Los Bardem entre pingüinos

Carlos Bardem en la Antártida
Carlos Bardem en la Antártida, junto al barco de Greenpeace, organización con la que colabora como embajador. / Nick Cobbing (Greenpeace España)

La Antártida es uno de esos lugares que no sólo no parecen reales sino que empezaron siendo un sueño. De hecho, su denominación de origen (Ant-Arktos) fue una hipótesis de los griegos que imaginaron que, del mismo modo que existía una gran tierra helada en el norte, tenía que existir una gran tierra helada al sur. De esta fantasía simétrica nació la Terra Australis Incognita de los geógrafos medievales, ese país de frío y nieve que ya había avizorado el fabuloso poeta anónimo que escribió el Libro de Job:

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¿De qué vientre sale el hielo?
Y la escarcha del cielo, ¿quién la da a luz
cuando las aguas se endurecen como piedra
y la superficie del océano se congela?

El océano austral que baña la Antártida es seis veces más productivo biológicamente que el resto de los mares terrestres juntos

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Mientras el polo norte oculta un océano cubierto de una capa permanente de hielo -actualmente deshaciéndose en cubitos-, su hermano del otro extremo del mundo es un continente sumergido bajo la mayor masa de hielo de la Tierra. Una superficie de 14 millones de kilómetros cuadrados que en algunos lugares supera los cuatro kilómetros y medio de espesor, y que no sólo acumula el 90 por ciento del hielo existente del mundo sino que además supone casi el 70 por ciento de sus reservas de agua dulce. A pesar de que en la enorme meseta polar las precipitaciones son sólo levemente superiores a las del Sahara y de que en la costa antártica apenas hay nada más que focas, cormoranes y pingüinos, se da la paradoja de que el océano austral es seis veces más productivo biológicamente que el resto de los mares terrestres juntos. Haciendo equilibrios sobre el krill, en una fabulosa pirámide invertida, se sustenta una formidable cadena alimenticia que alimenta a millones de peces y aves marinas y que desemboca en el espectáculo inigualable de cachalotes y ballenas.

Aparte de la riqueza única de su fauna y de su flora, la Antártida es una pieza fundamental en el equilibrio térmico del planeta, ya que determina a largo plazo la circulación oceánica y atmosférica e influye en incontables ecosistemas marinos y terrestres. De modo que las campañas para salvaguardar al continente blanco de la destrucción medioambiental no son únicamente un capricho de los ecologistas. No se trata sólo de proteger un paraje natural único sino de preservar un organismo esencial para la vida.

La Antártida
Mapa de 1912 de la Antártida. / Wikipedia

Greenpeace ha lanzado una campaña para reclamar la creación de la mayor área natural protegida de la tierra, el Santuario del Océano Antártico

Por eso es tan importante una campaña como la que ha lanzado Greenpeace para reclamar la creación de la mayor área natural protegida de la tierra, el Santuario del Océano Antártico, que englobaría 1,8 millones de kilómetros cuadrados, tres veces la superficie de España. La organización ecologista ya promovió en 1991 el Protocolo de Madrid, un tratado firmado por 37 países y por el cual se prohibe la prospección y explotación de los recursos naturales de la Antártida. Entre los rostros que han abanderado esta nueva campaña, los hermanos Bardem y el productor y director Alvaro Longoria se han sumado a una expedición científica que parte de Punta Arenas en el buque de Greenpeace Arctic Sunrise para ir narrando sus aventuras a través de las redes sociales. “Es hora de que los gobiernos de todo el mundo protejan nuestras aguas, empezando por las del Océano Antártico” ha dicho Carlos Bardem, el mayor de los dos hermanos. “No hay plan B porque no hay planeta B, es el momento de lograrlo”.

Los Bardem están regalando su tiempo y su fama para apadrinar una causa magnífica, como hicieron en su día con su apoyo al pueblo saharaui

Como en este país nunca faltan críticos, ya han salido las primeras voces discrepantes que acusan a los Bardem de embarcarse en un viaje de placer para hacerse publicidad gratuita. Como si la operación no fuese justamente la contraria y como si ambos hermanos, embarcados actualmente en un montón de proyectos cinematográficos y televisivos, no estuviesen regalando su tiempo y su fama para apadrinar una causa magnífica, como hicieron en su día con su apoyo al pueblo saharaui. Son las mismas críticas imbéciles que se escuchan en cuanto una celebridad de Hollywood, sea Angeline Jolie o John Travolta, derrocha su carisma en un poblado africano o en un terremoto en Haití en lugar de dedicarse a posar en restaurantes de lujo y hoteles de cinco estrellas.

Carlos Bardem ya colaboró en su día con una campaña similar para defender el Ártico, pero este viaje sí será la primera vez para Javier Bardem, que no sólo va a conocer el hielo, que diría Aureliano Buendía, sino a contemplar en su hábitat natural a su animal favorito, el pingüino. Y muy especialmente, el pingüino emperador, de quien Apsley Cherry-Garrard escribió en El peor viaje del mundo que no podía imaginar a otra criatura capaz de pasarlo peor sólo para poner un huevo. Esperemos que los Bardem, Alvaro Longoria y los marinos y científicos que los acompañan encuentren algo más que lo que sugería Cherry-Garrard al final de su aventura:

“Si hace usted su correspondiente viaje de invierno, obtendrá su recompensa, siempre y cuando lo único que desee sea un huevo de pingüino”.