El olvido de Ramos Oliveira

Agustín_García_SimónNo es éste un país dado a la memoria, mucho menos al estudio de su propia historia, que habitualmente desprecia e ignora, como en los versos dedicados a Castilla de Antonio Machado. No infrecuentemente, ese desprecio lleva adheridas vetas de odio y sectarismo profundos, que impiden asimilar el pasado como requisito imprescindible para un desarrollo personal e intelectivo, que socialmente propicie estructuras sólidas de razón y entendimiento. Y cuando, cultural y socialmente, no se asimila el pasado con normalidad y rigor, es inevitable que vuelva con su deuda pendiente, porque, como decía Ortega, el pasado es revenant, vuelve inexorablemente con sus sombras no despejadas, como un acreedor lóbrego del tiempo. Aquí la memoria histórica no se cultiva, ni se mantiene, ni se venera como factor de enriquecimiento y participación que fortalezcan la convivencia, la unión y el ejemplo aprovechable de quienes nos precedieron inmediatamente. No. Aquí, más bien, el olvido y la memoria se decretan. Y no precisamente por consenso fecundo y civilizado, sino, más a menudo por interés partidista que mantenga el estigma que divide y envenena.

Y aun así, el tiempo va desvelando lentamente figuras ejemplares de nuestra memoria y nuestra historia recientes, tan injusta y, sobre todo, tan sectariamente ninguneadas por los “hunos” y los “hotros”. Tal es el caso, aunque tardío, felicísimo, de Chaves Nogales, el gran periodista republicano, extraordinario escritor, hombre de convicciones democráticas y civismo impecables, que hubo de huir de su patria para salvar la vida, porque representaba esa “tercera vía” tan odiada aquí por los fanáticos de todo signo; y que, de los años noventa en adelante, fue vindicado junto a su obra excepcional con un eco y una recepción verdaderamente esperanzadoras.

De manera análoga, aunque, de momento, más tenue, la editorial Renacimiento, verdaderamente ejemplar en este y otros muchos aspectos de la cultura del libro, ha recuperado recientemente tres ensayos sobre la Guerra Civil española, inéditos en español, del republicano y militante socialista, Antonio Ramos Oliveira ( Zalamea la Real (Huelva), 1907-MéxicoDF, 1973): Controversia sobre España (traducción y notas de Manuela Escobar, prólogo de Ángel Viñas, Renacimiento, 20015), oportuna recuperación y llamada de atención justa y necesaria sobre una de las figuras intelectuales más valiosas de nuestra II República y de su nunca reivindicado como se merece exilio americano, otra deuda vergonzante de nuestra memoria histórica. De todos los grandes intelectuales republicanos olvidados del siglo XX, es indudable que Ramos Oliveira, se lleva la palma. Lo dice Ángel Viñas en su prólogo, después de comentar la no reimpresión en España de algunas de sus obras fundamentales: “Si cabe hablar de un intelectual republicano y socialista olvidado es él. Ignoro por qué”.

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Quizá la razón evidente de ese porqué esté implícita en una elemental pregunta: ¿qué tienen en común los republicanos españoles de II República y buena parte de los socialistas de los años treinta, cuarenta y cincuenta, con la actual izquierda española, completamente desnortada de sus orígenes, valores, convicciones e ideas fundamentales? Desde mi punto de vista, muy poco, más bien nada. En su La unidad nacional y los nacionalismos españoles (México, Grijalbo, 1970), Ramos Oliveira hizo uno de los análisis más lúcidos de los que conozco acerca de la siempre peliaguda cuestión territorial en España. Escribió frases lapidarias que, desde hace tiempo y, desde luego ahora mismo, escandalizan a la izquierda actual (exclúyase el populismo rampante y su demagogia, que es otra cosa) y, por supuesto, a sus propios conmilitones del PSOE, tan despistados, tan a la deriva, tan inanes. Por ejemplo: “La libertad de Cataluña no dependía de sus instituciones [el Estatuto de 1932, que protegería a Cataluña de la intromisión del poder central], sino del régimen general imperante en España” (p.115). O éstas otras dos, para no abrumar al lector: “No puede sorprendernos que todos los grandes valores humanos vascos vengan a ser valores españoles representativos”. (…) “Hasta las postrimerías del siglo XIX, el vasco concilió su amor local con la pasión por lo universal español” (pp. 123-124). “Importante factor moral -acaso decisivo- en la aparición del nacionalismo racista vascongado fue, a mi juicio, el resentimiento y por ello se asemejan en sus orígenes el nacionalismo vascongado y el nacionalismo racista alemán” (p.137). Y sobre la falacia nacionalista de España como Estado extranjero: “…como si el Estado Español no hubiera sido siempre el Estado de los vascos, que jamás constituyeron una unidad política y menos un Estado” (p.131).

Las susodichas citas, por escasas que sean, me parecen suficientes para reflexionar, si no para entender, las diferencias abismales que han ido separando a lo largo del siglo XX y lo que va del XXI a la izquierda republicana española de la actual que, a la vista está, ha trastocado de tal manera su ideología que, en cuestiones fundamentales, se ha colocado en los antípodas de aquellos hombres de la República, tan completamente olvidados, pese a que se les sigue invocando folklóricamente y con supina ignorancia. Baste recordar un aspecto troncal de la izquierda contemporánea, abandonado vilmente en la actualidad por sus representantes: el concepto de ciudadano y su igualdad de derechos y obligaciones en todo Estado democráticamente constituido, en toda República. La izquierda actual ni siquiera nombra la palabra “ciudadano”, hermosa y fundamental como pocas en la política posterior a la Revolución Francesa. Se lo impide lo políticamente correcto y su imposición de lenguaje analfabeto, perfecta dictadura totalitaria sin pistolas ni correas; mientras abraza con entusiasmo y peligrosa demagogia algo tan aberrante y tan profundamente injusto como la “asimetría” de territorios, autonomías, nacionalidades y personas, cuyos derechos se trocan en privilegios que nos devuelven al Ancien Régime.

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Cubierta de la obra de Ramos Oliveira.

Pero en el caso de Ramos Oliveira, genuino representante del intelectual republicano español, hay más que añadir. Quizá su olvido tenga mucho que ver también con su tono civilizado, con su elegancia para la polémica, con su firmeza y altura intelectuales, con la solidez de su argumentación; con su elevada cultura y sus firmes convicciones de independencia y razonamiento propios, con su amor a su país, España, que ahora le costaría risas e insultos, si no graves descalificaciones o agresiones: “Soy un escritor español que ama su país”, le escribe al Sr. H. A. Gwynne, ultra reaccionario director del muy conservador periódico británico Morning Post que, en los años de la Guerra Civil española, tomó partido por el bando rebelde franquista y cuyo epistolario da título al libro citado de Renacimiento. Ramos Oliveira, al servicio de la embajada española en Londres, con el embajador Pablo de Azcárate (“el embajador más brillante de la República”, según Ángel Viñas), muestra su calidad al británico ya desde el prefacio: “Todo lo que escribo, lo escribo como español independiente, profundamente herido en mi sensibilidad nacional por la campaña llevada a cabo en este país contra los representantes legítimos de España”.

Otro tono, otras mentes, otro tiempo, otros hombres, cuyo ejemplo deberíamos honrar leyendo sus obras, su Historia crítica de España y de la civilización española, su excelente Historia social y política de Alemania… Quizá su conocimiento nos impulse a comparar, a valorar su grandeza y rescatarlos del olvido.

(*) Agustín García Simón es escritor y editor.