‘Negociador’: cuando un etarra tiene gracia

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Negociador_Borja_Cobeaga
Cartel de la película dirigida por Borja Cobeaga.

Antes que nada: Negociador (basada en las negociaciones entre el presidente del PSE vasco, Jesús Eguiguren, y ETA) no es una comedia, es una tragicomedia. Aunque venga firmada y rodada por Borja Cobeaga (responsable de comedias sin pretensiones como Pagafantas o No controles y guionista de la gruesa Ocho apellidos vascos), esta película está en otra liga. Menor en presupuesto, pero mayor en pretensiones.

¿Qué pretende? Burlarse de la condición humana, en este caso las de un negociador bastante cutre y unos asesinos no menos cutres. Y de lo primero de lo que se burla es del lenguaje, de esa semántica absurda usada por etarras y socialistas vascos que ni la traductora presente en las negociaciones entiende: Euskal Herria significa, literalmente, Pueblo Vasco... pero no exactamente. Todo así de ridículo, de cutre y de cansino, como el propio problema (o “conflicto”) vasco, que es terrorífico pero también agotador. En definitiva: discusiones idiomáticas mientras una gentuza indefendible mata con tiros en la nuca a sus contrincantes políticos. Casi nada.

Aquí dos seres bastante vulgares tienen, además de “conflictos” de lenguaje, problemas tan ridículos, corrientes y humanos como no poder pagar nada con tarjeta, alimentarse de helados y kebabs, no poder ni pagarse unas cervezas, no pagar el minibar del hotel, manejar mal una chatarra de móvil y tener problemas con una puta sudamericana porque las negociaciones no le permiten concentrarse en el mete y saca.

Cobeaga ha definido Negociador como una película “pocha”, que es como los vascos llamamos a algo apagado, tristón. Un tono que recuerda al de su estupendo corto Éramos pocos, nominado al Oscar. Creo que, con sus tremendos peligros (el primero es que no atraiga a nade que pida la comedia de siempre, la de chistes), ha acertado en ese tono “pocha”, algo que Cobeaga tenía pensado incluso antes de escribir el guión: diálogos secos, planos alargados a propósito, mucho interior y escenas nocturnas, planos de aburridos trayectos en carretera, la apagada fotografía de Jon D. Domínguez...

Pero hay un momento en el metraje de Negociador en el que el mencionado tono “pocha” cambia y aparece Carlos Areces interpretando al bestial etarra Thierry. En ese momento, Cobeaga tiene en su mano todas las papeletas para pegársela. ¿Areces (Muchachada Nui) de etarra, con acento vasco? ¿Perdona? Pues funciona. Con sus intervenciones puedes pasar, como me pasó a mí, de la risita discreta (porque vas un poco a tientas y no sabes bien de qué va la cosa) a la carcajada. Areces, que es un animal de la escena y un robaplanos (igual que el miembro de  Muchachada Nui Julián Lopez en No controles, anterior largo de Cobeaga), logra ser a la vez siniestro e hilarante. ¿Un asesino que tiene gracia? Claro. Como la tiene Walter Matthau en Aquí un amigo o Pierce Brosnan en Matador.

La mayor pega que le pongo a Negociador es que ese tono de comedia “pocha” a veces se borra y entra el gag televisivo y “aidesco” (de Aída). Ejemplo: las intervenciones de Secun de la Rosa como camarero o las de Raúl Arévalo como novio español de la traductora. Los dos actores están estupendos, pero el tono es otro. La otra es que me hubiese encantado ver esta película cuando ETA todavía mataba, como hicieron Chaplin o Lubitsch con los nazis (que es lo que creo que son los etarras y sus mariachis) en El gran dictador o Ser o no ser. Cobeaga ha dicho que la historia necesitaba distancia. Respetable. Ya se enunciaba en Delitos y faltas, de Woody Allen: Comedia = Tragedia + Tiempo.

