Pequeñas presas en España y Europa para contener un enorme tsunami especulativo

 

Imagen de esta misma semana de las pantallas que informan sobre la marcha de las cotizaciones en la Bolsa de Madrid. / Manuel H. de León (Efe)

El viernes se supo que los reguladores españoles prohibirán durante unos diítas los cortos sobre los valores financieros, pero, a su vez, los europeos quieren que este tipo de medidas se apliquen con carácter general. Un asunto que no es nuevo y sobre el que nos hemos cansado de hablar en cuartopoder.es. Ahora, nuestros gobernantes parece que, tal vez molestos porque les han estropeado en parte las vacaciones, se ponen a la tarea de poner pequeños diques a un tsunami, que entre otras cosas, es el causante de la crisis.

Poner una leve prohibición a los especuladores que se ceban sobre los valores españoles es ridículo. No basta con poner una tirita a una herida que precisa de cirugía. La capacidad de invertir sobreapalancado,  es decir, con dinero que no se ha puesto y con títulos que no se tienen, ya sea al alza o a la baja, es algo que nos ha estallado hace tiempo y ha dejado el camino sembrado de cadáveres. Pretender frenar esa marea un poquito es asegurarse de que volverá con bríos renovados.

Hace falta una reforma financiera en profundidad del sistema y esta va en el sentido de ligar la economía ficticia al capital. El que quiera especular, que ponga dinero de verdad y no le baste con comprar unas opciones a futuro por una leve prima sobre el principal para, a continuación, esparcir rumores o, directamente, publicar informes conforme a los intereses particulares. Eso y no otra cosa es lo que ha estado haciendo la gran banca de inversión estos años.

Causaron la crisis, tuvieron que ser rescatados y ahora continúan a sus anchas. Siembran la desolación allá donde van, ya sea en las materias primas (crudo disparado pese a contracción económica global), la deuda (primas de riesgo al borde del default) y, ahora, con las Bolsas. Porque hundir las Bolsas también hace daño a la ciudadanía.

¿Hacen falta algunos ejemplos? Ahí van, que seguramente les vendrán bien a los políticos. Dejando de lado la ingente cantidad de ahorradores, a través de acciones o fondos de inversión, que se ven muy perjudicados por los ataques especulativos, hay otros factores bursátiles que atacan directamente a la economía real.

El primero y más evidente es que con un entorno así, ninguna compañía se atreve a salir al mercado a captar dinero con el que llevar a cabo planes de crecimiento, expansión, investigación y, por tanto, empleo, riqueza… A saber cuántas empresas habrá ahora mismo con sus planes de salida a Bolsa congelados sine die.

Entre  otras, nuestras loterías y aeropuertos, que se quieren lanzar al mercado para dar una bocanada de aire fresco a las arcas públicas. Cuanto más caiga la Bolsa, más difícil está esa operación. Luego nos dicen que no se pueden pagar las pensiones, la sanidad; que hay que retrasar aun más la jubilación….

En segundo lugar, pero también importante: muchas compañías cotizadas tienen participaciones en otras que, con toda seguridad, han comprado con créditos. Al caer el valor de su inversión, se ven obligados por la entidad crediticia a provisionar más garantías por el préstamo. Así, la empresa en cuestión se tiene que rascar el bolsillo, lo cual afecta a su cuenta de resultados, por lo que se plantea recortes o, en el mejor de los casos, congela planes de inversión y desarrollo. El resultado, menor crecimiento… o despidos, claro. Nuestro mercado está lleno de compañías con participaciones cruzadas, financieras, estratégicas…

Asimismo, hay unos cuantos bancos especializados en pymes (Sabadell, Popular; también los grandes y las cajas cotizadas) cuyos clientes tienen como garantías para sus pólizas de crédito paquetes accionariales. Al caer la cotización, o aportan más provisiones o se les cierra el grifo de la financiación. Por tanto, los proveedores tardan más en cobrar, las nóminas empiezan a retrasarse, llegan los despidos… ¿les suena?

¿Y cuanta gente puede haber con dinero colocado en acciones y están inmovilizados? Un capital que tal vez podrían haber repescado para decisiones de inversión, pero que ahora no pueden rescatar si no quieren materializar una enorme pérdida. Inversores que pensaban realizar alguna operación este año y la han desechado. Hay más gente en esa situación de la que se pueda imaginar.

Poner ahora un leve coto a los cortos es querer parar un río con las manos. Hace falta una reforma estructural, que ponga fin a esta economía virtual, que usa como armamento de destrucción masiva instrumentos financieros sofisticados. Ya se sabe cómo es la historia de los grandes dominadores de los mercados; esto es, la banca de inversión: si ganan, aunque sea a costa del desastre de muchos, todo es para ellos, si pierden, hay que rescatarles con dinero de todo porque son demasiado grandes para caer. Eso es lo que hay que cambiar, no poner parchecitos. Qué desastre de políticos tenemos. Qué habremos hecho para merecerlos.


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