Eastwood cumple 90: luces y sombras de un icono del cine americano

  • Eastwood es respetado en Hollywood porque da seguridad a los productores al rodar
  • El lado más oscuro y tenebroso del personaje: su relación con las mujeres

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Hoy cumple noventa años Clint Eastwood, cineasta completo, actor, director, productor y músico, aunque nunca guionista. Nació en San Francisco y las enfermeras del hospital lo llamaron “Sansón” porque el churumbel pesó 5.2 kilos al nacer. Entre ese día y el de sus noventa cumpleaños, estuvo a punto de quedarse en el camino por un accidente cuando solo tenía veinte años. En 1951, el avión en el que viajaba se quedó sin combustible y cayó al mar. Eastwood, todo un Tarzán, estuvo más de ocho horas en el agua y nadó cinco kilómetros hasta llegar a la costa.

Antes de ser una estrella de Hollywood (como dijo William Goldman, es el único que lo ha sido en los 70, los 80 y los 90) trabajó en todo tipo de trabajos físicos: fue socorrista (su trabajo como monitor de socorrismo en un cuartel militar le libró de ir a la Guerra de Corea), limpiapiscinas, instructor de natación, leñador, albañil, bombero forestal, obrero de la construcción, repartidor de periódicos y caddy de golf. También fue pianista en algunos garitos y dependiente de tienda. Nunca acabó los estudios, aunque sí se apuntó a clases de interpretación porque estaba rodeado de chicas. Pero además de ligar, le cogió el gusto a ser actor.

Sobre los personajes a los que dijo que no, destaca James Bond. Le ofrecieron una pasta indecente para sustituir a Sean Connery en Vive y deja morir, pero no lo vio claro. También rechazó ser el Superman de 1979 y le dio calabazas a Francis Ford Coppola, que le ofreció el papel de Willard en Apocalypse Now, y a William Friedkin, que le ofreció protagonizar Carga maldita. Eastwood le dijo que no quería viajar al extranjero, lo mismo que hizo Jack Nichlson. Además, fue considerado para ser Rambo en Acorralado y rechazó ser John McClane en La jungla de Cristal.

Repasemos, en este especial natalicio, las luces y las sombras de un hércules del cine norteamericano que lleva nada menos que 65 años en activo:

Las luces

Eastwood es respetado en Hollywood porque da seguridad a los productores al rodar y además rueda con bastante rapidez. A su edad todavía se mueve decentemente en el set y se mantiene en forma. De hecho, siempre ha estado en forma hasta rozar la paranoia. Cuando murió su padre, de un ataque al corazón con 64 años, Eastwood se obsesionó con su propia muerte y se convirtió en un hipocondríaco. Hasta sus propios médicos han declarado que varias de sus enfermedades han sino psicosomáticas.

Otra de sus alergias es, curiosamente, montar a caballo. Y eso que lo ha tenido que hacer en un montón de rodajes, empezando por el que le dio su primera oportunidad: la serie de televisión de ocho temporadas Cuero crudo, western que hizo que lograse tener una vida más asentada en Hollywood tras ir dando bandazos con papelitos en películas como La venganza del hombre monstruo o Tarántula.

Sergio Leone, que lo definió como “un bloque de mármol”, se fijo en Cuero crudo y le dio su gran oportunidad en el cine en Por un puñado de dólares, rodada en España e Italia. Los dos juntos hicieron famoso el “spaghetti wéstern” y continuaron trabajando juntos en La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo.

Por la primera película de la famosa trilogía, Eastwood solo cobró quince mil dólares, una miseria (pensemos que llegó a cobrar 30 millones de dólares más el 60% de todas las ganancias por Impacto súbito, que protagonizó, dirigió y produjo). Los rodajes de aquellos “spaghetti wéstern”, en los que los actores hablaban en inglés, castellano e italiano, no fueron unas vacaciones pagadas. Leone era un tipo con mucho temperamento. Por cierto: el famoso poncho de Eastwood se mantuvo intacto y no se lavó en los rodajes de ninguna de las tres películas.

En los rodajes, Eastwood aprendió sobre todo con sus dos maestros: Leone y Don Siegel, con el que trabajó por primera vez en La jungla humana, en la que Clint rodó algunos planos. El personaje de Eastwood en esta película es un paleto del sur que se dedica, literalmente, a cazar indios en una reserva, no le gustan los negros ni los hippies y trata como a objetos sexuales a las mujeres. Fue la semilla de Harry el sucio, personaje creado con ayuda de John Milius, cineasta conocido por su ideas fachas, y Terrence Malick. Ninguno de los dos fue acreditado.

La saga Harry el sucio se convirtió en un filón para Warner e hizo multimillonario a Eastwood. La primera fue estrenada en 1971, el mismo año en el que debutó como director con la entretenida Escalofrío en la noche. Tuvo cuatro secuelas: Harry el fuerte (1973), Harry el ejecutor (1976), Impacto súbito (1983) y La lista negra (1988). Para la historia su famoso diálogo: “Ya sé lo que estás pensando: ¿he disparado seis o sólo cinco veces? La verdad, con todo este ajetreo yo también he perdido la cuenta. Pero dado que esta pistola es una Magnum 44, el arma más poderosa del mundo, que puede volarte la cabeza de un tiro, sólo tienes que preguntarte: ¿es mi día de suerte?. Pues eso: ¿Lo es, imbécil?”.

Eastwood acabó siendo, con su productora Malpaso, uno de los cineastas más respetados de Warner, estudio con el que logró evitar las temidas proyecciones de prueba para comprobar la reacción de los espectadores antes del estreno. Robert A. Daly, jefazo de Warner, confirmó que ninguna las películas de Eastwood pasó nunca por ese amargo proceso.

