Políticos, el mayor peligro económico

Los mercados y sus principales agentes y portavoces juzgan estos días a los políticos como el mayor riesgo económico, presente y de futuro. Esta curiosa coincidencia en la crítica con los indignados se ha puesto de moda en los medios más emblemáticos del sistema global. Es la clave explicativa en la que justifican el comportamiento de los mercados, cuyas bolsas llevan un recorte las últimas semanas cercano al 15% tras los batacazos de ayer ante la negativa del Banco Central Europeo de recomprar deuda italiana y española,  el mayor desde que la desconfianza surgida hace 4 años llevara un año después a la escalada de la crisis con la caída de Lehman Brothers. La actitud de los políticos en todo el mundo desarrollado, incluida España, se empeña en corroborar esa guía. En realidad es uno de los mandamientos del catecismo liberal que inspira gran parte de la teoría económica actual.

Publicidad

Apertura de la edición digital de 'The Economist' hoy, 5-8-11.

No había ni hay razones económicas suficientes para que se repita la historia iniciada hace 4 años y entremos en una doble recesión, repitiendo la experiencia de 1932; ni en los EEUU ni en Europa, y mucho menos en Italia y España. Pero sí podría poner infinidad de ejemplos de esa premisa que presenta los fallos, errores y disfuncionalidades de la política en el mayor riesgo económico, tras los fallos de autorregulación financiera que encendieron la crisis de confianza de los mercados financieros a partir de julio del 2007 . Una sería el análisis que justifica la ultima portada de The Economist, al culpar a los políticos en general y a la falta de liderazgo de Obama y Merkel en particular del riesgo de sumir las economías de sus países y los nuestros en una recesión tan larga como la de Japón, riesgo que aquí presentamos hace un mes. También de llevar a los mercados a especular con una divisa en declive (dólar) y otra en riesgo de desaparición (euro), al son más famoso de The Vapors: turning japanese. Tras ello,  el número de la revista que sale hoy se pregunta también desde portada si la economia mundial está ante otra recesión sin haber salido todavía de los niveles de actividad y empleo perdidos con la anterior.

Otras acusaciones a los políticos

Asimismo, Mohamed El-Erian, otrora alto cargo del FMI y hoy presidente del mayor fondo de inversión, decía el martes en Financial Times que ante la “evidencia de gobierno disfuncional en los EEUU, algunos países también están preocupados por su capacidad de seguir como ancla del sistema financiero global”, aunque concluía que “no hay otro país para asumir este papel y esa base débil se traduce en una mayor fragilidad para el sistema en su conjunto y, por tanto, un mayor riesgo de fragmentación gradual”.

Semanas antes del espectáculo teatral presentado por los principales políticos europeos y el pasado lunes por los de EEUU, el banco Citi presentaba como resultados de una encuesta entre su clientela que  los errores de las políticas gubernamentales son el mayor riesgo económico para los próximos doce meses (45% de la opinión),  el triple que la geopolítica y el terrorismo y cuatro veces más que los precios de las materias primas o la evolución de  los ingresos (ver cuadro adjunto).

Riesgos económicos para los próximos 12 meses según los clientes del mayor grupo mundial de servicios financieros.

Los clientes de Citi, mayor grupo de servicios financieros del mundo y la primera compañía en combinar seguros y banca tras la gran depresión de 1929, coinciden en esto con los indignados cuyas incoherencias ya comentamos: el mayor riesgo son los políticos.  Pero los indignados han mostrado hasta ahora la misma incapacidad de los políticos para elaborar un programa alternativo al de los gobiernos y organizaciones intergubernamentales. Estos, en cambio, asumen los planteamientos de los clientes de los mercados, esas entidades abstractas que se han alzado con el gobierno real de la política y reniegan de los políticios, aunque imponen ajustes y recortes de gastos que impiden el crecimiento necesario para pagar las deudas.

Voy con esa carencia de razón y última prueba de la culpabilizacion de los políticos. Acabo de desayunarme con la más sorprendente de esas acusaciones. Leo un editorial del Financial Times reconociendo al fin lo que defiendo desde hace varios años, cada día en mayor soledad: España es y seguirá siendo solvente como para no necesitar rescate alguno de su deuda soberana. La biblia del capitalismo, tan clara como el gran libro, dice que Italia tampoco. No repetiré sus argumentos ni los míos, pues lamentablemente habrá en las próximas semanas y meses más días que longanizas. Tampoco importan ahora para comprender la actitud de los mercados, pues la más  asombrosa, concluyente y real es la que añade el séptimo párrafo del editorial, titulado La defensa de España e Italia decidirá el futuro de la Eurozona:

“La mayor responsabilidad en disipar los temores del mercado radica en los dos países mismos. Pero incluso si ambos hacen todo lo necesario  -y España se ha acercado-, eso podría ser insuficiente. El mercado tiene sus razones, que la razón no puede entender: si suficientes operadores encuentran los bonos italianos y españoles demasiado arriesgados, sus operaciones pueden convertir sus temores en realidad”.

