El confinamiento para las personas refugiadas: un desafío más en el camino hacia la inclusión

  • Esta situación se torna todavía más complicada para las personas solicitantes de asilo que se han topado con un estado de alarma en un país ajeno y cuyo idioma no hablan
  • En Madrid, ONG Rescate Internacional ha tenido que reiventarse y transformar la ayuda que brinda a estas personas para que sigan sintiendo cerca su apoyo

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El confinamiento que estamos viviendo puede afectar a nuestro ánimo y provocar intranquilidad o estrés. Pero esta situación se torna todavía más complicada para las personas solicitantes de asilo que se han topado con un estado de alarma en un lugar desconocido y cuyo idioma muchas veces no comprenden.

En Madrid, ONG Rescate Internacional ha tenido que reiventarse y transformar la ayuda que brinda a estas personas refugiadas para que sigan sintiendo cerca su apoyo, aunque sea con distancia de por medio. El acompañamiento que realizan sigue siendo clave para lograr su inclusión social en un futuro y se torna incluso más necesario en estos momentos de tanta incertidumbre.

ONG Rescate Internacional dispone de siete pisos de acogida con 33 plazas en Madrid. En estos “dispositivos” se alojan personas solicitantes y beneficiarias de protección internacionales de distintas nacionalidades que huyen de sus países por motivos de género. Bajo este “paraguas amplio” se incluyen personas amenazadas en sus países de origen por LGTBIfobia, matrimonios forzados, violencia de género o mutilación genital femenina.

Llegan con una gran carga emocional, con una mochila fuerte. Vienen de la persecución y se encuentran con un choque cultural. Encontrarse aquí con un estado de alarma, de emergencia, forma parte de esas pequeñas cosas que te van mermando”, explica a cuartopoder Nuria Adeva, responsable del Área de Acogida e Intervención de ONG Rescate Internacional.

En la primera fase de acogida las personas refugiadas conviven en estos pisos junto a gente de diferentes nacionalidades, distintas culturas e incluso muchas veces ni siquiera hablan el mismo idioma. La situación de confinamiento en algunos casos provoca nuevos malestares y tensiones. “Considero que esto va a traer muchas consecuencias a nivel psicológico. Estamos notando mucho que se están fraguando una serie de conflictos y problemas que con anterioridad a la privación de libertad no veíamos”, explica Adeva.

El acompañamiento continúa a distancia

Esta situación, reconoce Adeva, ha sido capaz de desarrollar la creatividad y la capacidad de adaptación en el seno de ONG Rescate, donde se han puesto a trabajar para poder mediar en los conflictos que puedan surgir y seguir adelante con apoyo psicológico, así como con la formación y las actividades que venían realizando. Por un lado, tratan de reagrupar todas las tareas que deben realizarse in situ en el mínimo de visitas posible. Una misma visita semanal o quincenal sirve para llevarles las ayudas económicas, acercarles productos de limpieza o realizar varias intervenciones.

Por otro lado han decidido luchar contra la barrera tecnológica: han instalado wi-fi en los distintos pisos ya que no tenían y han decidido utilizar Internet y los teléfonos móviles para poder comunicarse con ellos. Mantener el contacto con estas personas, explican, es crucial para su bienestar. Las áreas jurídica, social y psicológica continúan atendiendo sus necesidades y una responsable de cada vivienda llama diariamente para mantener ese contacto tan importante. También promueven a distancia las actividades online y el trabajo formativo o hacen un seguimiento educativo de los más pequeños con sus familias, muchas de ellas monomarentales. Sin embargo, una actividad clave para las personas refugiadas que no hablan nuestro idioma son las clases de castellano, una actividad que se ha mantenido estos días.

Más que profesoras de castellano

La profesora de castellano de ONG Rescate, Mere Ortiz Martínez, y las voluntarias que le ayudan, todas profesionales en la enseñanza del idioma, tienen un papel clave estos días. Mediante vídeos que les envían a diario y consultas por teléfono, sustituyen esas clases que antes realizaban de manera presencial de martes a jueves. Mere explica que graba con sus alumnos “miniclases de tres o cuatro minutos de Whatsapp y ellos las visualizan”. Después les llaman por teléfono y mantienen con ellas “una práctica de conversación”. Los vídeos de castellano han resultado ser un éxito porque son fáciles de visualizar también para quienes no suelen navegar en Internet.

Así lo confirma Amira (nombre ficticio para proteger su identidad), una solicitante de protección internacional de Marruecos de 19 años que actualmente se encuentra en uno de los pisos de ONG Rescate. Ya se expresa en castellano, aunque solo lleva siete meses en España: “Algo estresada, ya que me gusta salir y caminar, ir a los parques y visitar a mi pareja, ir a bailar o de compras (…). El idioma es muy importante para comunicarme con otras personas y agradezco haber aprendido en un corto tiempo a hablar español. Gracias”.

Las profesoras de castellano no solo enseñan un idioma, sino que suponen un contacto con el exterior. “Nos transmiten su preocupación, su incomprensión de la situación debido a la barrera lingüística. Nosotros barajamos los plazos, entendemos las noticias, pero ellos no saben qué va a pasar ”, indica Mere. “Hay quienes lo llevan mejor y quienes lo llevan peor. La mayoría de ellos no me han comentado que estén especialmente agobiados, pero a dos o tres sí les cuesta dormir y tienen que tomar pastillas”, explica por otro lado Maika Vicien, una de las profesoras voluntarias.

Estas maestras también ayudan a identificar los bulos o las noticias falsas, que pueden aumentar situaciones de estrés o ansiedad. “Nos preguntan mucho por las noticias y, como no entienden bien la información que reciben, aprovechan para contrastarla con nosotras”, indica Mere. “Muchos de estos vídeos alarmistas o terroríficos también nos los pasan para que les confirmemos si son verdad”, explica.

Aprender el idioma es clave para las personas refugiadas, ya que que de su desempeño dependerá su futuro. El recurso de acogida suele acabarse para estas personas antes del año y las clases de castellano "a efectos reales" suelen dejarlas mucho antes, explica Mere, cuando se hacen incompatibles con otras formaciones y empleos. Aunque estamos en una situación excepcional, la cuenta atrás en el programa de acogida sigue avanzando para ellos con dificultades añadidas. "Ya están aislados socialmente por su estigma como personas refugiadas y por su orientación sexual -en algunos casos-. Ese aislamiento se ha multiplicado durante el confinamiento porque han perdido una de las únicas oportunidades que tenían para salir y relacionarse, una actividad con la que tienen una implicación afectiva: sus clases", resume.

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