Desamparados

Un menor es elevado por encima de las cabezas de los valencianos para que toque el manto de la Virgen de los Desamparados. / Javier Pérez de Albéniz.
Un menor es elevado por encima de las cabezas de los valencianos para que toque el manto de la Virgen de los Desamparados. / rtve.es

Las imágenes televisivas son muy impactantes: niños de solo unos meses de edad son trasladados en volandas, saltando de mano en mano como patatas calientes, sobre una embrutecida marea humana, desde los brazos de sus padres hasta un trapo, en un irresponsable y fanático viaje de ida y vuelta. ¿Algún canal radical yihadista celebrando una ceremonia integrista? ¿La televisión de una secta religiosa de comedores de placentas? ¿El avance de una película sobre la invasión de extraterrestres ladrones de niños? No, no, para nada. El telediario estrella de TVE, la televisión pública española. 

“Son momentos de gran devoción, en los que algunos padres permiten que sus hijos de corta edad alcancen el manto de la virgen aupados por la multitud”, dice el presentador con una amplia sonrisa, ajeno al demencial espectáculo que están emitiendo. Y es que en Valencia, tras la misa de Infantes, se procede al tradicional traslado de la Virgen de los Desamparados desde la basílica a la catedral. Una tradición de riesgo, como lo de la cabra y el campanario, pero a menor altura y con pequeños humanos en lugar de caprinos adultos.

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Entre los que este año contemplaron en directo el dantesco show religioso se encontraba José Manuel García Margallo. El ministro de Asuntos Exteriores en funciones asistió al traslado aéreo de los bebés y, en lugar de llamar a la policía y los bomberos, cuentan que dejó escapar una emocionada lagrimilla. Seguramente estaría pensando en el nuevo vídeo promocional que su jefe, Mariano Rajoy, acababa de lanzar desde Moncloa como avance preelectoral. E ilegal: la sede del Gobierno de la nación, no de un partido político, no es el lugar adecuado para hacer promoción del PP. Desde la ilegalidad pues, el presidente en funciones dice que el Partido Popular representa “la esperanza por la España moderada” y advierte de “una alternativa extremista que asoma como un disolvente”.

En el país de la corrupción y el paro, de los ministros meapilas y de los presidentes abonados a la mentira, el populacho se aferra a la única esperanza de futuro posible. ¿La educación? No, la religión. Nunca podré pagar un máster a mi hijo, pero sí puedo lanzarle a la marabunta para que acaricie el sagrado y milagroso manto de la virgen. “España es un gran país”, insiste un Rajoy que en campaña seguirá las órdenes de un gabinete que le aconseja “hablar bien de España para ocultar el baldón de la corrupción”.