El Rey da el 'nihil obstat' navideño para que juzguen a Urdangarín

El rey Juan Carlos, anoche, en La Zarzuela, durante el mensaje de Navidad. / Ángel Díaz (Efe-Pool)

Había bastante expectación sobre si Juan Carlos I de Borbón aludía o no al “caso Urdangarín” en su tradicional mensaje navideño. Y el Rey situó los pillajes económicos y la falta de ética como su segunda preocupación en esta hora. No mencionó expresamente al yerno que desde el Instituto Nóos desviaba importantes cantidades de dinero público (siete millones de euros, sólo de las autonomías de Baleares y Valencia) a sociedades de las que era titular fuera de España y que ahora, por fin, va a ser citado judicialmente, pero su expresión de que “la justicia es igual para todos”, fue suficientemente explícita.

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Dijo el jefe del Estado que le preocupa enormemente la desconfianza que parece estar extendiéndose en algunos sectores de la opinión pública sobre la credibilidad y prestigio de algunas instituciones. Y es lógico, si tenemos en cuenta que la Monarquía, que era la institución más valorada por los españoles, perdió el primer puesto a favor del Ejército y no aprobó en la encuesta del CIS del mes de octubre. ¿Por qué será?

Y añadió: “Necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos. Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar”. En su expresión “tenemos” incluía a la propia institución y a la Familia Real, de la que ha apartado al yerno Iñaki Urdangarían de los actos oficiales. El último en el que participó fue el desfile militar y la recepción palatina del 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional y la Hispanidad.

Pero, sin duda, el rechazo más explícito a la falta de probidad que se atribuye al duque consorte de Palma de Mallorca que, por primera vez, no acudió junto con su familia (la infanta Cristina y sus hijos) a la cena familiar de Noche Buena en La Zarzuela, fueron estas palabras del monarca: “Cuando se producen conductas irregulares que no se ajustan a la legalidad o a la ética, es natural que la sociedad reaccione. Afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La justicia es igual para todos”.

Las valoraciones políticas han sido de elogio hacia el mensaje del Rey, que el martes inaugura solemnemente la décima legislatura de la democracia en sus 36 años de reinado. Todos los dirigentes políticos entienden que el paraguas del jefe del Estado –constitucionalmente irresponsable– no debe cubrir las responsabilidades en las que incurran los miembros de la Familia Real, en este caso, su yerno Urdangarín, al que ha enviado a Malebolque, el lugar del infierno de Dante al que van los que cometen fraude.

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El único reproche de algún dirigente político, en privado, ha sido la tardanza del monarca en reaccionar. Si conocía las actividades lucrativas de su yerno a cuenta del Instituto Nóos hace cuatro años, podía y debía haber actuado antes. Ahora, cuando la investigación del juez  José Castro obligará a Urdangarín a responder del “entramado societario” con su socio Diego Torres para “desviar los fondos públicos y privados que recibía el Instituto Nóos, apoderándose de los mismos“, el Rey se ha visto obligado a dar su nihil obstat.

En contraste con la “oveja negra” de la familia, el Rey, tras agradecer los mensajes de preocupación por su salud, elogió la personalidad y el acierto del príncipe heredero, Felipe de Borbón. También se refirió al cambio político derivado de las elecciones del 20 de noviembre y pidió unidad a los españoles para salir de la crisis económica. Sin reseñar el avance que ha supuesto la renuncia definitiva de ETA al terrorismo, pidió a la banda que entregue las armas y desaparezca, y reiteró su cercanía y admiración hacia las víctimas.