Borja Cobeaga: “No habría hecho esta película con ETA matando”

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Borja Cobeaga, ante un cartel de la película recién estrenada. / Efe

Anda un poco acelerado porque tiene otra entrevista en la Cadena Ser, pero Cobeaga es puntual. Pide agua. Hablamos de Negociador en un bar cercano a los cines Princesa de Madrid. Es una película pequeña que se estrena con 36 copias y puede llegar a tener su público. Cobeaga es un vasco asentado en Madrid que se ha convertido en el guionista de moda por el éxito de Ocho apellidos vascos, de la que ya prepara secuela. Intuyo un contrato absolutamente fabuloso.

Cobeaga, que no ha parado nunca, es uno de los miembros más destacados de su clan en la UPV (Universidad del País Vasco). Allí coincidió con Nacho Vigalondo, con quien compartió piso. En 2003, abandera Vaya Semanita, un programa que hace historia en la ETB por atreverse con temas tabúes para los vascos como la kale borroka o el sexo. Su primer largo es Pagafantas, un éxito para sus dimensiones, y el segundo No controles, un rotundo fracaso. Tiene una nominación al Oscar de Hollywood por su estupendo corto Éramos pocos, que, en cambio, fue olvidado en los Goya.

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– La base de Negociador es el libro ETA, las claves de la paz: confesiones del negociador (2011), escrito por Luis Rodríguez Aizpeolea junto a Jesús Eguiguren.

– Sí, lo leí por curiosidad, porque me interesa el tema, sin esperar que hubiese una película en él. Pero empecé a leer todos los detalles que hay alrededor. El primero es que el negociador se tenía que alimentar de kebabs y bocadillos porque no podía usar la tarjeta de crédito. Hablando con Aizpeolea, me decía que le sonsacaba mucho a Eguiguren este tipo de detalles porque así el libro era menos seco. Nunca pensé en una peli sobre las negociaciones en sí.

"Falta la película definitiva sobre ETA. Y debería
ser una mirada externa"

– No es una película larga, dura 80 minutos. Raro en el cine español, en el cine en general.

– Me gustan las pelis de menos de 90 minutos, por ejemplo las de Kaurismäki . Pero también las necesidades de producción eran esas. Lo que no quería es peregrinar con el guión, dando vueltas por productoras para financiarla. Quería hacerla yo.

– Has definido Negociador como una película “pocha”, que es como los vascos conocemos a algo tristón, apagado. La película lo es: la foto, los planos largos, esa atmósfera diletante, su tempo, muchos interiores, noche, trayectos aburridos en carretera...

– Sí, eso es la “pochez”. Y los tiempos muertos. El aburrimiento, la espera... estaba en la historia y venía bien. En mi cabeza estaba el tono antes que el guión. Es una comedia “pocha”, una comedia melancólica.

– Hablemos del momento de hacer la película. Estás hablando de un tema terrible, que ha causado muchas víctimas. Te habrán recordado aquella ecuación de Delitos y faltas, de Woody Allen: Comedia = Tragedia + Tiempo.

– Negociador es heredera de su tiempo, se concibe tras el alto al fuego de ETA.

Ramón Barea, Raúl  Arévalo y Borja Cobeaga.
Ramón Barea, Raúl Arévalo y Borja Cobeaga conversan durante el rodaje. / Foto cedida por Borja Cobeaga

– ¿La habrías hecho con ETA matando?

– Yo creo que no.

– ¿Por miedo?

– No, porque esa melancolía tiene que ver con la distancia. Vas a contar la crónica de un fracaso. En la película se menciona el atentado en 2008 a Isaías Carrasco, que lo rompe todo.

– El momento de la corbata negra en la película. Pero me llamó la atención una cosa: ruedas la detención de Thierry, pero no el funeral de Carrasco. ¿Por qué?

– Porque esa detención es la más gráfica, la que todo el mundo recuerda, ese polo verde, esos gritos. De este proceso hay pocas imágenes, pero esa se recuerda. La película, además, no tiene clímax, y esa secuencia con música era necesaria.

– Tu ópera prima, Pagafantas, es una comedia sexual. No controles es una comedia romántica... la tercera es otro registro totalmente diferente.

"La comedia es lo suficientemente amplia en sus registros como para que se pueda hacer de todo"

– Negociador se acerca al mundo de mis cortos, al tono de Éramos pocos. Sentía que me estaba perdiendo un tono de comedia concreto y la comedia es lo suficientemente amplia en sus registros como para hacer de todo.

