Rajoy se ve comiendo las uvas en Moncloa

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Rajoy da la palabra a un periodista durante su rueda de prensa de ayer viernes. / pp.es

No es que los políticos mientan más que hablen, sino que se expresan en un idioma diferente y sin traducción simultánea. Así, si dicen que veranearán en la montaña y aducen como argumento que el aire limpio es muy saludable y que el silencio les ayudará a combatir el estrés, lo normal es que ya tengan reservado apartamento en Torremolinos encima de un After Hour. No puede decirse que engañen porque se les ve a la legua la cinturilla del bañador sobresaliendo por el pantalón. El caso es que no se les entiende.

Algo semejante ocurre con Zapatero, que ayer anunciaba el adelanto de las elecciones generales a noviembre, una idea que, tal y como dijo, siempre había estado en su cabeza para permitir que el nuevo Gobierno asuma las riendas de la economía desde el primer día de 2012 y dar al mismo tiempo confianza y certidumbre. ¿Que por qué teniendo madurada esa idea se ha hinchado a repetir por activa y por pasiva que agotaría la legislatura para completar las reformas que el país necesitaba? Pues porque él es muy libre de decidir cuando convoca aunque todo el mundo supiera que lo de Torremolinos estaba cantado.

El anticipo electoral no ha sido, por tanto, ninguna novedad. No es que lo pidiera Rajoy, que con perífrasis distintas nos lleva aburriendo un año con la copla, o que lo exigiera CiU, los empresarios y hasta la selección de waterpolo. Implícitamente, las reclamaba el propio candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, especialmente tras esbozar el contenido de su programa electoral, tan parecido a la acción del Gobierno como pueden serlo una jirafa y un paramecio.

Tal y como estaba previsto en la mente presidencial y en la del resto del planeta, el anuncio se ha realizado tras constatar el CIS que Rubalcaba es incapaz de hacerlo peor que Zapatero en los sondeos y después de que la Encuesta de Población Activa del segundo semestre certificase que por fin se crea empleo, aunque sea con cuentagotas. Se trata de un trampolín muy pequeño para que el ex vicepresidente tome impulso de aquí al 20-N pero menos da una piedra.

La única incógnita que queda por desvelar es si la convocatoria coincidirá con la fecha de las elecciones andaluzas. Ayer Griñán volvía a insistir que agotará los plazos hasta marzo, pero no es descartable que dé en septiembre un golpe de efecto y fije las autonómicas para el 20-N, lo que confirmaría la sospecha de también ha alquilado piso en Torremolinos, que a este paso se va a poner de bote en bote.

Zapatero ha descrito la cita electoral como el colofón a su despliegue reformista, que aún escribirá un último capítulo con una modificación a mediados de agosto del impuesto de sociedades, en vista de que la reforma que ya se hiciera hace un año ha provocado un quebranto importante a las arcas públicas. Está visto que por mucho reformar no se recauda más dinero.

Si hubiera que elegir quién era ayer el hombre más feliz del mundo, una apuesta  segura era la de Rajoy, que se ve ya comiéndose las uvas en una salita de Moncloa junto a sus allegados más queridos. Compareció con una sonrisa franca, muy diferente de la que, además de sus trajes,  ha hecho famoso a Francisco Camps, y sin decir qué se disponía a hacer sí dijo lo que no haría, lo cual es todo un avance comunicativo. Según explicó, nadie ha de esperar de él recortes sociales porque gobernará desde el centro, que es lugar de la virtud aristotélica y de los moderados como él.

Se dirá lo que se quiera pero lo que no se le puede negar a Rajoy es un gran sentido del humor. Cuando se le pidió que refiriese por dónde irían los tiros de su programa electoral respondió que éste era ya muy conocido por el conjunto de los españoles y que no daría ninguna conferencia sobre él. Nos hubiéramos conformado con un dato, tal ha sido su hermetismo en los últimos años. Lo de este hombre es muy cómico. Como gane, nos vamos a divertir de lo lindo.


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5 Comments
  1. Jonatan says

    A mí no me importa que se coma las uvas con tal de que no nos obligue a los demás a comernos las uñas como Schoemacher. Me ha divertido su artículo, Escudier. ¿Anda usted por Torremolinos?

  2. Mariano says

    La sonrisa de Rajoy tiene su por qué: le han dejado claro a ZP que no puede seguir tras el fracaso de la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera. Hay otras causas para decidir el adelanto, claro.

  3. Miguel.V says
  4. FRANCISCO PLAZA PIERI says

    Justo es que si los españoles le conceden la mayoría simple o absoluta, el señor Rajoy tome sus uvas en La Moncloa.
    Claro está, con mi voto que no cuente.
    Nunca he visto a una persona, político o arquitecto, qué más dá, que mediante sus años de oposición se haya movido menos que él. Vamos, que no se ha ganado ni el agua que bebiera.
    Sabido es que, según las encuestas, se las va a llevar de calle…, cosa que no se entiende. ¡Bueno, sí se entiende!, porque los votantes somos un poco vagos, en ello radica la victoria de quién, se ve comiendo las uvas en aolcnoM aL.

  5. Arnedo says

    Personalmente, no doy mucha importancia a que un político mienta, es posible que en ocasiones sea necesario (véase la ética de responsabilidad de N. Tenzer).

    Esto, sea dicho al margen de qué partido político estemos hablando.

    Lo que no es de recibo es la búsqueda contínua de medios para perpetuarse en el poder en lugar de tomar decisiones (preferiblemente consensuadas) a largo plazo.

    http://josearnedo.blogspot.com/

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