No nos interesemos ahora por esa capacidad de autocumplir profecías, sino por la negación de racionalidad en los resultados de un comportamiento que precisamente la teoría económica enraíza como racional. Si admitimos que los agentes actúan racionalmente al iniciar el proceso,  llegamos a la conclusión de que existe racionalidad o adecuación entre medios y fines en ese proceso de formación de voluntades por la búsqueda del beneficio individual, pero no en los resultados en muchos casos de beneficio y en casi ninguno del colectivo.

Después de todo descubrimos que el corazón tiene razones que la razón desconoce, idea expresada hace casi cuatro siglos por Blas Pascal, quien inventó la teoría matemática de la probabilidad y la primera calculadora no china, compatibilidad que hoy adquiere mayor sentido  en el actual apogeo de un cálculo racional que alguien también muy lúcido presentó como la locura racional del capitalismo. Asi comprobamos nuevamente que la principal sinrazón de todas las razones es la fuerza de unas expectativas al final nada racionales, sino más bien un tipo de sentimientos o Animal spirits presentados por Keynes en su Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero, siete años después de iniciarse la Gran Depresion; es decir, en una coyuntura económica no muy diferente a la comenzada hace ahora justo cuatro años.

Secuestro de la economía y los hechos

Ahora que la moda era denunciar el secuestro de la política por la economía de los mercados, ha quedado de manifiesto que puede ser incluso peor el secuestro de la actividad económica e incluso de los hechos más incontrovertibles por opiniones, ideas o ideologías que carecen de fundamento económico, aunque logran escenificar representaciones teatrales que terminan por persuadir al electorado. Ese secuestro acrecienta los efectos de la crítica a los principales líderes políticos como incapaces de cumplir la principal función atribuida a los políticos por la teoría de la democracia (organizar el consenso) y también por la teoría económica (tomar decisiones para que la politica económica suavice tanto auges como recesiones).

En Europa ya hemos expuesto en diversas ocasiones lo sucedido los dos últimos años. Por temor a supuestas transferencias de rentas desde el centro a la periferia --transferencias realmente carentes de instrumentos monetarios, presupuestarios y fiscales--, se rehúye avanzar en la integración y se incurre en  errores que ahora amenazan con la recesión hasta la propia Alemania. Por evitar mínimas transferencias que hubieran sido positivas para ambas partes, se incurre en pérdidas de rentas por parte de todos.

Otro fundamentalismo ideológico carente de fundamentos empíricos lo acabamos de ver en los EEUU con el Tea Party, cuyo poder es mayor que el de sus escaños, quizá por su apalancamiento económico. Su negativa a subir los impuestos o renunciar a las bajadas que empezó a aplicar su ídolo, el maestro de actores Ronald Reagan, provocará pérdidas entre los norteamericanos y el resto del mundo. Tanta escenificación al demonizar el déficit y deuda pública obviando que los padres son el déficit de actividad y de empleo, ha hecho olvidar a muchos que Reagan llegó al gobierno en 1981, cuando la deuda regsitraba un mínimo del 32% del PIB, aplicó su famosa bajada de impuestos para estimular la política de oferta y lo dejó o en el 54% y subiendo. Dos décadas después, George W. Bush lo retomó el 2001 con el 57%%, para salir en el 2009 con el 87% y ante una crisis nunca vista desde los años 30, además de con los gastos de dos bajadas de impuestos y dos guerras por él provocadas y heredadas por Obama, demonizado por acabar de superar en esas condiciones del 100%.

En España, donde Zapatero tuvo ayer peor cumpleaños que su colega norteamericano, el espectáculo es todavía mejor conocido. Acabó ayer por centrar la novedad de la política en la petición de un anticipo del anticipo electoral, como si todo el problema fuera Zapatero. Tras oponerse a todas las reformas del último año y presentar a España o sus autonomías en quiebra, al final Mariano Rajoy señala que España no va a ser rescatada porque " es un país solvente". ¿Cuántos puntos en la prima de riesgo atribuida al contrincante ha costado esa actitud?. Dicen que cada 100 puntos básicos adicionales (y van mas de 200 el último año de reformas) cuesta 12.400 millones de intereses anuales, tanto como los primeros  recortes de Zapatero en los sueldos de los funcionarios en mayo del año pasado, dineral que como el de los ajustes sin fin que le siguen se filtra por el sumidero de los mercados en una cuantía mas que duplicada, pues esa estimación es sobre el 68% de la deuda pública, cuando la privada que también paga prima de riesgo-país es cuatro veces superior.

La clave mas novedosa no es que haya quedado probada otra vez la paradoja de que el abuso de la democracia puede llevar a su colapso, regla ya conocida y muy practicada por los filibusteros de la política desde que Catón el Joven paralizaba con su interminable discurso las iniciativas de Julio Cesar. Lo mas relevante de este nuevo filibusterismo ideológico es que haya creado incentivos de gran apalancamiento, en la economía a todo aquel que intente maximizar sus beneficios extremando el riesgo de la retorica ideológica y en politica a los nuevos grupos ultras, xenófobos y antieuropeos que desde la derecha practican el entrismo ensayado por los comunistas desde la revolución soviética.