Pensar en España

Miguel_Sánchez_OstizEs la frase del día, pero no de todos los españoles, tan solo de los que aspiran a formar un gobierno continuista con el máximo de apoyos o con los menos obstáculos posibles: Rajoy, Rivera y su tropa. Se conminan a hacerlo, pero en un solo sentido, en el suyo. Los demás no pensamos en España, los demás pensamos en su destrucción, en reducirla a la pobreza –el cinismo de esta gente es encaje de bolillos–. Pensar en España significa formar un gobierno que siga ejerciendo el poder como hasta ahora, utilizando el temible aparato legal ya instaurado. Lo de gobernar con buen sentido no va con ellos. Voz de sacrificio la suya que encubre la trapacería política, mera retórica convertida en exigencia moral. Solo que me resulta imposible no maliciar que cuando hablan de "pensar en España" en realidad lo hacen de su cuenta corriente y de la de los suyos, su verdadera patria. ¿Zafio? Mucho, pero menos que sus puestas en escena y consiguientes arengas cuarteleras y casposas.

Pensar en España... Me lo creería si hubiese oído, siquiera de lejos, hablar de la cifra imparable y silenciada de desahucios, de la precariedad laboral que a nadie conmueve, de los excluidos sociales, de la deuda pública encubierta y maquillada de mejoras de clase, del empobrecimiento sistemático de una parte importante de la población, del desmantelamiento del sistema sanitario, del hundimiento de la educación, de la represión y amordazamiento de reclamaciones justas, de las políticas internacionales, si tal cosa es posible llamar a lo que practica el gobierno del PP, del TTIP y de otras dejaciones de la soberanía nacional, de la actitud ante los refugiados, los del Este y los del Sur, de los CIES, de la patraña asumida y extendida como forma no ya de gobernar,  sino de vida social, del control de los medios de comunicación, del saqueo del fondo de pensiones, del acceso a la justicia, de la necesaria reforma de la Constitución y de una remodelación del modelo de Estado, de la política opaca de Defensa, del enriquecimiento indecoroso de la clase política y de los que medran a su sombra, del auge de las mafias y del narcotráfico... Porque esto es España ahora mismo, les guste o no a Rajoy y a Rivera, los patriotas a los que tanto les preocupa España, por la que están dispuestos a hacer no sé qué sacrificios metafísicos porque de los otros, los que pueden tocar su bolsillo o su estatus social, de esos nada, todo queda en un terreno ideal de aparato y poca cosa, vaguedades como mucho, las mismas que yo por fuerza utilizo y que de inmediato reciben la acusación de demagogia. Aquí todo lo que les estropea el paisaje lo es, y populismo, derrotismo y falta de patriotismo de paso.

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Del "pensar en España" al unamuniano "me duele España", que cada cual utiliza como le conviene, no hay más que un paso. De un país en descomposición hablaba Unamuno, de un rutilante yate marbellí parecen hablar estos tribunos. Nos puede la pamema y la bandería. Solo que nuestro lector oficial de Marca no creo que haya leído a Unamuno, al menos en su juventud, en el tiempo de sus bochornosos escritos racistas; luego, tampoco, pero gallea por España y el bien de los españoles, sandez esta que nadie le echa ya en cara, acostumbrados como estamos al humo como ingrediente político inevitable.

La democracia es suya, la libertad también, la Constitución lo mismo y ahora toca apropiarse de España –con el ineludible media España ocupaba España entera, de Gil de Biedma, el país de todos los demonios–, porque de esta tienen una idea patrimonial como si fuera su cortijo, y visionaria que induce a la cruzada: o ellos o el caos. España ni roja ni rota. España, cañí y taurina, a ritmo de Las Corsarias. Quien no esté con ellos pensando en su España es la Anti-España, idea venenosa que ha salido de cuando en cuando al escenario. No hay que asustarse, es algo que viene de lejos, y que parece irredimible. Españoles de primera y de segunda, de buenos y de malos, de buena y mala raza (Rajoy bailando un chotis con el coronel Vallejo Nájera), de los que quieren ser salvados y de los derrotistas que rechazan la salvación que generosa les ofrece la clase dirigente... E la nave va, nadie sabe ya cómo, si  dando peligrosos bandazos en una imparable marejada o girando sobre sí misma en un puerto de aguas muertas.

(*) Miguel Sánchez-Ostiz es escritor y autor del blog Vivir de buena gana. Su última obra publicada es El Botín (Pamiela, 2015).