Las siglas menos visibles del movimiento LGTBI: el género no binario

    “Nos han dicho que el mundo se divide en hombre y mujer, pero siempre ha habido personas no binarias"
  • En España cada vez hay una comunidad más grande. Los jóvenes suelen encontrarse por redes sociales

Pau se llama Pau. No Paula, ni Pablo, Pau. A diferencia de lo que le ocurre a la mayoría de la gente, tiene que explicar muchas veces quién es. Durante un tiempo, también tuvo que explicárselo a sí misme. Pau es activista del género no binario: ni chico, ni chica. Sus adjetivos no terminan ni en -a ni en -o, sino en -e, una identidad de género aún poco comprendida, incluso dentro del colectivo LGTBI. También tienen mucho Orgullo: “Nos han dicho que el mundo se divide en hombre y mujer, pero siempre ha habido personas no binarias, aunque el término no existiera hasta hace poco”.

A Pau, que tiene ahora 27 años, le pusieron la etiqueta “niña” cuando nació, pero siempre supo que no encajaba en ese término, un desarraigo identitario que no aparecía en las películas que veía, en los libros que leía, ni en ninguna lección de la escuela. Quizá por eso concede hoy una entrevista a este medio de comunicación. Tardó 23 años en ponerle nombre y lo hizo por la vía menos pedagógica: tecleando en las redes sociales. De un perfil saltó a otro, después vino el Whastapp y más tarde su propio reconocimiento y cambio, que fue progresivo.

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El descubrimiento de Yue, que responde a las preguntas por escrito, es similar: “Conocí el término en Twitter y en más redes sociales. Cambió mi vida en cuanto me sentí identificade como no binarie”. También forma parte de la comunidad de personas no binarias, pero prefiere no visibilizarse tanto en su día a día. “Es algo íntimo que muy pocas personas saben”, explica. Descubrió que era no binarie hace apenas unos meses: “Yo personalmente me siento a gusto, cómodx/a sin tener que presentarme como una persona NB y LGTB, porque al fin y al cabo llega un punto en el que me siento un envase con etiquetas”.

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Pau cree que es un tipe con suerte. Su pareja, su familia y sus amigos nunca hicieron un trauma de su nueva expresión de género. Sin embargo, el mundo sigue dividido estrictamente por sexos, un marcaje que comienza en la ropa rosa y azul de los bebés o en los juguetes. Esta dicotomía hace que Pau se sumerja en dilemas constantes frente a situaciones que la mayoría de hombres y mujeres resuelven de forma automática. “Cuando encuentro un baño unisex en un centro comercial es la felicidad máxima”, bromea. Sin embargo, antes de entrar al lavabo tiene que sopesar varias opciones. Normalmente, prefiere esperar a que no haya nadie. Si ese día lleva camisa masculina y pantalones evita entrar a los baños de mujeres para “no incomodar”.

Un término aún muy desconocido

También afecta a sus relaciones personales. “En mi vida diaria intento cuidarme y rodearme de las personas que conozco. Si en una tienda de ropa me tratan en un género que no es el mío, intento pasar porque es un esfuerzo demasiado grande estar saliendo del armario todo el rato”, argumenta sobre el desconocimiento que hay sobre el propio término no binario. Si decide explicarlo, después viene una ristra de preguntas: “¿Y si no eres ni hombre ni mujer, ¿qué eres?”, “¿Y cuándo te vas a definir?”, “Si no eres un hombre o una mujer, ¿por qué te vistes así?”. Todo es un permanente cuestionamiento, aunque se haga con la mejor de las intenciones.

Dree también sabe lo que es tener que responder siempre a las mismas preguntas. “Cuando cambias tu aspecto porque te sientes mas comode o porque quieres experimentar, te cuestionan, te juzgan y se burlan; cuando vas a comprar ropa o vistes prendas que no han sido asignadas a tu género, también”, relata intentando describir con ejemplos cotidianos lo agotador del proceso, incluso, en círculos de confianza: “Cuando hablas de tus experiencias y explicas que eres no binarie, no te creen o se lo toman a risa“.

La ignorancia es, por tanto, la primera causa de la discriminación. “En mi entorno prácticamente nadie lo entiende o lo respeta. Hay gente que sí y es una maravilla, pero la mayor del tiempo encuentro rechazos o directamente no puedo compartirlo”, explica Dree. Esto ocurre, incluso, dentro del propio colectivo LGTBI. Pau cuenta una anécdota ilustrativa: “Hace unos días fui al Orgullo crítico con un grupo de gente no binarie. Vimos a un chico que llevaba la bandera ‘trans’ y con un cartel en el que ponía ‘los géneros binarios’ no existen”.

Aún así, el término ‘no binarie’ se lee y se escucha cada vez más en España: “Creo que la diferencia la marcan colectivos de gente no binaria. Es gente que se une y se centra en cuidarse. Nos damos apoyo para poder desarrollarnos como queramos y acompañarnos en el proceso”, explica Dree, que insiste en que esta comunidad “es muy inclusiva, respetuosa y busca el apoyo”.

El feminismo: la primera grieta

“Empecé a seguir en redes sociales a personas ‘trans’ y comencé a leer a gente que decía que era no binaria. Ahí me di cuenta”, narra Pau. No buscó en Google porque no sabía qué teclear, ni tampoco leía páginas queer en inglés. El acceso a la información es la primera gran barrera con la que se encuentran estos jóvenes. A nadie parecía ocurrirle nada igual. Pau siempre tuvo claro que no era un hombre, pero tampoco tenía claro que fuese una mujer: “Simplemente me conformé. Yo creía que era algo que no podía cambiar”. Hasta el momento en que conoció a personas con su misma identidad de género, no sabía que podía ser otra cosa diferente a hombre o mujer. “En España no hay referentes. No hay personas públicas que se reconozcan como no binarias, como sí hay en otros colectivos. Nos tenemos a nosotres mismes”. 

Sin embargo, la primera grieta la abrió el feminismo. Cuando tuvo contacto con el activismo feminista llegaron las primeras preguntas: descubrió que la palabra “mujer” era una construcción social y que alguien le había marcado las reglas. “Me ayudó a abrir la mente, a ver que había mucho más allá de lo que nos estaban contando”, recuerda hoy sobre un momento de euforia. La escritora Simone de Beauvoir ya anunció una idea esencial que abriría las puertas a Pau: “No se nace mujer, se llega a serlo”. Más tarde descubriría que no tenía que comportase como se esperaba de una mujer… pero tampoco de un hombre.

El género que no existe

Si a nivel de opinión pública, el género no binario aún aparece en segundo plano, a nivel administrativo ni siquiera existe, tal y como explica Pau: “Para que una persona ‘trans’ binaria pueda cambiar su DNI, necesita dos años de tratamiento hormonal, un diagnóstico y una serie de papeles. Si elles necesitan todo eso para que su documentación les reconozca quienes son, las personas no binarias tenemos una dificultad añadida. En tu DNI refleja si eres una mujer o un hombre. No hay nada más”.

Ese hueco también se percibe en las consultas. Como ocurre con las personas ‘trans’, a veces requieren tratamientos hormonales. Pueden ser en dosis bajas para cambiar, por ejemplo, un tono de voz demasiado agudo o para redistribuir la grasa corporal, tal y como explica Dree: “Cuando tratas de acceder a tratamientos, que no todas las personas no binarias quieren o necesitan, muchas veces tienes que hacerte pasar una mujer o un hombre ‘trans’ para que te tomen en serio y te den acceso a esos tratamientos”.