En el patio del Congreso, hay un charco y no ha llovido

  • Las derechas y ultraderechas montan el lío por la presencia de los presos políticos catalanes

Expectación en el Congreso de los Diputados. Desde primera hora de la mañana, trajín. La pompa que encubre los días históricos. El listón de día histórico ha bajado conforme la política se convierte en una sucesión de acontecimientos cada vez más inestable e imprevisible por la aparición de nuevas fuerzas políticas que hacen de las mayorías algo contingente, rompiendo con los cimientos bipartidistas, y por las tensiones sociales y territoriales que transcurren durante los últimos años. Día histórico será el día que no pase nada, para desesperación de las cadenas televisivas y del Twitter. Todo volátil, la última legislatura buena muestra de ello. Comienza la XIII legislatura con un reto: ser más tranquila que la anterior.

La sesión constitutiva estaba programada a las 10 de la mañana. Antes de las 9, la cola de periodistas para acreditarse desborda el hall de entrada de la Cámara Baja, se asoma a Cedaceros y llega hasta Zorrilla, calles adyacentes. Muchos profesionales de los medios llegan tarde a los corrillos en los pasillos. Algunos diputados, desde primerísima hora, han tomado el Hemiciclo para reservarse un escaño donde pasar la jornada, entre votación y votación. El líder ultraderechista, Santiago Abascal, ha llegado de los primeros. La España que madruga.

Un ir y venir de seguratas y guardaespaldas que, a pesar de camuflarse de paisano, no logran disimular el contorneo de puerta de discoteca. El helicóptero sobrevuela el centro de la capital, miradas arriba en el patio del Congreso. Paseíllo de secundarios, pues hoy, spoiler, los protagonistas se sabían de antemano: los presos políticos catalanes, Meritxell Batet, la ultraderecha que regresaba a la sede de la democracia española. Los boquetes de los disparos del golpista Tejero observan desde el techo, impertérritos.

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Spoiler: los cigarros en el patio del Congreso se pasan comentando el final de Juego de Tronos. Estampidas repentinas de quien no quiere escuchar el destino de los caminantes blancos, Jon Snow y compañía. Llega Aitor Esteban el sagaz parlamentario del PNV, a la hora del desayuno y hace declaraciones. Habla de los presos políticos catalanes a los que les desea que puedan ejercer sus derechos y deberes como diputados y recuerda, desde el patio: “Las sesiones constitutivas son siempre como el patio de mi casa, que es particular”.

Desde la tribuna, en el segundo piso del Hemiciclo, observan la jugada los invitados. Oriol Junqueras se levanta del escaño rumbo a la urna, para depositar el voto en la urna, para escoger la Mesa del Congreso. El president del Parlament, Roger Torrent y el vicepresident de la Generalitat, Pere Aragonès, no pierden detalle. Junqueras saluda a los miembros del Gobierno en funciones. Departe unos minutos con Josep Borrell, con quien tantas discusiones sobre el conflicto catalán ha mantenido. Josep Rull, Jordi Turull y Jordi Sànchez también han conseguido la fotografía saludando a los integrantes del Ejecutivo. Saludos de cortesía. Miguel Ángel Revilla, presidente de Cantabria, en la misma tribuna que las autoridades catalanas.

Y eso, lo de los presos políticos, a las derechas y ultraderechas de PP, Ciudadanos y Vox no les ha gustado. Como una ofensa han considerado la decisión del Tribunal Supremo de autorizar a los presos a que asistan a la constitución de las Cortes como el resto de diputados electos. Y raudos, para aprovechar las últimas jornadas de la campaña electoral del 26-M, se disponen a hacer ruido, por si se arañasen algunos votos. Todavía la caverna puede tensar la cuerda contra el independentismo. Hasta el domingo, hay tiempo, jornada de reflexión incluida.

“Es una anomalía legal, constitucional y parlamentaria que los presos golpistas estén en el Parlamento. Vamos a solicitar que la Mesa del Congreso les suspenda de inmediato, sobre la base del Reglamento y de la Ley de Enjuiciamiento Criminal”, declaraba por la mañana el líder de la oposición, el popular Pablo Casado, en Radio Nacional.

“Es una ofensa al pueblo español que ocupen un escaño y cobren un sueldo público quienes están procesados por dar un golpe a nuestra democracia. La Mesa debe actuar de inmediato, aceptar el escrito de Ciudadanos y suspender automáticamente a los presos”, anunciaba Albert Rivera, en redes sociales. “Hemos reclamado la suspensión inmediata de los golpistas electos y lamentado que no haya mecanismos legales para haber evitado este bochorno”, hacía lo propio Vox.

“Desde el compromiso republicano, como preso político y por imperativo legal, sí prometo”, ha prometido lealtad a la Constitución Junqueras. “Prometo por impertativo legal con lealtad al mandato democrático del 1 de octubre y al pueblo de Catalunya”, han hecho lo propio los diputados de JxCat. “Por la democracia y la república, prometo”, han recitado los diputados de IU, integrados en Unidas Podemos. «Por la democracia y por los derechos sociales», han prometido los de Podemos, Iglesias ha añadido un «y por España».

Bochorno, la decisión del Tribunal Supremo, según Vox. Bochorno cuando señorías electas acataban la Constitución usando plurales y diferentes fórmulas. Ruido de las derechas y ultraderechas. Un patio del colegio. En el patio del Congreso, hay un charco y no ha llovido, son las lágrimas de las derechas porque los presos han venido.