El trile y su disco duro

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Miguel_Sánchez_OstizEl fiscal de Madrid coadyuva con el PP en el procedimiento abierto contra este partido por el borrado de los ordenadores y pide que se archiven las actuaciones de la jueza Rosa Freire. ¿Ganamos algo con decir que era de esperar? No, no lo creo, pero no por eso deja de ser llamativo que la Fiscalía pida que se retire la acusación contra el Partido Popular en el caso del borrado de los ordenadores de Luis Bárcenas, habida cuenta de la cada vez mayor identidad política entre las instituciones del Estado y el Gobierno del régimen instaurado por el Partido Popular.

La Fiscalía asegura que no se ha probado que se haya cometido un delito. El PP, por su parte, también ha presentado un recurso asegurando que «no existía información en los discos». ¿Que los discos no contenían información? Por eso, por no contener información los borraron 35 veces 35, no una ni dos, 35 y hasta su total destrucción. ¿Por si acaso entonces? ¿Porque podrían tener información que probaba las actuaciones delictivas de toda la cúpula del partido alrededor de su caja B o completo abecedario?

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Es fácil afirmar que no había información cuando están borrados –la cuestión de la mala fe de la argumentación es aparte– pero eso no explica la intención y el motivo del borrado, que no pueden ser otros que hacer desaparecer las pruebas concluyentes o los sólidos indicios de que, de una forma u otra Bárcenas atesoraba, además de una fortuna en metálico, otra en información y documentos probatorios en contra de sus patrones de la que poder ir tirando a medida que se desarrollaran los acontecimientos, y el deportivo «¡Aguanta Luis!», muy propio de un lector de Marca como Rajoy, fuera a menos en etapas de montaña quebrada, que las ha habido y las hay.

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Hay indicios suficientes para afirmar que en esos discos duros se encontraba bien doblada la famosa manta de la que amenazó con tirar Bárcenas, la manta que le compraba Mario Conde a Perote, la manta que nos asfixia a todos, la de ese Estado paralelo y oscuro sobre el que patinamos.

Ahora, el Partido Popular y sus secuaces acuden en busca de amparo a las garantías del Estado de Derecho que ellos están lejos de otorgar en muchas otras circunstancias al resto de los ciudadanos, a juzgar por lo visto, vivido y padecido en los últimos años, empezando por el abuso de las tasas judiciales que dejaron en la práctica indefensión judicial a los sectores sociales más desfavorecidos y siguiendo con convertir asuntos judiciales de orden público y asimilados en actuaciones administrativas propias de una dictadura.

Lamentablemente, el borrado de los discos duros deja en el aire la posibilidad de obtener de una vez pruebas determinantes de todas las trapacerías cometidas por el Partido Popular, desde el lavado de dinero negro a las comisiones cobradas o pagadas en un tejemaneje de favores debidos y al pago fraudulento de campañas electorales, hechos todos por los que el partido ha sido acusado de manera reiterada hasta el día de hoy sin verdaderas consecuencias. Es como si hubiesen robado la bolita o el cubilete, o el mismísimo cajón de cartón sobre el que armar la timba, porque esto es una timba nacional en la que no hay otro perdedor que la ciudadanía, que contar, lo que se dice contar, no cuenta para gran cosa. Entre golfos anda el juego. No en vano, la pintoresca Celia Villalobos, para quien está visto que la vida pública de la nación es un juego de Candy Crush, acusa a la jueza instructora de actuar movida por «tener un primo de Izquierda Unida»... una argumentación jurídica digna de Jiménez de Asúa o del despacho de alguno de los Garrigues.

Algo tienen los ordenadores para que en el caso del robo del ordenador del fiscal de Murcia que persigue casos de corrupción del partido en el Gobierno, la policía ande buscando «a ladrones cercanos al PP», hilarante expresión que da si no con los autores materiales, sí en la diana de un clima algo más que político.

Con ser de verdad grave todo lo que sucede con el partido en el Gobierno, algo o mucho tiene de esperpento bufo toda esta historia y eso es lo malo, que en el fondo del cuadro aparecen bailando las máscaras descangalladas de José Gutiérrez-Solana, como si esto no fuera otra cosa que una siniestra carnavalada en la que no importa nada que buena parte de la ciudadanía quede baldada, desasistida y se vea impotente ante la flagrante descomposición de un Estado de Derecho que debería protegernos de manera eficaz a todos.

(*) Miguel Sánchez-Ostiz es escritor y autor del blog Vivir de buena gana. Su última obra publicada es El Botín (Pamiela, 2015).
2 Comments
  1. Kaleidoscope says

    Es cierto y el último párrafo describe muy bien la situación. Pero, aunque no lo parezca todo es muy real, nos está pasando y lo estamos sufriendo.
    Aun asi el Régimen no se conforma y quiere más de lo mismo, con la misma receta y los mismos doctores.
    El cáncer se ha ido estendiendo con intensidad pudriendo todos los órganos y el cuerpo enfermo agoniza, pero el Régimen ha decidido morir matando y en esas estamos.
    ¿Hasta cuándo?, pues depende de cualquiera de los muchísimos y gravísimos problemas abiertos, pero sin duda tiene la pinta de que no va a acabar nada bien… como siempre para la mayoría.

  2. juanjo says

    la destrucción de los discos duros del Bárcenas, es decir del Rajoy

    …. los sobres en B.

    Las obras de la sede de Génova también en dinero negro
    .. El despido en diferido al propio Bárcenas
    ,, Lo de vamos a hacer en España lo mismo que tú en Baleares al Jaume Matas
    (Y lo intentaron)
    …… La repugnante protección a la Rita
    ….
    En fin. No se le puede votar. Aunque lleguemos a 20 elecciones no se le puede votar-

    y si no es por ladrón
    ,,,
    que sea por idiota y badanas.
    ….. Porque si no se enteraba,
    .aún es peor.

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