La lengua y las narices

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Vaya por delante que no sé ni por qué me molesto en escribir este artículo. Con el que si tengo garantizado algo, es que nadie me va a querer entender, a causa del mismo desastre que paso a describir.

Tema inmersión lingüística: Constitución en mano, los que protestan tienen razón. La Carta Magna consagra y protege el derecho y el deber de hablar español. No dice ni mu de ninguna otra lengua. Eso significa que toda defensa del catalán que pase por arrinconar al español así sea en un grado mínimo es ilegal. Es decir, impugnable ante un tribunal.

¿Que la inmersión lingüística del catalán no arrincona el español ni en un grado mínimo? Mentira. Todo bilingüe de cuna sabe de qué hablo. Desde Babel las distintas lenguas no han nacido para respetarse o entenderse, sino para hacerse la guerra total. Para que una le coma los hígados a la otra. Los que sólo hablan un idioma odian y/o desprecian a los que hablan todas las demás, con un plus de rencor inaudito para los que hablan lenguas más dominantes, como el inglés. Pueden hacer como que no, pueden dárselas de multiculturales. Pero ese y no otro es el mayoritario sentimiento: qué rabia da hablar en cristiano y que no te entiendan, o que no te quieran entender.

Hace falta toda una vida de bilingüismo para amar dos o más lenguas y no estar loco. Que lo de no estar loco… es un decir. Yo me siento genuina y orgullosamente esquizofrénica, y hasta oligofrénica, pues no soy la misma persona en catalán que en español que en inglés. Gobernar mis distintas personalidades traductor del Google en mano supone todo un reto.

Hubo un tiempo en que el gran problema (entre otros) de Cataluña es que el uso de la lengua catalana estaba perseguido y prohibido. Remontar eso y las secuelas de eso nos costó un congo. Las lenguas que sólo se hablan en la intimidad o a escondidas son como los músculos de un paralítico. Se atrofian, se infantilizan. Costó mucho rescatar el catalán de la camisa de fuerza que llevaba. Hablarlo y escribirlo sin miedo, con soltura, con elegancia. Muchos no lo han logrado todavía. Bastantes no lo lograrán jamás.

Empieza a pasar lo mismo con el español. Es un hecho objetivo que hoy en Cataluña retrocede, no el uso cuantitativo del español (eso es sociológicamente indefendible), pero sí su uso cualitativo. Y es que no tiene vuelta de hoja: lo que no sube, baja. Cuando la lengua vehicular en todas o la mayoría de escuelas catalanas era el español, el catalán se resentía. Ahora ocurre al revés.

Y eso siendo verdad, insisto, que el español en Cataluña tiene un peso en la calle que no se lo salta un gitano, aunque a veces la hinchazón mediática del independentismo pueda hacer pensar otra cosa. De las nueve décimas partes sumergidas de la Cataluña real, más de cinco hablan español.

Ahí está la oscura raíz del drama. Y de la paradoja. Pocos sentimientos de identidad en el mundo han dado nunca tanta importancia a la lengua como el catalán. Es el alma, es el clítoris, es la madre del cordero. Y el padre. Y el cordero entero. Para hacerse amar por los catalanes étnicos, nada tan sencillo ni tan conmovedoramente infalible como aprender catalán. Para hacerse odiar, basta con desdeñarlo. Cuando Artur Mas pide que no le toquen las narices con el tema, lo dice muy en serio. Este tema escapa a su poder y casi que a su responsabilidad. Al president de la Generalitat –a cualquier president, sea del partido que sea- le resultaría más fácil convencer al pueblo catalán de arrojarse en masa al mar que de admitir cualquier retroceso en las políticas a favor de su lengua… y en detrimento del español, por supuesto.

