‘Ático sin ascensor’: no todo está en venta

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Ático_sin_ascensor
Cartel de la película protagonizada por Diane Keaton y Morgan Freeman.

No sé si será la edad o que estoy harto de tebeos, explosiones y fuegos de artificio, pero me encanta disfrutar de este tipo de películas pequeñas, honestas, de seres humanos corrientes y molientes que se aman, se conocen y se cuidan, en este caso rodeados de paranoia, imbecilidad, mezquindad y especulación.

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Ático sin ascensor (su título original es 5 Flights Up) es el breve retrato de una veterana pareja de neoyorquinos que decide dejar el cálido ático que poseen en Brooklyn y que han compartido juntos durante 45 años. Lo hacen porque, a su edad, esas escaleras se van a poner cada año más imposibles. Alex y Ruth (gran química la de Morgan Freeman y Diane Keaton), que además tienen que cuidar de su anciana perrita enferma, se tendrán que enfrentar a la pesadilla que supone poner a la venta su piso y buscar uno nuevo en Nueva York.

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Charlie Peters, guionista que ha adaptado la novela 'Heroic Measures', de Jill Ciment, nos ofrece, con esta anécdota como excusa, un audaz fresco de estos tiempos: paranoia terrorista (el film empieza con un supuesto terrorista descubierto en uno de los puentes de la ciudad), especulación inmobiliaria, gente inhumana y carente de empatía con el que le rodea... y todo sazonado con flashbacks (hay críticos que los han puesto a caldo) que nos muestran cómo se conocieron y se juntaron para toda la vida Alex y Ruth.

Bajo la apariencia de una inocente película otoñal (hay que reconocer que el cartel da una pereza que te mueres), Ático sin ascensor esconde una estupenda crítica al sensacionalismo de los medios de comunicación, a la paranoia contra el extranjero y el diferente (secuela del 11-S), al racismo, a lo deshumanizados que estamos, a la especulación, a la importancia demente que le damos al dinero, a que todo lo midamos por valores de rentabilidad económica, al poco respeto que nos tenemos los unos a los otros y a lo cretinos que podemos llegar a ser.

Por eso el viejo Alex, pintor que no vende un cuadro ni muerto, nos cae tan bien. Porque a pesar de lo que le cuesta subir esas escaleras, no quiere abandonar su barrio de toda la vida, a sus gentes, a sus amigos. Y esas vistas, y esa luz. Lo que se le ofrece a cambio, presionado por las infernales pujas de sus posibles compradores, es un piso con ascensor, pero sin sus vistas, sin su vida. Estupenda Cynthia Nixon (Sexo en Nueva York) como vendedora destroyer, por cierto.

Uno de los momentos más bonitos de esta pequeña película es cuando Ruth lee la carta que le entregan dos de sus posibles compradoras. Abandonan la puja porque no pueden ofrecer más pasta, pero en la emotiva carta le explican por qué quieren esa casa, por que la necesitan, como personas que van a hacer una vida en ese lugar que les parece tan especial. Humanamente, no por su precio o por sus metros cuadrados. No les destripo nada esencial, tranquilos.

Me encanta ver que Keaton, una mujer que lleva un cuarto de siglo haciendo mierda, deja por una vez de hacer comedias que yo llamo “de portada blanca”, esas insustancialidades en la que hace de madre o abuela locuela. Ya saben, bobadas como El padre de la novia, Colgadas, Enredos de sociedad, Cuando menos te lo esperas, La joya de la familia, Por fin solos, La gran boda... la lista es interminable. Qué desperdicio de actriz. Tampoco es que Freeman haya rodado grandes clásicos, eso también hay que admitirlo.

Ático sin ascensor, de Richard Loncraine, un director anodino pero cumplidor, es una sencilla pieza de artesanía, quizás algo presuntuosa en su acabado, pero digna y emotiva. Si están hartos de tebeos, superhéroes y lejanas galaxias y les apetece pasar unos días con Alex y Ruth no se arrepentirán.

acontrafilms (YouTube)
1 Comment
  1. y más says

    Horrible doblaje de Freeman.

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