Vivien Couzelas: «La policía francesa, preocupada por los atentados, olvidó a los 'hooligans'»

Matías Arráez *

Vivien Couzelas con su libro ‘En la cabeza de un hooligan‘. / Archivo personal de Couzelas

La preocupación del Gobierno francés por prevenir los atentados del terrorismo yihadista durante la Eurocopa de Fútbol, que arrancó el viernes pasado, ha llevado a los responsables policiales a olvidar lo esencial, las broncas de los hoolingans. Esa es la interpretación del periodista Vivien Couzelas, experto en violencia relacionada con el fútbol y autor de Dans la tête d’un hooligan (En la cabeza de un hooligan, Édition Du Volcan) de los enfrentamientos entre rusos e ingleses en Marsella, con un saldo de 35 heridos, dos británicos al borde de la muerte. La situación es tan seria que la UEFA ha amagado con suspender la participación de las dos selecciones si se repiten los incidentes. En esta entrevista con cuartopoder.es, Couzelas explica que para los hooligans la violencia es lo esencial. “A algunos ni siquiera les gusta el futbol”.

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¿Qué es el hooliganismo? ¿Cuál es la diferencia con los ultras?

— Son palabras muy ambiguas. Para el hooligan, la violencia es lo esencial, es su objetivo. Para practicarla buscan adversarios, hinchas de otros equipos y encuentran en el fútbol ese caldo de cultivo. A algunos les gusta el fútbol, a otros no. En los ultras hay muchas categorías y subcategorías. Los hay que vienen simplemente a animar a su equipo, que provocan enfrentamientos verbales con los contrarios y otros que se dejan arrastrar a la violencia por los cabecillas de turno de la manada, a veces, utilizando incluso conceptos ideológicos totalitarios. Pero ya digo que son términos muy ambiguos y difíciles de distinguir.

¿Podemos hablar de hooliganismo para los eventos ocurridos en Marsella? 

— Desde el momento en que hay premeditación, se puede hablar de hooliganismo. Algunos hooligans rusos han venido sólo para eso. La mayoría no ha ido al estadio a ver a su equipo. Acudían dispuestos a buscar y atacar enemigos. Hay que creer que, vistos los acontecimientos después del pitido final del partido, también otros acudieron únicamente a provocar violencia. Los ingleses no fueron unos santos tampoco. Pero por lo visto, la bronca partió de los rusos y encontró respuesta en los británicos. Además de eso, la población marsellesa se coló en los enfrentamientos de un lado y otro y, premeditadamente o no, envenenó el ambiente.

Al hilo del título de su libro «En la mente de un hooligan» (Edition Du Volcan), ¿quiénes son esos hooligans y qué les pasa por la cabeza?

— Son tíos de lo más normal, en apariencia. No hay que creer en el mito del tío súperfuerte. Además, son capaces de hablar de temas totalmente coherentes sobre el deporte o sobre cualquier asunto. Pero en su cabeza predomina la obsesión primaria y primitiva de pelearse, armar bronca. Ese objetivo principal viene estimulado por la exaltación de algún símbolo en un ambiente gregario en un momento determinado.

Hoy se señala como culpable el alcohol. ¿La bebida ha tenido un papel en los enfrentamientos?

— El caso de Inglaterra-Rusia es muy interesante. Los ingleses tienen una cultura de la fiesta y del alcohol antes de los partidos. Los rusos que vinieron para pelearse no habían bebido ni una gota de alcohol. Prohibir el alcohol en los alrededores de los campos quizá no es la solución. Es verdad que el alcohol y la hora no ayudaron. Pero no podemos considerar que la bebida fue el gancho.

Se preparó un gran dispositivo de seguridad, se hablaba mucho del riesgo terrorista, pero, ¿Francia estaba lista para el riesgo hooligan?

«Las fuerzas de
seguridad no
estaban
preparadas»

— Es un contraste catastrófico que hacemos hoy. El Gobierno estaba tan preocupado por los atentados que olvidamos un riesgo esencial. Las fuerzas de seguridad no estaban preparadas. Estuvieron abrumadas por los enfrentamientos con la población local y de los hinchas entre sí. Hubo incumplimientos. Todo el año durante el campeonato francés cuando hay un partido arriesgado se prohíbe que viajen los hinchas. La policía no podía estar preparada para contener a unos hinchas sobreexcitados.

¿Las zonas de fans eran buena o mala idea?

— Era una buena idea. Era una invitación a hacer la fiesta. Hay que ser ingenuo para creer que los hooligans iban a quedar allí para pelearse. Están llenas y hay un muy buen ambiente.

¿El hooliganismo es un fenómeno que va a crecer?

— No creo. Este tipo de eventos internacionales son como un escaparate para los hooligans. Es el momento de enseñar cuál es el país más “fuerte”. En Francia, en Inglaterra y en Alemania está muy apagado. En Rusia, el hooliganismo está muy mal visto. No pienso que el fenómeno aumente. Siempre habrá uno o dos casos aislados que asignaremos a su renacimiento.

¿Hay países más expuestos?

— Sí, hay países más expuestos, por ejemplo, Brasil. En Rusia y en Ucrania, al contrario de lo que pudiera pensar, se han tomado medidas muy importantes. En Brasil, uno de los mayores problemas es la banalización del permiso de armas. En estos países el precio de una vida no vale gran cosa. Te pegan un disparo en la cabeza y como si nada. En el ámbito del fútbol hay muchos muertos en Brasil.

Algunos detenidos eran franceses. ¿Tenemos que temer un renacimiento del hooliganismo en Francia y Europa?

— Es difícil saber si estas personas eran hooligans o no. No podemos considerar que hay un nacimiento o un renacimiento. En Francia, la represión y el aumento del precio de las entradas, como en Inglaterra, hace imposible la vuelta de los hooligans.

Euronews (en español)
(*) Matías Arráez es periodista.