La maldición de la mirada corta

  • "Habrá Pacto de Recuperación económica tras la superación de la pandemia, pero no se llamará de La Moncloa"
  • "Todos los partidos se miran de reojo pensando en las elecciones vascas, gallegas y catalanas que vendrá inmediatamente después"

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Los nuevos Pactos de La Moncloa que Pedro Sánchez quiere empezar a negociar esta semana son imposibles porque todos los partidos, en lugar de afrontar unidos la crisis del coronavirus, volcando la mirada en la solución de sus demoledores efectos –aunque, obligados por las circunstancias, la combaten cada uno por su cuenta-, se vigilan de reojo pensando en las elecciones catalanas, vascas y gallegas que le seguirán de inmediato. Unas elecciones en las que todos sus líderes se la juegan en gran medida.

Es la maldición de la mirada corta por el rabillo del ojo, tan dañina en España sin distinción de territorios. Unos más que otros, también es verdad –y algunos con un juego sucio imperdonable como las campañas de fake news que generan alarmismo-, están siempre desperdiciando el conjunto panorámico. Todos centran demasiado la atención en el rabillo del ojo por el que contemplan, como en una carrera ciclista, quién anda mejor para subir las rampas y a quién beneficiarán o perjudicarán los tirones en la escalada final.

Parecen jugadas maestras. Pero sólo lo son para quienes únicamente piensan en el rédito electoral. Y ni siquiera. Codazos en los sprints, golpes bajos o rozaduras con los guantes en las esquinas del cuadrilátero, entradas en plancha o tocar los huevos antes de sacar un córner… Lo que haga falta. Y lo peor: los hooligans celebran la gracia aunque resulte salvaje.

Las elecciones vascas y las gallegas están suspendidas y las catalanas colgando no sé si de un hilo o de una soga, visto lo visto. Y todos los partidos que pueden gobernar o ayudar a gobernar en esas nacionalidades saben lo que van a suponer. Para el PNV en Euskadi, para el PP en Galicia, para el independentismo en Catalunya, y para el PSOE, Vox y Podemos en el resto del Estado. Hay demasiado en juego para todos.

Todo el mundo andaba midiendo sus fuerzas, incluso estudiando cómo acordar los desacuerdos entre socios de Gobierno, para marcar paquetes diferenciados y fijar que el tamaño del suyo era el más grande (y perdón por la referencia machista, pero el peso de la tradición sigue siendo tan fuerte que a la referencia de los líderes me remito para recordar que lamentablemente no hay ni una sola mujer entre ellos) cuando llegó el coronavirus. Y mandó parar.

Obligados todos a hacerle caso por la presión irresistible de los pueblos, siempre paganos de las crisis –víctimas de los desaguisados del poder, bien humano, de la naturaleza o de ambas cosas al tiempo como ha demostrado la vuelta del capitalismo salvaje que hoy impera no sólo en Estados Unidos y Rusia, sino por doquier-, los políticos profesionales no perdieron sin embargo el tic genético de andar mirando siempre de reojo.

Quien asesorara a Pedro Sánchez para que llamara Pactos de La Moncloa a los necesarios y obligados pactos que antes él mismo calificaba –y todavía califica- como Pactos para la Recuperación, le hizo un flaco favor. Aparte de que todavía queda por estudiar desde una perspectiva histórica su auténtico valor – porque se centraron, por ejemplo, en el ajuste de salarios pero nunca hablaron de ajuste de beneficios y avalaron una transición de reforma del régimen franquista pero no de ruptura con ese régimen dictatorial, como se hizo por ejemplo en Portugal pocos años antes-, no calculó el melón que abría por el nombre en sí, su referencia a la Moncloa.

Esa definición, de entrada, colocó a independentistas, soberanistas y nacionalistas de todos las Comunidades de España en la tesitura del rechazo. Y salvo que Sánchez esté aprovechando la ocasión, que sin duda exige unidad, para virar su política gubernamental de alianzas (de Podemos y ERC a Ciudadanos y a un PP abstencionista que le deje gobernar en minoría), lo que dudo y sobre lo que no existen indicios en ninguna de mis fuentes consultadas, le ha supuesto jugar con fuego. Y no sé qué ventajas puede sacar de quemarse. Sobre todo cuando lo importante es la lucha contra el coronavirus, lo único que le preocupa a la mayoría inmensa de los ciudadanos.

Llamarle Pactos “de La Moncloa”, además, ha supuesto obligar al adversario, especialmente el PP, a negarlos como tal porque, como dicen algunos dirigentes parlamentarios de los suyos (recordándome lo que alguno de sus dirigentes me dijo en privado cuando José Luís Rodríguez Zapatero empezó a negociar el fin de ETA), “es que si le sale bien, tenemos Zapatero para 25 años”. O sea, que si Sánchez se apunta el tanto de haber gestionado bien la salida de la pandemia, estarían apañados. De Pato Lucas. ¿Y eso es todo, amigos?

