Propaganda económica

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Paolo Vasile, consejero delegado de Mediaset, en una imagen de archivo. / Efe

Dice Paolo Vasile, consejero delegado de Mediaset, que “La Sexta es una cadena de propaganda política”. Y dice más: «La Sexta tiene afiliados». Y lo dice desde su despacho en Telecinco, mientras pide a las concursantes de Supervivientes que enseñen un poco más las tetas y a los protagonistas de Hombres, mujeres y viceversa que suden testosterona hasta convertir el plató en un burdel de carretera. El ejecutivo televisivo ha sentenciado con una frase para la historia de Telecinco: “Nuestra televisión no tiene como objetivo cambiar el secretario de un partido”.

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Telecinco tiene como objetivo ganar dinero, por supuesto. Y La Sexta, también. Lo que sucede es que para conseguir ese objetivo común, esa meta única del duopolio televisivo español, siguen senderos diferentes. Dos formas distintas de rentabilizar horas y horas de televisión de baja calidad, protagonizadas bien por famosetes de medio pelo (Belén Esteban, Mercedes Milá y compañía), o bien por periodistas y tertulianos de perfil rastrero (Eduardo Inda, Francisco Marhuenda y comparsas).

Podría parecer que se trata de enfoques opuestos, entretenimiento e información, ficción y periodismo, dentro de un mismo negocio, la televisión. Pero no es cierto. Es lo mismo. No resulta mucho más fraudulento, populachero y obsceno escuchar a Kiko Matamoros que a Eduardo Inda. Son showmans a sueldo de dos grandes empresas audiovisuales que hacen caja con los mismos mimbres: vocerío, ira, escándalo, teatrillo, manipulación, embrutecimiento… Telebasura.

Vasile no cuenta toda la verdad. Sugiere que La Sexta hace propaganda política, y que hasta pudiera tener como objetivo cambiar el secretario de un partido. Pero no dice que La Sexta forma parte de una empresa, Atresmedia, tan conservadora o más que Mediaset. Y que ambas se reparten los beneficios y la influencia política, por obra y gracia de una reforma del modelo televisivo en España que consistió, básicamente, en desmontar la televisión pública y dejar el negocio en manos de dos grandes grupos privados. Propaganda económica: «Vuestras son las televisiones, forraos sin decepcionarnos», dijeron desde Moncloa y los bancos.

Mediaset (Telecinco y Cuatro) y Atresmedia (Antena 3 y La Sexta) hacen propaganda política, por supuesto: en un mercado televisivo como el nuestro, con cuatro cadenas hermanas, no se puede confiar la audiencia solo a las tetas y la testosterona. Pero el deporte es carísimo, y los toros ya no gustan. La política espectáculo es una alternativa barata a los programas del corazón y la telerealidad. Y que nadie se preocupe por la propaganda, por una posible intromisión en la política, por el apoyo de la televisión a partidos emergentes, revolucionarios, antisistemas: mientras en La Sexta dedican diez minutos a Errejón, con Manuel Cobo y Pérez Henares como tertulianos, en Antena 3 emiten un especial sobre la falta de medicinas en Venezuela. Propaganda política, dice el consejero delegado de Mediaset en un intento por confundirnos, por alejarnos de la realidad, por fingir que el duopolio televisivo no es un defecto de nuestra democracia.

De una realidad que se mide en millones de euros: en 2015 Mediaset casi triplicó sus beneficios (166,2 millones de euros) y Atresmedia los duplicó (99,2 millones de euros). El color del dinero, el de los afiliados al partido de Vasile y compañía. Y mientras tanto, TVE acumula una deuda de más de 360 millones de euros.