Vamos a decirlo claro de una vez: tanta pasión y tanta fiebre por el catalán no se debe a su fuerza sino a su debilidad. Muchos catalanes aman su lengua como se ama a un hijo tonto. A una criatura incapaz de valerse si, aparte de calzarle muletas, no se le pone la zancadilla a los demás. Todo vale en defensa del catalán, precisamente porque lo defiende tan poca gente. Porque ni con toda la inmersión y lo que de ella cuelga se ha conseguido la ansiada normalización plena no ya en las pérfidas Españas, sino en el mismo patio interior catalán.

Es allí donde hasta hace cuatro días el primer periódico catalán se editaba exclusivamente en español, y donde una radio y una televisión catalanas supuestamente hegemónicas sólo lo son a determinadas horas, y si a la hora de medir se deja fuera a la mitad de la audiencia real. La Cataluña política y mediática, tan chula ella, saca más pecho y marca más paquete cuanto menos vigor objetivo tiene. Es como aquel hidalgo del Lazarillo de Tormes, que salía a la calle hurgándose los dientes con un palillo para ocultar que llevaba días sin comer.

Ese es el tuétano del descontento. Y de este trágico y perpetuo malentendido en el que, en el fondo, no tiene razón nadie. Pues a este paso nos encaminamos hacia lo que en teoría todos aseguran querer evitar, que es la ruptura de la sociedad en guetos lingüísticos. Babel en vena.

Los catalanes se equivocan viendo en todo castellanohablante a la reencarnación de Felipe V o de Franco. Por lo demás morir matando es de cafres cuando eres el débil: tienes todos los puntos para palmar tú mientras el enemigo te sobrevive. A su vez los españoles catalanohablantes acreditan una ceguera y una cutrez para mí desesperantes cuando no leen correctamente las señales. Cuando no se dan cuenta de la inmensa angustia que se agazapa detrás de un catalanismo hostil.

¿Soluciones? Si de mí dependiera, yo lo tendría clarísimo: en lugar de jugar a esta estúpida guerra de guerrillas en que el gobierno español se niega a hacerse ni mínimamente responsable de la protección del catalán (y de ahí el desamparo constitucional de éste en España), mientras los gobiernos catalanes se niegan a hacerse ni mínimamente responsables de la protección del español (y de ahí el desamparo político de éste en Cataluña), yo les pondría a todos a responder de todo con su cabeza. Y el que no responda, guillotina. En la plana de Vic y en Lavapiés. ¿Llenamos Madrid de escuelas públicas donde se aprende inglés, y no sé qué de la ciudadanía, y no se pueden dedicar algunas horas lectivas, no ya a enseñar a hablar catalán, sino a explicar lo que es? Más que nada para que los niños españoles no le tengan asco ni miedo. Y exactamente lo mismo viceversa, claro. Ese podría ser el principio de un sano bilingüismo fraternal.

Pero, como decía, ni sé por qué me molesto. Pues mientras tengamos los políticos que tenemos –que a lo mejor hasta son los que nos merecemos...- demasiado sé que esto nunca va a ocurrir.

15 Comments
  1. Rinconga says

    Estupendo artículo. Sí que merecía la pena que lo escribieras.

  2. Agarkala says

    Bravo. Mejor explicado imposible. Y sin hipocresía, sin miedo ni intereses creados. Enhorabuena.

  3. xavalet says

    Correctisimo, solo «cal» tocar un poco más el asunto de la pasta….

  4. Ricard says

    Un gran artículo. ¡Bravo!

  5. rosabel says

    Muy bueno y estoy de acuerdo con la solución, lo llevo diciendo años: las otras lenguas oficiales de españa en la enseñanza con obligación de elegir una y después intercambios a tutiplen, verás como aprendemos a querer nuestras lenguas y a querernos nosotros.
    Me ha gustado eso de «nos costó un congo».

  6. Eudald Marti says

    Soc el teu Pare i a la porta de casa
    meva, ho diu ben clar:
    ADEU ESPANYA QUE ET BOMBIN …
    CASTELLÀ, IDIOMA ESTRANGER.