Hablando con Cobeaga, él mismo me confesó que Negociador era su Extraterrestre, aquel fallido film de su amigo Nacho Vigalondo: una peli barata, poco metraje, una comedia de rodaje rápido. Negociador ha salido mejor. Y es valioso que un señor que se ha curtido en la comedia sexual (Pagafantas) o romántica (No controles) pase a probar con este registro nada comercial, raro y valiente y que no se ve en España. No le vendría nada mal a nuestro cine futuro analizar lo que ha hecho aquí Cobeaga. Incluso para mejorarlo.

¿De qué va, a fin de cuentas, Negociador? Resumido: del lenguaje, de hablar. De no saber usarlo, de marearlo, ensuciarlo, manipularlo. Eso tan vasco, y tan español. Y sobre todo de lo tremendamente cutres que somos.

Avalon (Vimeo)

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5 Comments
  1. Marianna Patras says

    ¿Como estas? me ha encantado tu blog y me gustaria saber si tienes una lista para suscribirme a el y no perderme ningun review, muy buena informacion la tratada, creo que dices mucha luz sobre la cuestion, enhorabuena

  2. Jonatan says

    ¡País, Miquelarena!

  3. IVÁN REGUERA says

    No hay lista todavía, Marianna, pero pronto la tendremos. Gracias por tus palabras.

  4. puag says

    Y tan cutres, tanto como el GAL, el Batallón Vasco Español, la triple A, emgendros de terrorismo de estado del franquimos, tardofranquismo de UCD y PSOE, que no por los trágicos de sus cientos de atentados, no tienen algode cómicos, de chapuza facistas, de asesinos idiotas. Pero aún peor fueron los jueces que les juzgaron y no condenaron o condenaron a nada y menos, la cómplice policia que no investigó (eran de los suyos) que ha dejado cientos de asesinatos sin resolver, y miles de terroristas de estado paseando por nuestras calles sin cumplir un solo día por sus crímenes. Eso es España, el caso más lamentable el de Ynestrillas hijo, asesino confeso absuelto por la AN de su crimen. Ese si que tiene una película de humor negro, el verdugo, con sus crímenes y su jucio, el mayor chiste que la Audiencia Nacional ha hecho sobre torrorimos de estado, absolviendo al personaje, contra la declaración del otro autoinculpado y condenado, su cómplice de comando el policia NaZional angel duce. Espero que algún director vasco estudie el personaje y haga de él la película que se merece.

  5. asi es says

    Y aún hoy seguimos igual, con jueces que no hacen su trabajo. El terrorismo de Estado no da votos, no interesa resolver los casos, ni perseguir, procesar y condenar a los autores: «El juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz ha acordado la conclusión sin procesamiento del sumario en el que se investiga la muerte del objetor de conciencia Juan Carlos García Goena ocurrida el 24 de julio de 1987 en la localidad francesa de Hendaya tras la colocación de un artefacto explosivo en la parte inferior de su vehículo, el último asesinato reivindicado por los Grupos Armados de Liberación (GAL).
    En un auto, dictado este lunes, el juez Ruz envía este sumario a la Sala de lo Penal para que confirme o revoque su resolución y se pronuncie sobre un «eventual sobreseimiento» del procedimiento, al no ser él competente para hacerlo, emplazando a las partes a pronunciarse en el plazo de diez días.
    Ruz considera que procede concluir la investigación al haberse agotado todas las vías de investigación sin encontrar «indicios de criminalidad contra persona o personas determinadas» por los hechos investigados en estas actuaciones. La Fiscalía solicitó esta actuación, sin perjuicio de que se produzcan nuevas declaraciones «inesperadas».
    En el auto, el magistrado detalla las diligencias practicadas desde que se reabrió este caso, el 12 de julio de 2012, a instancia de Laura Martín, viuda de García Goena, que pedía investigar los hechos después de que el diario ‘EL Mundo’ publicara en enero de 2011 que un fotógrafo de Hendaya llamado Patxi y dueño del estudio Photo Galaxia, retrató a su marido y esa instantánea sirvió al comando para «identificarle y darle muerte».»

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