Los capotes de Boyer al Gobierno, de oreja y vuelta al ruedo

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Boyer, tras su intervención en el Instituto de Ingeniería./ JCE

Miguel Boyer nunca destacó por su oratoria y, a medida que los años le han caído encima, ha cogido la manía de no terminar las frases, aunque tampoco eso resulta especialmente problemático ya que todo el mundo sabe, en realidad, qué es lo que va a decir. Comparecía ayer en una jornada organizada por el Instituto de Ingeniería de España en la que se pretendía escudriñar dónde están y hacia dónde van la economía y las empresas españolas. ¿Lo más destacado? La familiaridad con la que habló de la vicepresidenta económica, Elena Salgado, con quien parece estar muy unido.

Tampoco esto hubiera debido causar extrañeza porque, como conocen, Boyer emprendió el camino del PSOE hacia FAES mientras se doraba el riñón en la Cartera Central de los Albertos o en CLH, y sin moverse de la fundación de Aznar se ha convertido en asesor áulico de Zapatero, que es el que ideológicamente ha corrido a su encuentro. Parece lógico, por tanto, esa intimidad con Salgado, con la que aseguró haber discutido a cuenta de la subida del IVA por considerarlo una medida prematura: “Me dijo: ¿Pero tú te crees que en año electoral me van a dejar subir los impuestos? Y llevaba razón, así que mejor haberlo subido ahora”. Boyer aprecia mucho a la vicepresidenta, una mujer “rigurosa” y “con instinto”, sobre todo después de que, a sugerencia suya, fuera nombrado consejero de Red Eléctrica.

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A juzgar por las opiniones de Boyer, el Gobierno ha hecho justo lo tenía que hacer en cada una de las fases de la crisis, y ni siquiera erró al no detectarla ya que, según dijo, “nadie la vio venir, y por eso el BCE actuó tan mal y tan tarde, con Trichet diciendo que el problema era la inflación y no los tipos de interés”. Así, se aprobaron primero estímulos a la economía con las bendiciones del FMI y la OCDE, y cuando tocó hacer los deberes, porque los mercados lo impusieron, se concretó una reforma laboral “que mejora sustancialmente la que había hecho el PP en 1996”.

No crean que el marido de Isabel Preysler regala los piropos. Puso a escurrir a las agencias de rating, “nefastas en tiempos de auge y nefasta en la crisis”; a los “economistas superficiales”, que son todos los del FMI y la OCDE; a los economistas americanos que en todas las conferencias nos dan por muertos sin haber estudiado lo que nos pasa; al Financial Times, que un año antes de la crisis colocó al ministro de Economía griego el segundo de un ranking de eficiencias en el que Solbes era el séptimo; a las cajas de ahorro que, hasta la reforma, eran “la parte más absurda del sistema financiero” pensadas “para que a los campesinos de la azada les dieran un crédito para sembrar”; a los bancos , de los que opina que teniendo dinero del BCE al 1% y tomando deuda del Estado al 4% “saldrán adelante”; y por supuesto a Greenspan, “el autor del desastre de los tipos de interés bajos”.

Aun así, a Boyer se le ha contagiado algo del optimismo antropológico de Zapatero, pero sin pasarse. Cree que, aunque lentamente, saldremos de la crisis porque es lo que corresponde a un país que en 50 años ha multiplicado por ocho el PIB per cápita, que ha reducido distancias con Francia o Italia y cuya economía es hoy la mitad que la alemana cuando hace medio siglo era la cuarta parte. “Me resisto a pensar que vamos a volvernos imbéciles de pronto”. Ahora que una cosa es esto y otra pensar, como hace el Gobierno, que al año que viene se podrá crear empleo cuando “en los últimos 35 años jamás se ha hecho creciendo por debajo del 2,7%”

Entre sus recetas, las ya conocidas. Esta vez no pidió que se retiraran los subsidios extras al desempleo para que los inmigrantes tomaran el portante y se fueran, pero sí subrayó que el paro ha subido mucho porque la población activa ha aumentado desde 2008 en 800.000 personas y apenas 50.000 inmigrantes han hecho las maletas.

Con Boyer habría menos funcionarios, los empresarios pagarían menos cotizaciones a la Seguridad Social y los trabajadores más, se acabaría la moratoria a la energía nuclear, que “es la más limpia y sólo disgusta a los ignorantes”, los mineros tendrían que jubilarse y se acabarían las subvenciones a energías como la fotovoltaica: “Cuando hay un error, hay que reconocerlo y hacer algo”.

Le miraba complacido otro ex ministro de Hacienda, aunque lo fuera con Arias Navarro: Juan Miguel Villar Mir. El presidente de OHL es otro pronuclear convencido y muy austero a juzgar por su palabras: “Sigo apagando la luz cuando salgo del despacho y me gusta hacerlo”. Acostumbrado  a prosperar a costa de la Administración -Villar Mir es de los que no han puesto un euro en toda su vida ni para jugar al amigo invisible-, es firme partidario del adelgazamiento de lo público, que siempre engorda a privados como él.

Transcurrieron de esta forma dos horas de charla, en la antesala de la huelga general de mañana. ¿Que qué dijo Boyer del paro? Ni una palabra.

4 Comments
  1. Verde says

    Buenos días: tienen el gusto de presentarse uno de los «ignorantes» que están en contra de la energía nuclear. Probablemente no sepa tanto como este señor, pero al menos si sé respetar a los que no piensan como yo, no les llamo ignorantes.

  2. Luas says

    Ese señor Boyer, siempre en idas y venidas, acercamientos y alejamientos al PSOE, ¿no había acabado finalmente en la derecha? ¿Qué pasa? ¿Necesita otro pelotazo a costa de lo público? Sobran sinverguenzas y caraduras que encima quieren dar lecciones.

  3. jaleba says

    solución de un votante de izquierdas:
    si has votado al PSOE,vota en adelante a IZQUIERDA UNIDA…de esa forma les obligas a los socialistas a gobernar con ellos…y a ver que dice el capital y la banca.

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