‘Los 4 Fantásticos’: hasta las narices de superhéroes

Los 4 Fantásticos
Cartel de Los 4 Fantásticos. / Twentieth Century Fox

No voy a gastar ni dos párrafos en esta película. En resumen: muy mala. Un film lento, agónico y sin ritmo. La presentación de los personajes es eterna, su nudo fofo y aburrido y el final un decepcionante visto y no visto. La película acaba de forma chapucera, deprisa y corriendo. Un disparate. No son buenos ni los efectos especiales. Ni se les ocurra verla.

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Prefiero plantear una pregunta a los capos de Hollywood: ¿Pueden parar de una puñetera vez? Por dios bendito, ¿pueden parar la máquina de hacer bodrios de superhéroes?,  esos señores con mallas que ha llevando a Hollywood a un páramo intelectual como no se ha visto nunca. Y mira que llevamos años proclamando la absoluta decadencia de la industria del cine americano… Décadas.

La crítica debería plantarse ante estas películas, no verlas. Son gratuitas, innecesarias, fáciles y encima largas y pretenciosas. Las insustanciales películas de señores con superpoderes me recuerdan a lo que escribió hace años el analista norteamericano David Thomson: “Yo escribo sobre cine porque algunas películas presentan suficientes dosis de arte (o de intento de arte) para justificar el esfuerzo, la emoción que he sentido en la oscuridad. Sobre ciertas películas no hay nada que decir, porque no tienen arte bastante: la respuesta más elocuente es un ¡guau!, o pulsar la tecla de repetición. En los últimos tiempos están apareciendo demasiadas películas que no merecen el espacio del papel que consumiría escribir sobre ellas, y no digamos el esfuerzo. Que desafían cualquier respuesta crítica o indagación verbal. Que están más allá del análisis”.

El año pasado Alan Moore se salió de lo políticamente correcto en una entrevista y atacó con valentía este absoluto empacho que estamos viviendo con los señores con mallas. Llamó a los superhéroes “una catástrofe cultural”. Y dijo más: “Para mí, abrazar lo que son sin ambages personajes infantiles de mediados del siglo XX indica una retirada de las abrumadoras complejidades de la existencia moderna. Me parece que una parte muy significativa del público, renunciando a comprender el mundo en el que viven, ha razonado que sí puede entender los vastos, vacuos, pero al menos finitos universos presentes en Marvel o DC Comics. Esto es potencialmente catastrófico, pues nos encontramos con la nostalgia del siglo pasado dominando posesivamente el ámbito cultural y negándose a permitir que esta era sin precedentes desarrolle una cultura propia, relevante y suficiente para los tiempos que corren”.

Es hora de protestar por esta imparable infantilización del púbico, de la entrega más mercenaria de la mayor industria del cine a las historias más planas y pueriles. Vivimos unos tiempos en los que, como bien decía el escritor David Torres, “el cine para niños que se hace hoy día es para adultos y viceversa”. Menos mal que, con sus aciertos y errores, nos queda Pixar.

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Otro de los que denunció, en plena meca del cine, esta borrachera de superhéroes fue Alejandro González Iñárritu. En Birdman se pasó de pretencioso, pero en sus declaraciones en la presentación del film sí fue certero: “Hay un montón de películas de superhéroes que no significan nada. Son acerca de nada, solamente son un montón de explosiones y efectos especiales. Simplemente su cometido es ese, y las corporaciones buscan exprimir dinero y todo lo que puedan por esas películas que, en cierto sentido, están envenenando el cine como una posibilidad de expresión humana”.

Hemos llegado a tales límites de ridículo que se ha encumbrado a directores tan banales y pretencioso como Joss Whedon (Los Vengadores) o Christopher Nolan (las nuevas de Batman), dos auténticos coñazos, a categoría de genios del cine. Y esto, amigos, hay que pararlo también.

¿Por qué las películas de superhéroes son tan pretenciosas, aburridas y oscuras? ¿Y qué fue del humor? ¿Qué fue de esa coña que tenían los Supermanes de Richard Donner o Richard Lester, con esos divertidos Gene Hackman, Ned Beatty o Richard Pryor? Esas películas no se tomaban en serio y eran muy entretenidas. Ahora, en cambio, parece que vas a ver Hamlet en vez de la historia de un chaval que tiene poderes arácnidos o la de un millonario tarado que se disfraza de murciélago.

Y esto no tiene visos de parar. En breve Batman contra Superman, más Capitán América, más X-Men, más Lobezno, más Guardianes de la galaxia, Más 4 Fantásticos, más Spider-Man, más Thor, más Vengadores, más Linterna verde… ¡Paren ya, cansinos!