Las redes sociales inflan la nueva burbuja bursátil mientras articulan la revuelta civil

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Un joven, con la careta de Annonymus, sostiene un cartel contra políticos y banqueros en Sol. / Alberto Martín (Efe)

No deja de ser una paradoja. Las redes sociales, las plataformas que están articulando la voz civil contra el poder establecido; la esperanza de cambio e incluso revolución de mucha gente por cuanto no están al alcance del control de los grandes grupos políticos y económicos, salen a Bolsa. Apelan al mercado para captar fondos. Se integran totalmente en el lado más voraz del capitalismo y de qué manera.

Si las colocaciones en Bolsa previstas de compañías de los sectores más diversos se las están viendo y deseando para salir adelante en el actual escenario económico tan complicado, por el contrario todo lo que huele a redes sociales afila el colmillo de los inversores. Los dueños lo saben y se aprovechan. De nuevo, la vieja economía queda obsoleta ante la nueva moda que llega como una gran ola.

Los últimos ejemplos así lo acreditan. Linkedin pudo darse la semana pasada el gustazo de elevar el rango de precios un 30% apenas unas horas antes de su exitosa colocación, en un hecho no visto desde la burbuja tecnológica. El buscador ruso Yandex salió también la semana pasada y se disparó. Se esperan las salidas de Facebook, Twitter, pero este pasado miércoles se anunció la colocación de Zynga, la empresa de juegos a través de Facebook, en una operación que podría superar los 7.000 millones de euros.

Algunas publicaciones especializadas (la última el Financial Timesa través de su Lex Column) han dejado claro que quienes quieran salir a Bolsa ahora y no sean redes sociales lo tienen crudo. Por cierto, el rotativo británico ponía de ejemplo a las cajas españolas.

Desde una de ellas, implicada en un proceso de fusión y salida a Bolsa, comentan que “sin duda estamos ante una burbuja, similar a la de las puntocom, pero conviene acordarse de cómo terminó aquello”, recordando que “entonces se vendió humo, subió todo muchísimo, pero dejó atrapada a muchísima gente con pérdidas que jamás recuperaron”.

En este caso hay algunas diferencias, ya que al menos las compañías de redes que salen tienen unas cifras de ingresos y beneficios reconocibles, con proyecciones realistas. En la etapa de hace 10 años salían al mercado empresas que no habían ganado dinero e incluso proyectos que jamás habían facturado un euro. Todo eran expectativas y proyecciones que tenían una base muy poco real.

En cualquier caso, sería curioso que las redes sociales sirvieran para lograr muchas de los avances que deberían afrontarse con urgencia, como la redefinición del papel de los bancos de negocio, (tan responsables de esta crisis, capaces de colocar cualquier producto financiero sofisticado, causantes en gran medida de la inflación financiera actual y de la gestación de la economía artificial que ha terminado por estallarnos), la reforma de los mercados de futuros... todo ello coincidiendo con sus salidas a Bolsa y, por tanto, su definitivo encajonamiento en el sistema.

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