la globalización que se ha perdido con excesivas especialidades desde infantil hasta final de primaria ¿y? Ello,creo, se deja sentir de manera especial en este tiempo de retraimiento y superficialidad.

  • Pingback: Todos contra el acoso escolar()

  • CHATA

    LOS COLEGIOS CONCERTADOS, DE “MONJITAS”, TAN “BUENECITAS ELLAS”, COMO EL COLEGIO M.M. CONCEOCIONISTAS DE SEGOVIA, SIEMPRE TAPAN TODO LO MALO QUE SE MUEVE EN ESOS CENTROS, Y POR SUPUESTO NUNCA RECONOCEN NADA, NO LES INTERESA. MI HIJO SUFRIÓ UN TREMENDO ACOSO POR SER UN NIÑO QUE NI JUGABA AL FUTBOL NI PEGABA, Y POR ESTUDIAR, FINALMENTE EL RARO Y EL MARGINADO FUÉ EL, TRAS UNA ENORME DEPRESION TANTO SUYA COMO NUESTRA, LO SACAMOS DE ESE COLEGIO, AHORA ES FELIZ PERO HEMOS TENIDO QUE RENUNCIAR A SU PRESENCIA EN CASA. HABRIA QUE PUBLICAR LOS NOMBRES DE COLEGIOS Y ALUMNOS CANALLAS QUE TANTO DAÑO HACEN.

  • sagrario Losada

    Estimados amigos, toda mi vida llevo en la enseñanza trabajando por un modelo de Escuela Pública que sea representación del todo el Estado, AL MARGEN DE LAS POSICIONES IDELOGICAS Y RELIGIOSAS. Además me preocupan las situaciones perversas que ocurren cada día más y se midan como algo aislado en ves como algo consecuencia del modelo, me preocupa que cada colegio, cada instituto tape su problema o lo denuncie según momento.
    Es necesario asumir una preocupación general y constante por la enseñanza de parte de la las familias, las APAS y el profesorado en cuanto a lo relacionado con LA ENSEÑANZA PUBLICA. Es sumamente triste cuando convocas a una reunión de los padres y van tres, de los profesores y tres y lo mismo en los directores. Todo lo relacionado con la infancia pareciera no preocupar o preocupa muy poco.
    Un ejemplo: ¿por qué llamamos Educación Pública cuando educación nada tiene que ver con enseñanza? La educación se referirse a principios morales que puede TRASMITIR cualquiera sobre el menor estudiante. Si hablamos de Educación, el menor puede ser educado por el amigo o amiga de sus padres, por el vecino de enfrente, por el sacerdote de turno, por su tía Amapola mientras que si hablamos de Enseñanza, entendida con método y currículo cognitivo, ensaña es otra cosas: consiste en dar materias que sirven para la vida laboral, la vida profesional, para conseguir que la persona sea críticas, observadoras, inquietas, científicas y rebelde con causa, esto nada tiene que ver con hacer ciertas actividades y prácticas que llevan a otros fines separados de la posibilidad de ser una personas preparada en Lengua, matemáticas, física, historia ,geografía… música, todo ello bien llevado, con empatía hacia el alumnado más que separados o dejándolos solos con la table u otras nuevas tecnologías que, por supuesto, no debemos de quedarnos atrás en estas materias, pero no pueden ser las prioritarias y con profesionales de baja cualificación que actúan separados de currículo total de la enseñanza y, a veces, ahí en esa ocasión de estar los menores solos, desvían su tarea hacia otras cuestiones, tanto en casa cono en el colegio. Así, todo se convierte en pasatiempos vacíos e inútiles como también se da el caso con ciertos deportes.También debe preocupar la excesivas horas que pasan encerrados en clase sin movilidad, demasiado estudio en materias sin sintetizar. Todo este desvariado método condice a una presión en el insoportable

  • L1U2N3A

    ¿ Cuantas capacidades tiene que tener un profesor hoy en día?. En la actualidad soy una ex-profesora (profesora jubilada desde el mes de Octubre) . Uno de los motivos por los cuales decidí jubilarme antes del tiempo mínimo exigido ( son 32 años y yo he trabajado 31) ha sido mi negativa a hacerme cómplice de los mensajes de calidad (” todos los alumnos de la comunidad de Madrid serán bilingües en poco tiempo”, palabras de Esperanza Aguirre cuando era presidenta de la Comunidad de Madrid) de una administración que con la llegada de la crisis quiso tapar sus errores (sus gastos faraónicos ,sus cobros bajo cuerda de empresarios sin escrúpulos) con mensajes a la sociedad del tipo “son unos vagos, se quejan por trabajar dos horas más a la semana” enviados por nuestra “querida” Lucia Figar Consejera de Educación en los inicios de la crisis ( pagando cantidades sustraídas de los fondos públicos en mejorar su imagen) . Estos mensajes que rápidamente calaron en la sociedad civil ( los profesores son unos vagos, tienen más vacaciones que ningún otro trabajador, se pasan el día “llorando” etc…)ocultaban una realidad cada vez más compleja en las aulas públicas (muchachos con problemas afectivos, muchachos utilizados como “yo-yo” por padres en procesos de divorcio difíciles, muchachos que han crecido lejos de sus padres inmigrantes bajo el cuidado de tíos , abuelos etc…) y esos muchachos “almacenados” en aulas abarrotadas ( como bien dice Agustín en su artículo) demandando una atención que yo viví, en mis últimos cursos como profesional de la enseñanza, con sentimiento de impotencia . Los profesores somos humanos, no estamos dotados de “poderes” que nos permitan resolver tantos situaciones diferentes y complejas como se suceden hoy en un aula. Pero al final hay que buscar un “chivo expiatorio” y que mejor (fácil y falso) que esos profesores que ante los problemas miran hacia otro lado.

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