La democracia derrota a ETA: las seis razones de un triunfo histórico

Emilio Olabarría (PNV), Ramón Jáuregui (PSE-EE) y Alfonso Alonso (PP) -de izda. a dcha.–, cabezas de lista de sus respectivos partidos por Álava, brindan, ayer jueves, en Vitoria, tras conocer el comunicado de ETA en el que la banda anuncia el "cese definitivo de la actividad armada". / David Aguilar (Efe)

Después de 43 años de terrorismo contra la dictadura y contra la democracia, con 829 personas asesinadas, la banda terrorista ETA anunció a las cinco de la tarde del 20 de octubre de 2011 el cese definitivo de la actividad armada. Los jefes etarras eligieron simbólicamente la misma hora a la que tres días antes el sexeto de notables encabezados por el ex secretario general de la ONU, Kofy Annan, les había pedido que abandonaran para siempre la actividad armada. El anuncio llenó de alegría a los vascos y a los españoles y tuvo un gran impacto internacional. Pocos dudan de que la Conferencia de Paz de San Sebastián era el mástil que los etarras esperaban para izar la bandera blanca.

Más allá del desprecio y las críticas al mencionado cónclave por parte de los dirigentes del PP y del reproche de Jesús Eguiguren a su compañero, el lehendakari Patxi López, por poner kilómetros de por medio en vez de asistir al evento, los jefes de ETA han aceptado la petición de dejar las armas para siempre y han solicitado un diálogo directo con los gobiernos español y francés sobre aspectos técnicos supuestamente referidos a los presos y a los huidos. Minutos después de conocer el comunicado, grabado en video y enviado al diario Gara –el locutor encapuchado sería David Pla, según fuentes policiales–, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, y el jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, mantuvieron una primera conversación por teléfono para fijar posiciones.

A continuación, un Zapatero visiblemente emocionado, realizó una declaración institucional en la que elogió la acción tenaz y eficaz de la Policía y Guardia Civil, “cuyo sacrificio les ha costado tantas veces su propia vida”; la función de los jueces y fiscales, la tarea de los servicios de inteligencia y la colaboración de Francia, “a la que debemos perpetua gratitud”. Se refirió a la “actitud determinante” del presidente Sarkozy y manifestó su reconocimiento a otros países. También destacó el temple de la sociedad española y resaltó “el triunfo sin condiciones” del Estado de derecho. En referencia a las víctimas aseguró que “la nuestra será una democracia sin terrorismo, pero no sin memoria; la memoria de las 829 victimas mortales nos acompañará siempre”.

El líder de la oposición y candidato a la presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy, se mostró más reticente. Dijo que el anuncio de ETA es “un paso muy importante”, aunque añadió que “la tranquilidad de los españoles sólo será completa cuando se produzca la disolución irreversible de ETA y su completo desmantelamiento”. Tras elogiar a las víctimas, a las fuerzas de seguridad y a los juristas, jueces y fiscales, afirmó que la sociedad española ha sabido resistir el chantaje de los terroristas durante tres décadas y “hoy es más libre porque este anuncio se ha producido sin ningún tipo de concesión política”.

Antes de entrar en las causas del alto el fuego definitivo vale apuntar que se produce bajo el mandato de Zapatero como presidente del Gobierno. Y que cuando los terroristas dinamitaron la tregua 2005-07 con el atentado de la T-4 de Barajas, Zapatero preveía un recorrido similar al que se ha producido. El propio presidente anunció en rueda de prensa con Annan que pediría su mediación si ETA anunciaba el cese definitivo, como ahora ha ocurrido. Según personajes tan endurecidos como Jaime Mayor Oreja, Zapatero habría seguido negociando hasta ayer. En todo caso, pasará a la historia como el gobernante que logró el fin del terrorismo etarra.

Luego ya, la primera causa del triunfo de la democracia hemos de buscarla en la democracia misma como el menos malo de los sistemas posibles desde el griego Pericles. Gracias a ella, la izquierda abertzale ha conseguido evadirse de la tutela de los pistoleros, esos a los que Arnaldo Otegi llamaba “sujetos políticos” y que dictaban la táctica y la estrategia de Batasuna. La ilegalización de HB y de los grupos satélites del complejo ETA-Batasuna –segunda causa– les llevó a un largo debate en el que la política y el primun vivere se impuso a las bombas y las pistolas.

Téngase en cuenta que en los últimos años los representantes de la antigua Batasuna gobernaban 29 ayuntamientos y manejaban 300 millones de euros de presupuesto y, en cambio, los etarras extorsionaban por valor de dos millones para seguir matando. Del romanticismo guerrillero de los gudaris, si alguna vez existió, no quedaba nada, sólo el desprecio y el rechazo de una sociedad harta de liberadores y liberticidas –tercera causa– que ha apoyado masivamente en las elecciones locales del 22 de mayo a la coalición Bildu, de la que forma parte la izquierda abertzale heredera de Batasuna.

La derrota política de los pistoleros desde el interior de sus propias filas y la presión policial –cuarta causa–, tanto en España como en Francia, ha llevado a la organización a un punto de aislamiento y debilidad sin paliativos. En ese sentido tienen razón los sindicatos policiales cuando reivindican la victoria sobre los terroristas. Y también ha sido razonable Zapatero cuando dice que “es de justicia recordar el trabajo de los distintos ministros del Interior y en particular el de quienes me han acompañado en el Gobierno”, en referencia al candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.

La actividad y presencia pública de los familiares de las víctimas, su ejemplo y su fuerza moral –quinta causa– ha mantenido e impulsado la conciencia social contra la lacra terrorista y ha contribuido a eliminar cualquier brizna de comprensión o justificación de la mal llamada “lucha armada”. Las víctimas han exigido también la unidad política contra el terrorismo –sexta causa–, más allá de la utilización cavernaria contra el Gobierno de Rodríguez Zapatero a la que se han prestado algunas asociaciones instrumentadas por el PP.

Según explicó Zapatero, será el gobierno que salga de las urnas el 20-N el que dé respuesta a la petición de negociación directa que piden los etarras. Más de un centenar de huidos, 700 presos en España y alrededor de 200 en Francia requerirán una revisión de la situación, según comentaban ayer relevantes miembros del PNV. Su presidente, Íñigo Urkullu, auguró “una nueva Euskadi con justicia y sin venganza” y manifestó gráficamente que “el tiempo de ETA, Euskadi ta Askatasuna, ha terminado. Comienza el nuevo tiempo de Askatasuna ta Euskadi; el tiempo de la libertad y de Euskadi”.