La envenenada herencia de Rajoy

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Alejandro_InurrietaEl presidente Rajoy se pasó el primer año de legislatura llorando por las esquinas sobre la terrible herencia que le dejó Zapatero. Particularmente insultante fue el argumento del déficit oculto de las CCAA, la mayoría provenientes de regiones gobernadas por el PP. Sin embargo, nada dijo de la envidiable herencia en materia de Seguridad Social que le dejó el anterior presidente. Equilibrio entre ingresos y gastos y una hucha llena, más de 70.000 mill€ de ahorro para gastar en los siguientes ejercicios, algo que ha hecho con maestría.

Pero la excusa de la herencia tiene fecha de caducidad y después de más de cuatro años, ya tenemos encima de la mesa la herencia que transmitirá al próximo ejecutivo, o a sí mismo, en materia de déficit. España durante la era Rajoy no ha cumplido ningún año con los objetivos de déficit, a pesar de haber sido perdonado y se le ha permitido retrasar algunos de los cumplimientos.

En el último año de legislatura, la España del rigor presupuestario de Montoro ha vuelto a gastar por encima de lo que ingresa, como una familia manirrota, en una cantidad que se acerca a 10.000mill€, ahora con dos culpables: CCAA y Seguridad Social. Este dato, que va condicionar de forma significativa la política económica del próximo gobierno, junto al saldo neto de deuda externa en 2015: 1,8 biillones€, explica muy bien en qué ha consistido la supuesta recuperación española: viento de cola exógeno, (tipos de interés nulos, compra de deuda del BCE, precio del crudo), endeudamiento externo, gasto público electoral a partir de 2013, empleo basura, estancamiento de los ingresos públicos en Seguridad Social y déficit del sistema de pensiones estructural.

Con este panorama, ya nadie sensato se le ocurrirá hablar de lo bien que gestiona la derecha el dinero público, lo cual iguala la mala gestión de lo público que han hecho los sucesivos gobiernos del PSOE. El gran problema radica en que las tesis de Bruselas sobre la bondad de la contención del gasto se han demostrado falsas, como también lo ha sido la supuesta mejoría en los ingresos que provocan la reducción unilateral de impuestos que tímidamente Rajoy planificó para intentar ganar las elecciones por el bolsillo, por esos eurillos de más que todos deberíamos agradecerle personalmente a él.

La realidad fiscal de este país es cada vez más oscura. Con una recaudación tan magra, no llega al 40% del PIB, y unos gastos en protección social por debajo de los de Grecia o Irlanda, España sigue siendo un país anémico en lo público, por más que los liberales/ácratas sigan bramando por lo nocivo que es que el sector público gestione la sanidad, la educación o las políticas sociales, tan perniciosas para el buen funcionamiento del individualismo compasivo que debería regir nuestros destinos.

Es por tanto un problema de insuficiencia de ingresos lo que sufre la economía española. Un ejemplo claro es la Seguridad Social. La intervención de facto por parte de Bruselas nos exigió un duro programa de ajuste en el gasto: es decir reducir prestaciones, alargar la jubilación y menguar la pensión media. Todo eso se ha hecho, aunque tal vez hay que dar un nuevo golpe afectando ya a las pensiones de viudedad/orfandad y restringiendo aún más la prejubilación, estirando cada vez más la vida laboral. Pero estas medidas se han demostrado insuficientes para equilibrar el sistema. La vieja idea de inventarse los ingresos esperados que tanto gusta a los redactores del Libro Amarillo de los PGE en 2015 han batido un record. Los ingresos los inflaron un 7%, cuando la masa salarial apenas crecía un 3%, lo que explica el desfase de ingresos de la Seguridad Social en más de 10.000mill€ y ello a su vez la desviación del déficit previsto (un 0,6% del PIB) a ese 1,26% final. Sobre esto, Montoro y los liberales han pasado de puntillas, como siempre, culpando de todos los males a las CCAA que, como todo el mundo sabe, cambiaron de gobierno en mayo/junio, sin tiempo para modificar la inercia. Muchas de estas CCAA, como la valenciana, están en quiebra técnica, tras pasar Atila por dicho territorio, dejando toda suerte de pufos, facturas sin pagar y mordidas apalabradas que no se han podido satisfacer. Pero otras como Madrid, también han sido focalizadas entre las administraciones que han despilfarrado y malgastado el dinero público, sin que haya ningún castigo para los autores.

Para contrarrestar esta posición deudora, y así poder culpar al resto, Rajoy decidió que tras abrasar a impuestos sus primeros dos años, ya era hora de devolver lo confiscado, presumiendo de cumplimiento de déficit en 2015. A pesar del crecimiento del PIB del 3,5% y del empleo en un 3%, el déficit debería haber terminado en una cifra alrededor del 3%. La desviación se llama deflación salarial, empleo temporal y en unas cuentas autonómicas, lastradas por los senadores Fabra y Barberá, pero también murcianos, catalanes y extremeños. Aquí sí que hay que hacer constar el grave problema de infrafinanciación de las CCAA, lo que de alguna forma exime parcialmente del agujero de muchas de ellas.

El principal problema es el futuro cercano. El ejecutivo que salga del circo en el que estamos, o de próximas elecciones, tendrá que ajustar el gasto en 10.000 mill€, tal vez por eso nadie quiere tomar esa responsabilidad. Los ingresos serán aun menores que en 2015 y la economía crecerá mucho menos. El precio del crudo ya no ayudará como a finales de 2015, por lo que el déficit no llegará al 2,8% del PIB a finales de 2016. Esta es la misma canción de 2011, la herencia recibida. Lo bueno es que España ya sabe que hay derrochadores en ambas trincheras, pero lo que no hay es nadie que piense de verdad que solo con mayores salarios, mejor empleo y una financiación vía impuestos y cotizaciones podrán salvar las cuentas de la Seguridad Social, verdadero agujero negro de nuestras cuentas públicas.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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