ESTUDIO OFICIAL

Los menores testigos de la violencia de género tienen más riesgo de vivirla en la pareja

  • Aún así la mayoría de estos menores no ejerce ni sufre la violencia en sus propias relaciones
  • El estudio concluye que “la principal condición que incrementa el riesgo" es la "continuidad del contacto con el maltratador”
  • Casi uno de cada cuatro de los adolescentes encuestados (un 24,7%) ha estado expuesto a algún tipo de violencia de género contra sus madres

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Los hijos e hijas de madres que son víctimas de la violencia machista tienen más riesgo de vivirla en sus parejas desde la adolescencia. Es más probable que los chicos sean agresores y las chicas víctimas en sus relaciones que otros menores ajenos al maltrato. Aún así la mayoría de estos adolescentes no ejercen ni sufren la violencia de género en sus propias relaciones, a pesar de lo vivido. Esto indica que la reproducción de la violencia de una generación a otra “no es automática ni inevitable”, que se origina por un daño contra la madre que “la intervención con estos menores debe ayudar a curar”.

Las conclusiones pertenecen al estudio Menores y violencia de género presentado este jueves por la Delegación del Gobierno Contra la Violencia de Género junto a la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense de Madrid. En la investigación han participado también el Ministerio de Educación y Formación Profesional, 16 Comunidades Autónomas, Ceuta y Melilla. Para elaborarlo se han realizado entrevistas a 10.465 menores, de 14 a 18 años, de 304 centros educativos de Educación Secundaria de España, un total de 3.045 docentes y 227 equipos directivos.

El estudio contempla tres grupos mixtos de menores: uno cuyas madres no han sufrido violencia de género, otro con progenitoras víctimas de violencia de gravedad media y un tercero con testigos de violencia grave. Un 32,9% del tercer grupo y un 23,8% del segundo se convierten también en víctimas en sus relaciones de pareja. Las víctimas menores que no han vivido este problema en su hogar representan un porcentaje más bajo, un 11,8%. Además, la exposición de las chicas a la máxima violencia machista contra la madre multiplica casi por 3 (un 2,7) el riesgo de que sufran abuso sexual durante la infancia y la adolescencia.

En el caso de los chicos, un 35% de los hijos de mujeres víctimas de malos tratos graves los reproduce contra sus parejas y este porcentaje baja a un 31,7% en los casos de violencia menos grave. Quienes no han tenido madres en esta situación también pueden ejercer la violencia machista contra sus parejas, aunque la cifra vuelve a ser más baja: un 13,9% de los encuestados de este grupo son agresores en sus relaciones.

Es importante que los datos se lean también al revés. Una amplia mayoría de los menores y las menores que han sufrido la violencia machista contra sus madres en sus hogares no vuelven a reproducirla. En la presentación del estudio, la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género, Victoria Rosell, ha insistido en no revictimizar a los y las menores que han estado expuestos a la violencia machista, ya que tal y como muestra el estudio, “una gran mayoría de las chicas que han estado expuestas a la violencia de género no la han sufrido después en las relaciones de pareja y la mayoría de chicos no la reproducen”. Esa idea de esperanza ha sido subrayada por la directora del estudio, María José Díaz-Aguado: “La inmensa mayoría de menores salen de la violencia de género”.

La investigación trata también de conocer las características que ayudan a romper el ciclo de la violencia de género. El estudio identifica tres problemas más frecuentes en los menores que han vivido la violencia de género contra su madre y especialmente en quienes replican esta violencia: la mentalidad que conduce a la violencia de género -opiniones sexistas, la violencia como forma de solucionar conflictos...-; el estrés de rol de género sexista -tendencia a sentir ansiedad cuando no se pueden cumplir los rígidos estereotipos sexistas-; y también han escuchado con frecuencia en su entorno consejos a favor de la violencia y del dominio masculino. Por eso es necesario, “modificar el entorno” de estos menores para que puedan aprender “los consejos alternativos a favor de la igualdad y la no-violencia”, se indica.

En este sentido, el estudio llega a una conclusión clara: “La principal condición que incrementa el riesgo" de que los menores reproduzcan o sufran la violencia que han vivido en casa es "la continuidad del contacto con el maltratador”, mientras que en el sentido contrario el contacto con la madre conlleva “protección”. A pesar de la conclusión de este estudio y de otras investigaciones, así como los avances en materia de protección jurídica a los menores hijos de las víctimas de violencia de género, la justicia sigue considerando en muchos casos que un padre condenado por maltrato tiene derecho a recibir las visitas de sus hijos.

Casi 1 de cada 4 menores ha estado expuesto a la violencia machista contra sus madres

El estudio da la cifra global de que casi 1 de cada cuatro de los adolescentes encuestados (un 24,7%) ha estado expuesto a algún tipo de violencia de género contra sus madres. El estudio tipifica 12 situaciones, desde el insulto hasta la agresión física. Lo más frecuente es la violencia psicológica, como insultar o hacer sentir miedo; mientras que el 7,1% ha tenido conocimiento de agresiones físicas. En el 70% de los casos, el maltrato ha sido realizado solo por su padre, en el 24,6% solo por otro hombre y en el 5,4% por el padre y por otro hombre. Tres de cada cuatro menores expuestos a esta violencia han vivido también maltrato directo por parte del maltratador.

Por otro lado, estar expuestos a la violencia de género no lleva a los menores necesariamente a un peor desarrollo. El estudio refleja que las chicas muestran mayor sensibilidad para reconocer la violencia de género que sufren las madres y a los chicos les resulta más difícil.

La importancia de la prevención en el aula

El estudio presentado esta semana también concluye que el trabajo de prevención contra la violencia machista realizado en la escuela reduce el riesgo de que las chicas vuelvan a vivir la violencia de género que sufrieron sus madres. El 46,8% de menores encuestados recuerdan haber trabajado contra la violencia de género en el aula. La prevención no es por tanto suficiente por sí sola para paliar el problema, pero debe ser una herramienta más para combatir esta lacra. Tan solo el 4,6% del profesorado y el 1,3% de equipos directivos consideran que no es necesario tratar el problema de la violencia de género en la escuela. Acorde a estas conclusiones, Rosell ha destacado la importancia de promover “la educación sexual y afectiva para prevenir la violencia de género y la violencia sexual”.

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