Además del cine, la gran pasión de Eastwood es la música (en 1962 grabó el disco Sings Cowboy Favorites con doce canciones) y en especial el piano. Aprendió a tocarlo de forma autodidacta y acabó componiendo piezas musicales para sus películas. Ha participado en la banda sonora de Mystic River, Sin perdón, Banderas de nuestros padres, El intercambio, Más allá de la vida y J. Edgar. También compuso la banda sonora de una película que no es suya (La vida sin Grace) y el tema de Gran Torino. Además, tocó el piano sin doble en la estupenda En la línea de fuego.

Tampoco podemos olvidar, por supuesto, sus cuatro canciones en La leyenda de la ciudad sin nombre y sus composiciones de temas para El sargento de hierro, Sin perdón, Un mundo perfecto, Los puentes de Madison, Poder absoluto, Invictus o El francotirador. Sus grandes aliados en las bandas sonoras han sido Lennie Niehaus (El jinete pálido, Bird, Cazador blanco, corazón negro, Sin perdón, Space Cowboys...) y su hijo Kyle Eastwood, con el que empezó a trabajar en Cartas desde Iwo Jima.

¿Lo mejor del cine de Eastwood? Resulta temerario resumir una carrera tan productiva, pero estamos de aniversario. Sus grandes películas son Infierno de cobardes, la bastante desconocida Primavera en otoño (anticipa el Easywood “sensible” de Los puentes de Madison), El fuera de la ley, El jinete pálido, Cazador blanco, corazón negro, Sin perdón (quizás su película más redonda), Un mundo perfecto, Banderas de nuestros padres y Gran Torino.

Las sombras

Eastwood, como Al Pacino, es un conocido tacaño, miembro de la cofradía del puño. No le gusta pagar por nada y antes de encargarse de la cuenta en un restaurante se corta un brazo. Y, para viajar, usa, sin coste alguno, un avión de Warner Brothers, compañía a la que, cada año, exigía que enviase un pavo congelado a su madre.

Su ideas reaccionarias tampoco son su mejor faceta humana. Dos años alcalde por los republicanos de la ciudad de Carmel, llegó a apostar por el abyecto Donald Trump, aunque acabó abandonándolo por el exalcalde de Nueva York, el demócrata Mike Bloomberg, para las elecciones de este noviembre. Bloomber, que acabó retirándose de la carrera demócrata, es el noveno hombre más rico del planeta.

Todavía se recuerda una patética intervención de Eastwood en 2012. La noche de la puesta de largo del empresario Mitt Romney para las presidenciales apareció como orador sorpresa e interpretó un monólogo absurdo dirigido contra una silla vacía en la que se sentaba un invisible Obama. Y aunque es justo recordar que se opuso a la guerra de Vietnam, a las invasiones de Irak o Afganistán y a George W. Bush y defiende los derechos de las mujeres y los gays, la apuesta por la derecha de Eastwood no es nueva. Mostró su apoyo a un delincuente como Richard Nixon, se llevó muy bien con Ronald Reagan y apoyó a Arnold Schwarzenegger, gobernador de California de 2003 a 2011.

Y llegamos al lado más oscuro y tenebroso del personaje: las mujeres. En 1953 se casó con Maggie Johnson, con la que tuvo dos hijos mientras él coleccionaba amantes (ha tenido siete hijos con cinco diferentes mujeres). Pero no fue Johnson a la que más daño hizo. El actor, que practica diariamente la meditación trascendental, hizo de la vida Sondra Locke un infierno. Se conocieron en 1972, cuando ella se presentó al casting para el personaje de la jovencita hippie de Primavera en otoño. El papel no fue para ella, pero comenzaron a salir y acabaron haciendo juntos Ruta suicida, Duro de pelar, Bronco Billy, Impacto súbito y La gran pelea.

Eastwood arrasó la vida de Locke, que murió en el 2018 (sufría cáncer de mama y de huesos). La obligó a abortar dos veces y a ligarse las trompas tras engañarla diciéndole que él se había practicado la vasectomía. En 1990, aprovechando que ella rodaba su segunda película como directora, Eastwood ordenó cambiar las cerraduras de la casa que compartían y empaquetar las cosas de Locke. No tuvo la decencia ni de llamarla, recibió una carta donde le decía que no intentase regresar a la casa. Al leerla, ella se desmayó. Y no acabó ahí la pesadilla. Fue marginada en Hollywood por orden de Eastwood, que con sus contactos hizo que nadie contestase a sus llamadas.

¿Lo peor del cine de Eastwood? Las estúpidas El sargento de hierro y El principiante, Poder absoluto (un fabuloso arranque en una película floja), la grotesca Medianoche en el jardín del bien y del mal, Deuda de sangre (un guión tan ridículo como el de Más allá de la vida), la acartonada J. Edgard y la espantosa 15:17 Tres a París. Y seguro que me perdonan, pero nunca he entendido el prestigio crítico y académico de Bird, Los puentes de Madison, Mystic River, Million Dollar Baby o Cartas desde Iwo Jima.

A sus 90, y con sus luces y sombras, Clint Eastwood ha tenido una carrera apasionante y ha ganado cuatro Oscar, cinco Globos de Oro y el prestigioso Premio Irving G. Thalberg. Y, qué demonios, es el último clásico del cine norteamericano.


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1 Comment
  1. Julio Loras Zaera says

    Será un gran director, no lo sé, no entiendo mucho de cine, pero es un fascista de libro.

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