El mal ladrón

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Pantalla de la Agencia Tributaria en una de sus oficinas. / Efe
Pantalla de la Agencia Tributaria en una de sus oficinas. / Efe

Hay tres clases de mentiras: mentiras, mentiras gordas y estadísticas. La Agencia Tributaria, en la campaña del IRPF de 2014, ha inventado una cuarta categoría a la que soy incapaz de ponerle nombre. Porque quizás en este caso lo de “estadísticas” se quede corto. Sea lo que fuere, algunas ficciones disfrazadas de rendición de cuentas y explicaciones plausibles al personal resultan contraproducentes para sus autores. Hay estadísticas que mezclan con poca prudencia, por acción u omisión, a los contribuyentes y a los que se lucran delictivamente de sus esfuerzos (los corruptos). No es bueno mencionar la soga en la casa del ahorcado. Tampoco pensar que son bobos los ciudadanos que pagan sus impuestos.

En la declaración del IRPF de 2014 existe una novedad en relación con años anteriores. Al imprimir el modelo oficial en la forma de presentación telemática, a la par que un duplicado de la propia declaración, la máquina utilizada escupe una hoja adicional. Se trata de una “información al contribuyente del destino de sus impuestos” que lleva el copyright de la Agencia Tributaria, como buena cumplidora que es de la Ley de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno. En esa hoja la Agencia tiene la gentileza, tras formular la pregunta “¿a qué se destina cada euro recaudado?”, de dibujar un pastel cortado en porciones de desigual tamaño. El trozo más grande (40 céntimos) se lo llevan las pensiones y otras prestaciones sociales. Le siguen la sanidad (14) y la educación (9), completando las demás partidas, naturalmente, el 100% de cada euro recaudado. Ese es el resumen de la aplicación de los ingresos públicos (de todas las Administraciones) a las distintas políticas de gasto en el ejercicio 2013, el último liquidado a fecha actual.

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Cuenta un evangelio canónico que Jesús de Nazaret fue crucificado en medio de dos malhechores. Eran dos ladrones que, según algunos evangelios apócrifos, ejercían la misma profesión aunque eran de muy distinta catadura moral. Uno –el buen ladrón- se llamaba Dimas y acabó confesando su culpa a Jesús. El otro –el mal ladrón- se llamaba Gestas y, espoleado por los tormentos de la crucifixión, exhaló su último suspiró burlándose del galileo y del resto del mundo.

En el pastel de la Agencia Tributaria no aparece ningún mordisco de Luis Bárcenas, ninguna huella de las babas de Francisco Granados y tampoco, como en el roscón de Reyes, un diente podrido de Jordi Pujol. ¡Bendita transparencia! Una burla más a los ciudadanos, una gesta de mal ladrón. No me refiero a los responsables de la Agencia Tributaria. Pero hay cosas mejores que meter la patita en un terreno escabroso y cómplice. Se pueden hacer cosas mejores que provocar. Como callarse. No se gana nada pero tampoco se ofende a nadie.

 

1 Comment
  1. janu says

    En absoluto desacuerdo.

    1º. Lo del evangelio es una soberana estupidez. Ni los romanos, ni los judíos colgaban de la cruz a los ladrones.

    2º Y El Bárcenas, el Granados el Pujol y el propio susodicho, como en general la plana mayor del PP: los Rajoyes, los Aguirres, los Costas, y demás chorizos de la increíble sarta del Partido Popular, nos son malos ladrones. sino muy buenos. ¡Anda que no cuestas descubrir sus latrocinios y, luego, conseguir que la justicia les castigue como es debido, devuelvan la mitad de lo robado y que cumplan al menos con un octavo de la condena.
    Anda que no cuesta

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