– ¿Te gusta Alexander Payne?

– En parte hice Negociador por A propósito de Schmidt. Y cuando estaba a punto de rodar, vi Nebraska, así que cuando me preguntaban qué estábamos haciendo, decía: “Es Nebraska con el conflicto vasco”.

– Y en color.

– Y en color. También me gustan mucho películas como Zoolander. Y en No controles pensábamos mucho en Historias de Philadelphia.

– No controles, una película muy cuidada, fue un fracaso. Ocho apellidos vascos, que me parece una película mucho menor, peor escrita y rodada, ha arrasado. Es la peli más taquillera de la historia. ¿Se vuelve a imponer la frase del guionista William Goldman, que dijo que en cine, sobre lo que va a funcionar o no, “nadie sabe nada”?

– Sí. No controles se estrenó en muy mala fecha, tras las navidades. Y tuvo menos apoyo publicitario que Pagafantas. Y el personaje de Juancarlitros (Julián López) era estupendo, pero se comió la peli. La devoró completamente.

– Cierto. ¿Cuando te das cuenta de eso?

– Haciendo el sonido. El mezclador de sonido se reía mucho con Juancarlitros, pero cuando aparecía una secuencia donde él no aparecía, chasqueaba la lengua, como diciendo: me aburro, que vuelva. Pretendimos hacer una comedia romántica muy canónica y una comedia loca también muy canónica, pero la comedia loca se comió a la romántica. Y nos dimos cuenta demasiado tarde.

– ¿Hubo mucha improvisación con el gran Julián López haciendo de Juancarlitros?

– Le pasamos la sinopsis larga, antes de acabar el guión, y aportó mucho. Pero decía: “No, no, si está muy bien así”. Sí, hice casi siempre una toma improvisada, y muchas se montaron.

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Carlos Areces y Borja Cobeaga repasan una toma en el combo. / foto cedida por B. C.

– ¿Falta la película definitiva sobre ETA?

– Falta, sí. Y debería ser una mirada externa. No sé si el formato es una película o una serie. Se ha tratado en clave de thriller. Está Dias contados... Películas de acción como Lobo... pero a mí me interesa más lo sociológico, el día a día más que los atentados o las investigaciones. Me interesa el lenguaje.

– Por eso Negociador va sobre el lenguaje. Y la cutrez.

– Claro, va de lo que esperas en una situación así (algo trascendente) y lo que hay de verdad. La política es así de cutre en general. La mediocridad impera.

– Dame un ejemplo de humor que no te haga ni puta gracia.

– El humor supuestamente “inteligente”, odio la etiqueta.

– ¿Por ejemplo?

–El club de la comedia. Es humor barato.

– Pero ese humor aparece en Ocho apellidos vascos...

– Si, por lo evidente. Por querer meter en cada frase algo supuestamente chistoso. A veces nos funcionaba y otras no.

"Odio el humor supuestamente inteligente. Por ejemplo, 'El club
de la comedia'
es humor barato"

– Me ha sorprendido en Negociador el actor Carlos Areces. Es un animal...

– Y muy inteligente. Va más allá de lo que le pides. Y el de esta peli es el humor que más le gusta, el seco, el que no tiene chistes en cada frase.

– ¿Cuales son tus referentes en comedia?

– La serie The office inglesa. Humor incómodo, desagradable.

– José Luis Cuerda comentaba, en una entrevista para cuartopoder.es el lamentable gusto de los que mandan en la tele y la horrible tele que se hace. No hay riesgo, no hay espacio ni valor para hacer series como ¿Qué fue de Jorge Sanz?. Y hay talento, hay horario para diversificar las propuestas... ¿Por qué no se hacen mejores series en España?

– Porque tienen que llegar a absolutamente todos los públicos. Les tienen que gustar al niño y a la abuela. Si hubiera canales de pago… ¿Qué fue de Jorge Sanz? es del Plus, las series que nos gustan no son generalistas, son de AMC, HBO... de pago. Lo tenemos muy crudo. Y con un prime time donde las series de comedia tienen que durar casi hora y media... Son películas, todas las semanas...

– Lo ves mal.

– Muy complicado. Ahora Movistar va a hacer series, veremos.

Cobeaga sale escopetado a la Ser. Lo que más me llama la atención de él, y es algo raro en este país (y no solo entre la gente del cine), es que es capaz de reconocer y analizar, sin tapujos y egos, errores del pasado, de sus películas. Un tipo honesto que reconoce igual un acierto que un fracaso. Un tipo raro. Y con éxito. Todavía más raro.