‘Blade Runner’: ¿Sueñan los espectadores con películas grandes?

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Vuelve Blae Runner
Blade Runner se reestrena en 35 salas de cine españolas.

Estos días tenemos el privilegio de ver Blade Runner en pantalla grande, con su montaje final y "definitivo" (esto nunca se sabe). Este clásico, que no nació como tal, se acaba de reestrenar en 35 salas españolas. Tenemos la suerte de poder volver al cine para gozar de las maravillosas maquetas de Douglas Trumbull (también creador de los efectos especiales de 2001), de la prodigiosa música de Vangelis, una banda sonora histórica que permaneció inédita hasta que se publicó en 1994. Y de un Ridley Scott muy inspirado. Tras este film, no volvió a hacer nada realmente grande. La de Scott es una de las carreras más frustrantes y decepcionantes de la historia del cine.

El film, qué pudo llamarse ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (título de la novela de Philip K. Dick en la que se inspira), Androide, Mecanismo o Días peligrosos, fue un fracaso en su día, la crítica lo masacró y su rodaje no fue nada sencillo. Su primer montaje, otro infierno, duraba nada menos que cuatro horas. Harrison Ford no lo entendía y se llevó a matar con la protagonista, Sean Young. Su director de fotografía, Jordan Cronenweth, empezó a sufrir de Parkinson durante el rodaje y al acabarlo lo sentaron en un silla de ruedas. Para el papel masculino se barajaron nombres como los de Dustin Hoffman, Tommy Lee Jones, Gene Hakman, Sean Connery, Jack Nicholson, Paul Newman, Clint Eastwood, Al Pacino, Robert Duvall, Nick Nolte o Christopher Walken.

Es curioso que a la ciencia ficción siempre se la ningunee cuando es uno de los géneros más perfectos para tratar temas hondísimos. Blade Runner es una de esas películas que han sobrevivido al paso del tiempo, que han envejecido bien. Y no solo por su cuidadísima producción, sino por su historia, una fabulosa fusión de géneros, de película de detectives y de androides, de cine negro y de cine futurista. No pensé lo mismo al verla por primera vez. Nunca la llegué a ver en una sala, en su estreno, en el 82. Era muy crío todavía. Lo hice más tarde, alquilándola en el videoclub. Y me aburrí. Mucho, me pareció un coñazo, lentísima. Y no me seducía nada su estética, entre publicitaria y videoclipera.

Es comprensible. Blade Runner no es una película para disfrutarla pronto, hay que verla madurito. Y la razón es muy sencilla: el tema principal de la película es la mortalidad, y cuanto más viejo te haces, más piensas en la muerte, en tu terminación, como la de los replicantes.

Películas frías, como 2001, o secas, como Blade Runner, nos conmueven porque tratan sobre nuestra brevedad o futilidad y sobre la muerte. Es normal que nos sorprendan, que suframos, que nos emocionemos con ellas porque, como recordó Ortega, una de las grandes vergüenzas de las culturas humanas, de todas ellas, es que ninguna nos ha enseñado a ser lo único que verdaderamente somos: mortales.

Blade Runner es un film para sentirlo, como 2001, pero no para sentirlo en el plano de lo sensacional, el de La guerra de las galaxias. El film de Lucas puede que sea mucho más entretenido, pero también es más plano, está en otra liga. Menor. Como 2001, Blade Runner tiene uno de los momento más hermosos y poéticos de la historia del cine. Los dos momentos tienen que ver con la mortalidad de un ser de inteligencia artificial, no humano... pero mucho más humano que los humanos. Sucede en 2001 con el computador HAL 9000 y en Blade Runner con el replicante Roy Batty. Sus monólogos forman parte de las más bellas palabras escritas para el cine. Las imágenes, de Kubrick y Scott, también son antológicas. Como las actuaciones de Rutger Hauer (que improvisó parte de su papel) o Douglas Rain (voz de HAL).

“He visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. “Pare. Pare ¿quiere? Pare, Dave. ¿Quiere parar, Dave? Pare, Dave.Tengo miedo. Tengo miedo, Dave. Mi mente se va. Lo noto. Mi mente se va. No hay duda. Lo noto. Tengo… miedo”.

Solo por esos breves momentos de gran cine vale la pena ir a una sala, pagar la entrada y emocionarse en la oscuridad. Las salas de cine no muerden, amigos. Están ahí para emocionarles, para hacerles pensar, para atraparles durante dos horas, sin teléfonos, sin wasaps, sin redes sociales. ¿Que la pueden ver en su casa, en su pantallón? ¿Que se la compraron hasta en Blu-ray? No es lo mismo, ni de coña. Nunca será lo mismo, nunca igual que en una sala de cine. El cine se está muriendo, como HAL o Batty, porque la gente lo ha abandonado. Y no hay derecho.

Blade Runner es una película de las que ya no se hacen: fabulosamente rodada y con un profundo poso filosófico. ¿Sueñan los espectadores con películas grandes? Claro, y como fueron gestadas: para la pantalla grande.

Esther Tirado (YouTube)
2 Comments
  1. Galatea says

    Magistral tu reseña sobre la entrada en cine de esta película. Me encanta cuando te pones a escribir así. Yo no pude verla en su momento porque ese año me tocaba nacer, cuando la vi de crió me gusto mucho, pero mas que por su historia, por su banda sonora que fue lo que me atrapo todo el film. Desgraciadamente no la podre ver, debido a que en mi ciudad no la han traído y eso, que tenemos 18 salas de cine. Para poder verla tengo que recorrer 60km y ando haciendo piruetas con ma calculadora para ver de que manera no me va afectar a final de mes. Es una de esas películas que o la ves en cine, o no puedes decir que la has visto de verdad. Un saludo.

  2. IVÁN REGUERA says

    Gracias por tus palabras, Galatea.

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