Alberto Rodríguez: “Ya hay dos generaciones que creen que las películas valen cero”

Iván Reguera *

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Alberto Rodríguez, tras la entrevista con cuartopoder. / Iván Reguera

La isla mínima es la gran favorita en los Goya. Su director y guionista, el sevillano Alberto Rodríguez es, con Enrique Urbizu, el mejor director de cine policíaco de este país. En persona es un tipo tranquilo y hasta algo tímido, pero cuando le toca rodar le gusta meterse en tremendos berenjenales. Los duros rodajes de Grupo 7 y La isla mínima lo demuestran. Tras ser siete veces nominado, este año toca Goya. Puede que dos.

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Enrique González Macho, Presidente de la Academia de Cine, hizo un discurso en la presentación de los nominados que me pareció excesivamente triunfalista. ¿Está el cine español para festejos, con todo el desmantelamiento que está sufriendo el sector, la precariedad laboral…?

– Bueno, cinco o seis películas han funcionado muy bien, aunque hay que hacer examen de conciencia. Es decir: cuando acercas las pelis al público, la gente va a verlas. Las cadenas privadas apuestan por su producto y el público lo consume. Enrique dijo que la percepción del público respecto al cine español sí que está cambiando. Es bueno que veas tu mundo en una pantalla, es lo normal, que te guste verlo, que reconozcas las calles, los acentos, el idioma… hay que desmontar tópicos. Me gusta leer en la redes sociales que alguien escriba: “Feliz y orgulloso de este cine español”. La gente tiene ganas de buen cine y hay que acabar con ese sambenito del cine español, de la Guerra Civil… una mentira detrás de otra. ¿Y por qué el resto de pelis no han tenido tanta suerte? Porque en la fase de promoción se quedan sin dinero.

Las películas financiadas por las cadenas funcionan mejor porque son respaldadas por sus grupos mediáticos, supongo. Sus informativos, sus programas, sus espacios para emitir trailers cuando quieran…

– Pues sí. Y lo que es tremendo es que los canales públicos no promocionen sus propias películas. Aunque por ley no emitan publicidad, no me cabe en la cabeza.

¿Qué habría que hacer, industrial y gubernamentalmente, para cambiar el estado del cine español? ¿Qué le dirías a un nuevo gobierno?

– Hay mucho que cambiar. El director Robert Guédiguian decía hace poco que el cine francés va bien porque está protegido, pero sobre todo porque hay un acuerdo entre izquierda y derecha para que, gobierne quien gobierne, se respalde siempre al cine. Los del cine tenemos que dejar de ser la zapatilla con la que se tiran a dar unos y otros. Necesitamos que nos dejen fuera de esa lucha. Y no solo el cine, lo necesita la cultura entera, basta de usarnos como arma arrojadiza. No cumplen nada de lo que prometen, ni unos ni otros. Hay que poner en orden lo del IVA y la exhibición, la distribución, meter nuestro cine en las escuelas… ¿Por qué los niños no conocen a Carlos Saura?

El cine español se ha despolitizado, y estuvo muy politizado. ¿Es por miedo o más por hartazgo?

– Por hartazgo. Muchos piensan que en esta legislatura no va a pasar nada. Pero hay que ser constructivo porque peor no nos puede ir, este momento es terrible y hay que dibujar un futuro esperanzador. Yo soy un privilegiado, pero tengo un montón de compañeros que lo están pasando fatal, cambiando de profesión… Pero hay que se ser positivo, necesitamos sentirnos bien con lo que hacemos. Este año hemos tenido Magical Girl, El niñoLoreak es preciosa. Y Carmina y amén, que ha quedado fuera de los Goya, es estupenda.

¿Poner el precio de una entrada a 9 euros te parece inteligente?

– El problemas es que ya hay dos generaciones que creen que las películas valen cero. Y un gintonic vale 8 euros y no pasa nada. O el fútbol. El problema de las películas es que han llegado al valor cero. Es terrible. Y, lamentablemente, salir de esto va a ser una cuestión política. Podemos cerrar webs o responsabilizar a las teleoperadoras en el asunto. Es tan flagrante… Cuando salió la copia pirata de Ocho apellidos vascos bajó su recaudación un 50%. La mitad, una auténtica barbaridad. Lo que se ha perdido ahí pueden ser 15 o 20 millones de euros.

