‘Ocho apellidos catalanes’: cine para fontaneros

Cartel de la nueva película dirigida por ...
Cartel de la nueva película dirigida por Emilio Martínez-Lázaro.

¿Tiene algún sentido escribir una crítica sesuda sobre una película que no lo es? 8 apellidos catalanes es la previsible secuela de una mala película que encantó a millones de españoles, hizo ricos de pura coña a sus productores y ha dado trabajo a todos los currantes que están detrás de ella. Nuestra humilde industria. ¿Tiene algo de malo este tipo de cine? No, siempre que no pretenda ser lo que no es.

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O lo que le ha pasado a la Academia de Cine con Mariano Ozores, que le ha otorgado un Goya de honor que no merece en absoluto porque su cine no lo merece. Es malo, cutre, gritón, primario y un compendio de todo lo peor del español medio, un mejunje que hizo que Ozores llenase los cines e hiciese un montón de millones en taquilla.  

En sus memorias ('Respetable Público') contaba Don Mariano: “Pilar Miró hizo unas declaraciones en las que decía no explicarse cómo era posible que yo estrenara todas mis películas nada más tener copia estándar y en los mejores cines de España, mientras ella no encontraba locales de prestigio para exhibir las suyas. Por eso no me extrañó que en una reunión de la comisión de ayudas que ella presidía dijera que “a Mariano Ozores nunca se le concederán subvenciones porque hace cine para fontaneros”. Uno de los miembros de la comisión, Luis Méndez, le dijo que debería haber muchos fontaneros en España porque mis películas batían récords de asistencia a los cines”.

La tremenda Miró cumplió su amenaza con Ozores y fue letal para la taquilla, para la industria y para el cine de fontaneros que tan astutamente recupera 8 apellidos catalanes. Como recordaba Ozores en sus memorias, “Miró dimitió de su cargo en el ICAA en diciembre de 1985, coincidiendo con una encuesta publicada por el Ministerio de Cultura en el que se hacía ver que la única actividad cultura que había descendido en España era la asistencia de los ciudadanos al cine”.

Con 8 apellidos catalanes vuelve la ozorada, tras la artera fusión que se hizo en la primera parte. A saber: Bienvenidos al Norte, gags de la serie de humor de la ETB Vaya semanita, el tono amable y carente de fondo de El club de la comedia y el film Los padres de ella. Aquí la obvia conclusión es que da igual tu autonomía o tu bandera porque en el fondo todos los españoles somos igual de grotescos.

Y el resultado será otro taquillazo tras los casi 10 millones de espectadores que fueron al cine a ver la primera, película imbatible 67 días seguidos como número 1. Sin olvidar que es la tercera película española más vista de la historia de la televisión (8.270.000 espectadores) tras las infames Cateto a babor (10.078.000 espectadores) y El hijo del cura (9.287.000 espectadores). ¿Somos eso? Pues igual sí.

En 8 apellidos catalanes Lago y Rovira se separan y Machi y Elejalde siguen ahí como buenamente pueden. Ahora la historia se traslada (¿adivinan?) a una Cataluña también de puro estereotipo, como pasaba en el tan estándar pueblo marinero vasco de la primera. Las coñas con la independencia son previsibles e inevitables y ahí aparece el cómico Berto Romero haciendo de novio hipster y la gran Rosa María Sardà haciendo de mamá nacionalista (lo mejor de la película). La confusión está servida cuando los asistentes a la boda simulan, para la gran madre catalana, una Cataluña independiente. Casi todo se desarrolla en Girona y Dani Rovira hace de casteller y todo en ese plan, que diría Paco Umbral. Eso sí: impagables los valientes chistes a cuenta de las torturas de los Mossos d'Esquadra.

El resultado es todavía peor que en la primera, aunque no es tan espantoso como el de películas como Las autonosuyas. La franquicia sigue teniendo muy grimosos diálogos, actuaciones pobretonas y exageradas y una dirección bastante desganada y holgazana de Martínez-Lázaro. Uno también se pregunta qué hace el estupendo compositor Roque Baños en tamaño bodrio. Comer, supongo, como el gran Karra Elejalde.

El gran problema de 8 apellidos catalanes es que es una película a la que le cuesta horrores avanzar y carece de una estructura medianamente trabajada. Y qué decir de su final, muy malo. Es el problema de escribir algo tan rápido y cosiendo, de mala manera, una supuesta gracia tras otra. Paolo Vasile (Telecinco) tenía prisa.

A no ser que haya una sorpresa, 8 apellidos catalanes va a ser otro gran éxito. En España todavía quedan millones de fontaneros. Somos eso. Igual sí.  

UniversalSpain (YouTube)