RSF advierte que la precariedad amenaza la independencia de los periodistas españoles

Lucía Gallo *

Mapa sobre la situación de la libertad de prensa, recogido en el informe 2017 de Reporteros Sin Fronteras.
Mapa sobre la situación de la libertad de prensa, recogido en el informe 2017 de Reporteros Sin Fronteras. / rsf-es.org

La libertad de prensa nunca se había encontrado tan amenazada, especialmente en los países democráticos, donde parece que ya “nada detendrá la caída” que desde hace varios años experimentan estos regímenes. Así lo constata la Clasificación Mundial de Libertad de Prensa 2017, publicada por Reporteros Sin Fronteras (RSF) este miércoles, que sitúa a España en el puesto número 29 dentro de una lista de 180 países.

A pesar de la tendencia global, donde el 62,2% de los estados ha empeorado su calificación, nuestro país ha mejorado cinco puestos respecto a 2016, cuando ocupó la posición 34. No obstante, el informe advierte de situaciones preocupantes en la prensa española y denuncia que la fuerte crisis económica que ha azotado a España en los últimos años se ha visto reflejada en una “precarización sin precedentes de la profesión periodística”. “A menudo los periodistas independientes reciben salarios muy bajos, incluso carecen de remuneración, en un sector que ha perdido su prestigio”, asegura RSF, que se muestra especialmente preocupada por el hecho de que “las violaciones a la libertad de informar ya no son una característica exclusiva de los regímenes autoritarios y de las dictaduras”.

En el capítulo de España se alude expresamente también al caso de un fotógrafo profesional que en abril de 2016 fue condenado a pagar una multa de 600 euros por haber publicado en Twitter imágenes de la policía deteniendo a una mujer, una sanción impuesta meses después de ser aprobada en Madrid la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, conocida popularmente como “Ley Mordaza”, con la que se busca proteger la imagen de la policía española y se restringe de manera drástica el derecho a manifestarse. “Esta ley también obstaculiza legalmente el derecho de los periodistas a recabar y difundir información”, denuncia la organización, que alude, por último, a las denuncias de los partidos de la oposición que acusan al Gobierno de querer ejercer “un control escandaloso en la información de la cadena pública Radio y Televisión Española (RTVE).

El ranking 2017 –encabezado por Noruega (que pasa del puesto número 3 al 1), Suecia (puesto 2) y Finlandia (en tercer lugar)– ha experimentado una disminución del 2,3% respeto al número de países donde la situación de los medios de comunicación es buena o “relativamente buena”. Entretanto, la cifra de países en una posición “difícil” o “muy grave” ha aumentado en, aproximadamente, un 7%. El primero por la cola es Corea del Norte (que desciende una posición), seguido de Eritrea (que pasa del último puesto al penúltimo) y Turkmenistán (178). Las nuevas incorporaciones en el lado más sombrío son Burundi (puesto 160), Egipto (puesto 161) y Bahréin (puesto 164), siendo ya 21 los países que más preocupan al mundo en relación a la libertad de prensa.

La situación de Turquía supone también un asunto de preocupación en términos de libertad de prensa. El fallido golpe de Estado del 15 de julio de 2016 desencadenó una “caza a los medios de comunicación críticos” liderada por el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan. Bajo la premisa de la lucha contra el terrorismo, desde RSF advierten de que “el país se hunde en una espiral represiva sin precedentes”; decenas de periodistas han sido encarcelados sin que se realice un juicio y aquellos que aún gozan de libertad corren el riesgo de sufrir las medidas arbitrarias del régimen. A esto, se suman los altos niveles de censura en Internet y redes sociales, que dejan al estado encabezado por Erdogan en una “situación difícil”, ubicándose en el puesto 155 de la lista.

Asimismo, la llegada al poder de Donald Trump en Estados Unidos –que ocupa el puesto número 43 tras descender dos lugares– y la campaña del Brexit en Reino Unido –que pasó del número 38 al 40– han supuesto, para RSF, una ingrata sorpresa para la libertad de prensa. “El ‘media bashing’ o ataques a la prensa y los muy tóxicos discursos contra los medios de comunicación han hecho que el mundo entre en la era de la ‘posverdad’, la desinformación y las noticias falsas”, enfatiza la organización.

“Las democracias que hicieron de la libertad de prensa uno de sus fundamentos deben seguir siendo un modelo para el resto del mundo, y no a la inversa”, manifiesta el secretario general de Reporteros Sin Fronteras, Christophe Deloire. “A fuerza de cercenar la libertad fundamental de informar, con el pretexto de proteger a sus ciudadanos, las democracias pueden perder su alma”, advierte.

(*) Lucía Gallo es periodista.

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