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Cartel de la película.

El germen de La isla mínina nace de unas fotos en la zona donde rodasteis, fotos de Atín Aya.

– Conocí su exposición con el director de fotografía, Alex Catalá. Vimos un decorado para un western crepuscular. De hecho, la peli es un poco western. Uno de mis referentes es Conspiración de silencio.

La muerte del japonés en plena Guerra Mundial, el poli en tierra extraña, la complicidad y ocultación del delito de todo un pueblo… grandiosa peli de Sturges.

– Ese ambiente opresivo, nadie quiere hablar… Es el paradigma, la peli donde pusimos el foco para hacer La isla mínima.

– ¿Alguna otra referencia cinematográfica?

Las pelis de David Fincher. Hay algo de Zodiac, algo de Seven. También de Memories of murder, de Joon-ho Bong. Y de El cebo, de Ladislao Vajda. En esa película te preguntas si el gran malvado no es el policía que investiga al malo.

La isla mínima es una película sobre una revelación. Tanto del pasado como física, fotográfica. Las fotografías tienen muchísima importancia.

– Sí, la foto es un elemento que no solo está por la obra de Aya y lo créditos de Héctor Garrido, también las pistas son fotografías, negativos, revelados… Cuando la escribimos, pensamos que para una generación entera un revelado ya es una cosa muy rara (Risas).

Te habrán preguntado mil veces por True Detective y sus similitudes con tu película.

Raúl Arévalo me mandó una foto de Matthew McConaughey cuando yo estaba montando. Me ponía: “Nos han copiado”. (Risas) Yo no tenía ni idea de la existencia de la serie.

Hay parecidos visuales, pero en tu película hay más trasfondo político. Se ve la intención, aunque no subrayas, no eres dogmático. En Grupo 7 también estaba lo político bien metido.

Grupo 7 habla de cuando en España empezamos a ser del primer mundo. Este es un ejercicio parecido. Hago cine porque me hago preguntas. ¿Por qué hago esta peli? Y a veces, al acabar, tienes más preguntas que al inicio. Y hay que pasar esa inquietud al espectador.

El rodaje tiene pinta de haber sido un auténtico infierno.

– Lo fue (Risas). Una de las nominaciones más justas que tenemos es la de la directora de producción, Manuela Ocón. Ha sido un infierno organizarlo todo, muy complejo geográficamente, las distancias se hacían eternas, horas y horas de traslado de equipo y material. Y las marismas del Guadalquivir son un lugar inclemente, no es para el ser humano. Empezamos con 40 grados (las tomas del desierto) y de pronto llegó el frío con menos dos grados.

¿Hay mucho efecto y retoque digital en la película?

– Si, está muy trabajada. El director de fotografía me hacía siempre una broma. Íbamos a rodar unas secuencias en un barco, entrábamos en la zona con una lancha y estaba justo amaneciendo. Imagina la escena: una luz alucinante, un río lleno de bruma… Y toda la bruma era ¡púrpura! Y Alex me decía: “¿Tú ves eso, qué bonito? Pues no va a estar en la película”. (Risas) Hemos atrapado como mucho un 20% de las maravillas que hay allí. Y además somos cineastas urbanos. Las cosas cambiaban porque llovía… No entendíamos nada.

Para captar lo que se ve en pantalla, toda esa majestuosidad geográfica, habréis sufrido madrugones para rodar amaneceres y largas escenas nocturnas, imagino.

– La noche fue muy dura, con mucho frío. Y en sitios sin luz. Los buscamos aposta para que no se vea nada. No falseamos. De noche no se ve nada, queríamos reflejarlo.

Hay quien dice que el final de La isla mínima es algo precipitado.

– Lo que pone muy nerviosa a la gente es que no haya una restitución del orden.

Ese final polanskiano, a lo Chinatown.

– Esta peli tiene que ver con el caos, con el mal, con un país en un momento de fricción. El suspense es una excusa para hablar de esto. Si al final del caos pones orden, es otra película. Queríamos más preguntas, todo abierto. La isla mínima habla de cosas que no se han juzgado en España, de ese pacto de silencio.

“Todo atado y bien atado”. Al final te entra mucha rabia. Igual que en Chinatown.

– “Todo en orden” es la frase final.

LaIslaMinima (YouTube)
(*) Ivan Reguera es periodista.