‘Lío en Broadway’: el discreto regreso de Bogdanovich

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Cartel de 'Lío en Broadway'. / Emon Films

Tuve la suerte de conocer a Peter Bogdanovich en 1997, en el Festival de Cine de San Sebastián. El certamen le dedicaba una cuidada retrospectiva y en ella disfruté por primera vez de su ópera prima, la fabulosa El héroe anda suelto, de 1968, un film financiado por el caza talentos Roger Corman y que solo costó 125.000 dólares de la época.

A Bogdanovich, de ojos tremendamente tristes y que vestía con sus habituales gafas gigantes y su pañuelo de seda sobre el cuello, le hizo ilusión que una vieja y pobre película como aquella pudiera despertar todavía el interés e incluso la pasión de un veinteañero vasco. Fue muy amable conmigo, como con todo el que le abordó en aquel festival, en el que había ganado, 24 años atrás, la Concha de Plata con su película Luna de papel.

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Muchos años más tarde, Bogdanovich volvió a cruzarse en mi vida. Estaba preparando el documental Los chicos de la foto, sobre la famosa fotografía que Luis Buñuel se hizo a principios de los setenta con grandes del cine en la casa de George Cukor. Allí estaban Billy Wilder, John Ford, Alfred Hitchcock o William Wilder, entre otros. Quería contar con Bogdanovich, una eminencia, un cinéfilo entregado que, como Garci, más que hacer cine lo que le gusta es verlo y hablar de él. Él había conocido en persona a Orson Welles, John Ford, Raoul Walsh, Fritz Lang, Alfred Hitchcock, Josef von Sternberg, Howard Hawks... era ideal para preguntarle por esa foto y por esos directores, por esa era dorada del cine americano, por los Good old days. Estaba dispuesto a trasladarme a Los Ángeles para hacerle la entrevista para el documental.

Pero al final todo se fue al traste. Bogdanovich suele cobrar por entrevista (ha colaborado en decenas de contenidos extra para ediciones en DVD y Blu-ray y en documentales de cine pasando por caja), y aunque no lo haría en este documental, nos propuso a cambio que le pagásemos una cena en un caro restaurante. Los costes se dispararon, no había pasta y descarté entrevistarlo. Me quedé con las ganas de que participase en el documental, pero así son las cosas en el cine de trinchera y producido con tres duros.

El estreno de un Bogdanovich, por muy olvidable que sea, es un acontecimiento porque significa que sigue vivo y que todavía puede darnos alguna última película. Bogdanovich tiene el honor de ser uno de los supervivientes del Nuevo Hollywood, cosecha de directores que cambiaron la meca del cine. Unos hoy siguen trabajando (Spielberg, Allen, Scorsese o Lucas), otros han muerto (Altman, Hopper, Nichols o Ashby) y otros están medio retirados (Friedkin, Cimino, Rafelson y el propio Bogdanovich).

La carrera de Bogdanovich fue tan fulgurante como breve. Llegó a lo más alto del estrellato entre los realizadores, fue feliz con su musa Cybill Shepherd (que tiene un cameo en Lío en Broadway) y acabó en el olvido y con una depresión que no ha superado nunca. Jamás olvidó su frustrado romance con Dorothy Stratten, una belleza de 20 año y ex conejita Playboy que fue asesinada por su marido Paul Snider. Tres años más tarde, a Bogdanovich no se le ocurrió nada mejor que casarse con Louise Stratten, la hermana de la asesinada Dorothy, convirtiéndose para la prensa amarillista en un nuevo Roman Polanski.

Ahora Bogdanovich regresa a nuestras pantallas con Lío en Broadway, comedia de enredo en la que Owen Wilson interpreta a un director teatral en Broadway, felizmente casado y con dos hijos, que contrata los servicios de una chica de compañía que además quiere ser actriz. Él decide ayudarla a centrarse en su carrera, pero con tan mala suerte que es elegida para protagonizar la obra que dirige y en la que también participa su mujer. Se unen al enredo un juez (el gran Austin Pendleton) obsesionado con la joven y su psicoanalista, interpretada muy eficientemente por Jennifer Aniston.

Si quieren pasar un rato bajo el aire acondicionado de un cine sin esperar demasiado, vean Lío en Broadway. No es gran cosa, pero entretiene. Tiene un buen reparto (donde destaca Rhys Ifans y decepciona la joven Imogen Poots), un ritmo decente y no acaba siendo tediosa. Pero está rodada con desgana y es una película vieja, resulta un ejercicio de cine anacrónico en estos tiempos. Quizás esta película en blanco y negro y rodada en 1945 hubiese tenido su gracia, pero hoy es un fósil. No le extraña a uno que Bogdanovich haya tardado 13 años (cuando estrenó la olvidable El maullido del gato) en volver al cine. No tiene ya grandes cosas que contar.

Lío en Broadway no es una gran película, pero es, posiblemente, el último Bogdanovich, firmante de La última película, ¿Qué me pasa, doctor?, Luna de papel, Todos rieron, y ¡Qué ruina de función! Así que ustedes mismos.

Emon Savor (YouTube)