Abascal, por su lado, iba a decir que lo tiene claro. Pero nada más lejos. Eso de los pactos lo ve tan oscuro como la concepción que tiene de la democracia, sobre todo si no es “orgánica”, como la de Franco. Al líder de Vox, en todo caso, le da igual que Sánchez lo llame como lo llame. Al adversario, aunque esté en prisión, ni agua, se dice. Aunque resulte patético en una crisis como la actual y recuerda a Sansón gritando “¡Muera yo con todos los filisteos!”

Podemos, en cambio, se limita a apretar para que no paguen la crisis los de siempre. Y como siempre; o sea, vendiendo cada vez más barata su fuerza de trabajo. Si es que les contratan. Pero Pablo Iglesias les recuerda a los suyos: “Somos Gobierno”. Y calla, aunque no le guste el término que utiliza Sánchez ni éste se lo haya consultado. Tiene a su favor, sin duda, que su liderazgo, como el de Sánchez en el PSOE, no está en cuestión. Y por cada sapo que trague, dicen los suyos, conseguirá una compensación para los trabajadores y las clases medias. Lo veremos cuando toque.

En Euskadi, el PNV sí que lo tiene claro. “Pactos sí, pero no de La Moncloa”, le dirá Andoni Urtuzar, que es el que manda, a Pedro Sánchez. Y ahora criticarán la gestión de la crisis que hace Pedro Sánchez. Pero las formas, no el contenido. Y sólo por mantener el tipo de cara a las elecciones, en las que venderá lo “arrancado” y lo que “arrancará” a Madrid.

Y en Catalunya, lo de “La Moncloa”, ni por asomo. De Pactos de La Moncloa, nada de nada. ERC sí apostará por acuerdos para salir de la crisis, sin enmiendas de totalidad pero sí parciales, como si fueran unos Presupuestos quinquenales. Y sobre todo, obteniendo a cambio concesiones a su Comunidad Autónoma más allá de lo económico. Aunque lo harán apretando, sin ahogar. Con la dureza verbal que exigirán sus seguidores y votantes en las elecciones ya anunciadas por Torra, a quien no le van a dejar enarbolar en solitario (habría que matizar que con Carles Puigdemont) la estelada independentista.

En definitiva, que a Sánchez se le presenta un complejo panorama en el que de seguro habrá algún tipo de pacto de recuperación. Pero si el presidente quiere alcanzarlo, desde luego, no se llamarán Pactos de La Moncloa.

1 Comment
  1. Florentino says

    … El querer etiquetar de antemano unos acuerdos con el mismo nombre, y el hilo conductor que nos trajo hasta aquí… No es positivo. Deben de primar en primer lugar: ¿ como se encuentran los productores ?. Estos, han llegado al centro del problema sanitario, totalmente devaluados; los pensionistas han visto cómo se esfumaban de sus cuentas los ingresos que tanto sudor costó retener limpiamente y tener que ayudar a los hijos/as y los nietos; haciendo de canguros mañana y tarde… al ser trabajos precarios lo de sus hijos y tener que arrimar el hombro en cuatro sitios, para obtener unos euros volátiles, que se van antes de cobrar… ¡ creando déficit familiar y por ende social !.
    Nadie, busca héroes entre los partidos situados en la ultra derecha. Se busca cierta empatía, por el momento crucial en situación de pandemia. Su estrategia es un relato de incivismo ultra, que tiene su caja de resonancia, entre los medios serviles al poder desestabilizador; que son los mismos generadores de: «cambios Constitucionales», priorizando el pago de deudas contraídas, por adornar la «tarta nacional», sin preocuparse en la igualdad de soportar ese «sueño capitalista», y haciendo descansar tal pilar en sanear «una banca privada», dos veces… ¡ Aquí, no hay nada gratis !. Bueno, sí… ¡ los engaños !. De no costar nada el rescate, ¿ verdad señor Rajoy?, hasta llegar a los 75.000.000.000 (setenta y cinco mil millones de euros). Todo muy barato, una entrada al palco blanco de don Florentino 1.200 millones de la «Operación Castor». Estos ejemplos de quienes nos trajeron por la senda del «bipartidismo neo facha», al lugar en el cual estamos. Habría que hacer tal limpia y añadir valores que estos partidos NO tienen. Que el Gobierno no tema prescindir de ellos, los ciudadanos no queremos regresar al sufrimiento social infligido por prevaricadores sin escrúpulos, teniendo como mecenas ideológicos: FAES, Aznar y Rafael Bardají, ahora de VOX, antes del PP… pero unidos en el proyecto común de «refundar el PP y de VOX»; ya lo están haciendo desde el 2.010 dentro de la fundación: Friends of Israel Initiative. Para la defensa del derecho de Israel a existir. Raimundo, son más de 10 millones en donativos a diversas fundaciones entre 2.014- 016 desde Florida.
    Las gentes normales no buscamos pactos, por ser la argucia usada de siempre; queremos que se juzguen con jueces no puestos por el dedo de aquellos mismos que los pusieron. Ya no sabemos si son fachas nacionales, o, «sionistas» de la cueva FAES.
    El roto: » Lo más importante de cualquier informe, es: ¿ quién nombró a los expertos ?. Pío XI: Mussolini es un enviado de la Divina Providencia».

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