El PP cierra la legislatura con 4,8 millones de parados y cifras récord de temporalidad

Las cifras de la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre de 2015, la última de la legislatura, son fiel reflejo de lo que, cuatro años después, ha supuesto la aprobación de la reforma laboral del Gobierno del Partido Popular. Según los datos publicados hoy por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el número de parados al finalizar septiembre era de 4.850.800, tras registrar un descenso de 298.200 respecto al trimestre anterior. El número total de activos con empleo se situó tras el verano en 18.048.700. La tasa de paro se redujo 1,19 puntos, hasta llegar al 21,18%, su nivel más bajo desde el segundo trimestre de 2011.

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Viendo estos datos, con los que el Gobierno se declara abiertamente satisfecho, la primera reflexión que le salta a la cabeza a un mal pensado –como el que suscribe esta crónica– es que una vez conseguido el objetivo de limpiar el mercado laboral de trabajadores con derechos, una vez que la reforma abarató el despido y millones de empleados se fueron a la calle en empresas con y sin beneficios, una vez vaciada completamente de contenido la negociación colectiva y, cómo no, aprovechando el repunte del crecimiento registrado en el último año, la conclusión no podía ser otra que la de que las empresas tenían que reponer personal con nuevos trabajadores mal pagados, temporales, precarios y sin derechos. Y eso es lo que ha ocurrido.

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Y es que, además de ofrecernos la cifra de ocupados, la EPA proporciona también los datos de quiénes son, cuáles son las condiciones de sus empleos y en qué sectores han encontrado trabajo. Estos apartados, insistentemente ignorados por las notas oficiales del Gobierno, nos dicen tanto o más que el simple dígito del número de ocupados. Y analizándolos hay dos cosas que quedan meridianamente claras. La primera, que la reforma ha servido, fundamentalmente, para profundizar en la temporalidad de nuestro mercado laboral. La última EPA del Gobierno de Mariano Rajoy informa de que la tasa de temporalidad se ha disparado y cierra la legislatura en el 26,1%, la más alta no ya de los últimos cuatro años, sino desde finales de 2008. Y es que si los asalariados con contrato indefinido se han reducido en los últimos tres meses un 18,9%, los que han firmado un contrato temporal han aumentado un 205,5%, y eso parece algo más que una tendencia, parece, de hecho, un objetivo.

Por otro lado, ese tipo de contratos se han firmado en la mejor temporada turística de la historia en el sector servicios, que copa la práctica totalidad de las nuevas contrataciones. De hecho, el desempleo bajó un 59.9% en ese sector durante los meses de verano. Empleos de pura subsistencia, que no requieren cualificación y no aportan valor añadido. Trabajos para seguir tirando con cuatro duros. Como medida de urgencia, una política así diseñada podría entenderse, pero –y volvemos al mal pensado– el tufo de apuesta estructural apesta en estas cifras.

La segunda evidencia tiene que ver no ya con los ocupados, sino con los parados. Y aquí los datos, que mejoran, siguen siendo absolutamente insostenibles. De hecho, de los 4,8 millones de desempleados, 2.651.700 lo son de larga duración (llevan más de un año buscando empleo). De ellos, 290.600 llevan más de un año buscando su primer empleo. Otro dato que podría interpretarse como ‘positivo’ es el descenso de las familias con todos sus miembros en paro, que se reduce hasta las 1.572,9. El problema es que, según los informes de las organizaciones sociales y sindicales, disponer de un empleo ya no implica desterrar el fantasma de la pobreza en una familia. Este es el balance de la legislatura ‘popular’ en lo que a empleo se refiere. El próximo 20D toca respaldarlo… o ajustar cuentas…