  7. verdadescompuños says

    ¿por qué no se ven todas las televisiones autonómicas en toda España? La gente entendería mejor la realidad de España

  8. Carlos says

    Yo animo a cualquier persona castellano parlante (como lo soy yo) que lea un texto cualquiera en catalán. Comprobará que, a poco interés y cariño que uno ponga, es mucho lo que se entiende. Yo he nacido y vivo en Madrid, pero desde que de joven escuchaba a Lluis Llach, aprendía a amar esa lengua tan dulce y armoniosa como es el catalán. Mucho más cerca de la nuestra de lo que pensamos

  9. Llama Negra says

    Interesante artículo!! en mi opinión se está llevando a cabo en Cataluña un genocidio contra la cultura catalo-castellana que hay que denunciar aquí y en el extranjero. Causa indignación todo el pollo aquel que montó con lo de la tercera hora en castellano en las escuelas. Mientras, ellos, los políticos, llevan a sus hijos a colegios de élite donde por supuesto además de otras lenguas, aprenden castellano. Soy muy pesimista en este sentido, pero, Cataluña saldrá perdiendo con todo este tema. Nada es gratis y la avaricia romperá el saco. Eso es obvio, ¿o qué se piensan que las agresiones no tendrán respuesta?

  10. celine says

    Genial, Grau; muy razonable: para afrontar este asunto habría que dejar la basurilla del rencor y los prejuicios en el cubo correspondiente. Molt bé, dona.

  11. isabel says

    Està clar, que tots els que parlem català també ho sabem fer a la perfecció en castellà…el problema és d’altres..ho sento però és així…els perfectament bilingúes parlem de manera materna el català no tenim problema…Cal veure també el nivell de les proves del castellà a tota Espanya resulta que a Cat, la nota és més alta que a molts locs a on tenen el castellà tant sols…I cal veure quin castellà!!!!Sí a Cat es parla molt castellà…en 5 anys ha pujat més d’un milió i mitg per la inmigració..més la gent que va venir els anys de pobresa extrema a España i que mai s’han integrat…comno s’han integrat tampoc a Alemanya ni a França…

  12. Jonatan says

    Home, Isabel: una cosa es integrat y otra, muy distinta, difuminat. Saus?

  13. jopedivx says

    Para Isabel.
    Que pena que no pueda leer su comentario pero como esto es una pagina en castellano pues no voy a hacer el mínimo esfuerzo en intentar comprender lo que tú ha escrito. Si quieres dirigirte a un amplio público y hacer pasar tus ideas no seria más inteligente escribir en un idioma que lo entienden más de 600 millones de hispanohablante. No me interesa para nada perder mi tiempo en el aprendizaje de un idioma que lo habla una pequeña porción del Estado Español.
    Saludos y por cierto seguro que tu entenderás perfectamente lo que aquí esta escrito.

  14. Xenon says

    @jopedivx Tuve que contar hasta 114 para no decirte «ahuevonado». Me imagino que esa expresión con la que en un pequeño país hispanoparlante se designa a una persona corta de luces, la habrás entendido sin mayores problemas.

    En cuanto a la lengua catalana, no tienes derecho a descartarla gratuitamente y menos con un “argumento” tan bobo como el del número de hablantes. No se trata de una competencia deportiva, sino de la identidad de un pueblo, la que debiera ser respetada.

    Finalmente, tu manejo del castellano deja mucho que desear en lo que atañe a ortografía y otros aspectos gramaticales: ¡encima eres ignorante del idioma que se supone dominas!

  15. fat elpho says

    Yo creo que aunque pienses que no sirve para nada, artículos como este sirven para algo. Aunque sea como arrojar cubos de agua al río. Yo creo que, ante todo,hay una falta de confianza grande. Dicen: vale, te protejo la lengua pero tú a cambio me vas a apuñalar por la espalda en cuanto tengas voz en Europa. Y luego, el nacionalismo catalán, pues ya sabemos lo que piensa de España en general.

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