La banca europea sigue zombi, a pesar de los test de estrés

Alejandro_InurrietaLa dinámica oscura y poco transparente de la UE sigue avanzando en la línea de hacer creer a los ciudadanos y a los mercados en la solvencia del sistema financiero, incluso ante una situación de turbulencias financieras supuestamente severas. Para ello utiliza a la EBA, Autoridad Bancaria Europea, para tratar de convencer a través de un ejercicio preparado y ad hoc de simulación para transmitir una sensación de solvencia que, lamentablemente, no es tal.

La primera trampa en el solitario es que no se hace un ejercicio global de qué bancos son examinados. Esto se parece al ejercicio de clasismo y cierto racismo económico que hacen muchos colegios concertados en España a la hora de hacer las pruebas de evaluación del Informe Pisa. Sólo se examinan los que supuestamente son los mejores alumnos y al resto se les dice que ese día no vengan a clase por si bajan la media. Este ejercicio es particularmente significativo en el caso de Alemania que ni permite que se analicen un buen número de bancos regionales, la mayoría públicos, cuya situación de solvencia deja mucho que desear. En España ha pasado un poco lo mismo, sólo se examinan los principales bancos y, sorprendentemente, el mejor parado resulta ser el banco intervenido, Bankia, cuyas inyecciones de capital seguimos pagando todos los contribuyentes.

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Al margen de la elección de la muestra, que claramente está construida así para que el resultado sea que la gran mayoría presenta una sólida posición de capitalización regulatoria, también es sintomático que el Banco Popular aprobó el examen y ha tenido que ampliar capital para poder alcanzar las cifras exigidas. Este sesgo de selección invalida la comparación con el 2014, ya que entonces se analizaron 124 entidades y ahora solo 51, es verdad que el equivalente al 70% del total del sistema financiero europeo. En las colas se han dejado todos aquellos bancos más pequeños, cuyos problemas de solvencia son realmente notables, aunque aparentemente no presentan un riesgo sistémico preocupante. Esta purga se nota en que apenas dos entidades que suspendieron en 2014 han entrado en este examen, lo que demostraría que se quería presentar un resultado ficticio positivo para tratar de alegrar el apetito inversor en bolsa de estas entidades, muy dañadas tras el Brexit, pero también tras la publicación de estos resultados engañosos y trucados. Esto se ha traducido en que la capitalización bursátil de muchos bancos se ha desplomado, aunque eso no signifique que su capital regulatorio haya disminuido en proporción, como argumenta algún economista muy afamado.

Siendo la solvencia un aspecto crucial, lo que está minando a la banca es la falta de ingresos y rentabilidad. La tendencia del negocio tradicional de la banca se acaba ya que, con tipos negativos o cero, la posibilidad de generar margen de intermediación resulta cuanto menos complicado. Si a ello unimos que la demanda de crédito solvente está bajo mínimos, nos encontramos que la banca tendrá muy difícil mantener los niveles de solvencia exigidos, porque parte de este capital lo consumirá las provisiones para insolvencias. El otro gran agujero está en el volumen de capital invertido en activos tóxicos, básicamente el inmobiliario. La morosidad real de este subsegmento se acerca al 25% y no al 8% como las cifras oficiales aparecen, por ejemplo, en España. Esto es así, porque las propias autoridades de supervisión permiten una contabilización de dudosa eficacia, ya que, si se obligasen a contabilizar a precio de mercado, el volumen de provisión se comería gran parte del capital regulatorio. Esto es sangrante, por ejemplo, en el caso de la Sareb en España. Esta entidad semipública pagó a la banca por su basura inmobiliaria un precio superior a su valor real y encima con deuda que está ahogando la cuenta de resultados y que finalmente tendrá que ampliar capital. Esta permisividad por parte del regulador, y de facto una subvención encubierta a la banca por su mala gestión, está deteriorando el capital y poniendo de manifiesto que la valoración y la morosidad de los activos inmobiliarios, en un contexto en el que apenas hay mercado, conlleva un riesgo enorme para las entidades.

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Otros factores que invalidan los test de estrés es que se han reducido las exigencias en un momento muy delicado, como reducir el umbral de core capital al 5,5%, básicamente para que aprueben prácticamente todos. Tampoco se consideran activos con riesgo, una vez más, la deuda pública en manos de las entidades bancarias, lo que no es de recibo, especialmente en el caso de los tenedores de deuda española, portuguesa o griega, e incluso italiana.

En suma, la banca europea atraviesa una coyuntura realmente complicada, sin apenas negocio tradicional, con balances trufados de activos tóxicos mal valorados y peor contabilizados y con una permisividad y connivencia de los reguladores bancarios y bursátiles que raya lo delictivo. Sin transparencia alguna, la banca más problemática, como parte de la alemana o española, no ha sido examinada y por tanto los resultados no han satisfecho a nadie, salvo a algunos analistas económicos y bursátiles que por contrato no pueden criticar a la banca. Realmente estamos ante una situación cuyas consecuencias son impredecibles, pero si sirve de señal, el momentum de la Sareb en España hemos engañado, una vez, más al consumidor y al inversor incauto que pensaba que comprar acciones de entidades bancarias era lo más seguro. Algún día los que recomiendan la compra de estos activos deberían pasar una auditoría.

Con la coyuntura macroeconómica en Europa da mucho miedo una nueva caída de la actividad como la que se avecina, tras el espejismo de la expansión fiscal y las compras de basura financiera por parte del BCE. Los tipos negativos solo pondrán un mayor peligro a unas entidades financieras, que siguen zombis por mor del sector inmobiliario que lo ha infectado todo y que algunos quieren resucitar. Qué peligro tiene la falta de formación y los intereses creados en el sector financiero.

(*) Alejandro Inurrieta es economista y director de Inurrieta Consultoría Integral.

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