La decadencia de Rajoy

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Rajoy conversa con Sáenz de Santamaría durante la sesión de control del pasado miércoles. / Zipi (Efe)

En su intervención parlamentaria del miércoles, Mariano Rajoy afirmó enfáticamente que “ese proceso –en alusión a la regularización fiscal que su Gobierno concedió en 2012– ni limpia ni borra delitos”. Rajoy intentó con esas palabras calmar y convencer a unos ciudadanos hastiados por el ‘asunto Rato‘ y otros perdones tributarios de la bondad de su conducta sobre un tema capital: el presidente del Gobierno no habría otorgado ninguna ‘amnistía’ a los defraudadores. Sin embargo, en la misma fecha, su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, pronunció por primera vez desde las filas gubernamentales la palabra maldita y prohibida: ‘amnistía’. En cualquier pareja siempre hay uno que baila peor y le pisa el pie a su acompañante. Con ingenuidad, sin mala intención.

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El plazo para la regularización –a través de la presentación de la declaración tributaria especial– concluyó el 30 de noviembre de 2012. En el BOE del 28 de diciembre de 2012 se publicó la Ley Orgánica 7/2012, por la que se modifica la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal en materia de transparencia y lucha contra el fraude fiscal y en la Seguridad Social. ¿Una Ley que lucha contra el fraude fiscal? En la disposición adicional única de la citada LO 7/2012, que regula los ‘efectos de la declaración tributaria especial’, quien hable castellano y no sea analfabeto puede leer lo siguiente: “Se entenderán declaradas dentro del plazo establecido en la normativa de cada tributo respecto de cada período impositivo en el que deban imputarse, las rentas inicialmente no declaradas regularizadas a través de la declaración tributaria especial prevista en la disposición adicional primera del Real Decreto-Ley 12/2012, de 30 de marzo…”. Dicho en román paladino: una Ley impulsada por el Gobierno de Mariano Rajoy limpió y borró los eventuales delitos contra la Hacienda Pública cometidos por quienes poco antes habían regularizado (administrativamente) su situación tributaria, siguiendo las recomendaciones del mismo Gobierno.

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En su reseña de La decadencia de la mentira (Oscar Wilde, 1898), Ferran Toutain dice, a mi juicio, una gran verdad. Toutain: “En una época como la nuestra en que todo depende de las ideologías, en que las novelas, políticas o sentimentales, aspiran más a la tergiversación que a la mentira y en que el Arte se quiere pasar por los fogones, parece oportuno recordar las observaciones de Wilde aunque ya no tenga que hacerles caso nadie”.

Lo peor de Rajoy no son sus mentiras al pueblo. Lo que realmente nos debería hacer temblar de miedo a todos es la lectura cotidiana de un bodrio, la comedia de un hombre negado para escribirla. Como el destino y la voluntad popular han puesto en manos de ese hombre la defensa del interés general, su comedia produce más espanto que risa. Para gracioso, Pinocho.