Rosa Díez interpreta una palabra de Errekondo como amenaza de muerte

Rosa Díez, ayer, accediendo a la tribuna del Congreso de los Diputados. / Manuel. H. de León (Efe)

La dirigente de UPyD, Rosa Díez, se ganó en el pleno del Congreso del martes un chorreo de los que hacen época. Ya se lo esperaba. Se colocó la venda y lo soportó con mayor impavidez que la momia de Kiya, madre de Tutankamon. Su moción instando al Gobierno a promover la ilegalización de Bildu y Amair tuvo la virtualidad de unir a las fuerzas políticas en un texto alternativo pidiendo la disolución de ETA. Sus cinco diputados y los siete de Amaiur quedaron, de ese modo, en los extremos de la intolerancia política. Ante el fracaso, Díez olvidó que ETA renunció definitivamente a la violencia hace 121 días, se refugió en el victimismo e interpretó el término “unionista” que pronunció el portavoz de Amaiur, Mikel Errekondo, como una amenaza de muerte. “A Joseba Pagaza le llamaban unionista y le mataron”, recordó.

De “cobarde, oportunista, demagógica, insidiosa, inconsistente, anacrónica, absurda, estéril, insensata…”, tacharon los portavoces la iniciativa de Díez, quien de antemano advirtió desde la tribuna que todos los epítetos le resbalan. “Pierdan toda esperanza de que sus descalificaciones vayan a hacernos mella”, dijo. Y en defensa de su moción exhibió un escrito de diez folios argumentando que “hay indicios suficientes” para saber que Bildu y Amauir son “la continuidad de ETA, y no acepto el criterio de que no hay pruebas”.

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Desde el banco azul, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz –muy criticado también por la violencia policial en Valencia– seguía sin explicarse el dislate de la diputada, cuatro meses después de que ETA anunciase el cese definitivo de la violencia. Leopoldo Barreda, del PP, fue contundente en la respuesta: “Su moción tiene el único objetivo de poner en entredicho al Gobierno”. La tachó de “oportunista e insidiosa, que es la forma más acabada –dijo– de cobardía política”. Y lamentó: “Valiente moción que sólo busca la división y la confrontación”.

Ramón Jaúregui, del PSOE, le recordó que Bildu es legal por decisión del Tribunal Constitucional y que Amaiur no fue impugnada. Tachó de “inconsistente, anacrónica y absurda” la moción y le pidió que colabore con las instituciones democráticas para lograr el “día histórico” en que ETA anuncie su disolución. Jordi Jané, de CiU, le recomendó aceptar los cuatro principios del ministro Fernández Díaz para hacer irreversible el proceso: “Inteligencia, prudencia, unidad y discreción”.

Díez seguía escuchando las intervenciones sin pestañear. Aitor Esteban, del PNV, le dijo: “O está ciega o hay intereses espurios que le impiden ver hoy un tiempo nuevo”. Le reprochó que con su iniciativa haya dado alas mediáticas a la izquierda abertzale: “Usted ha conseguido una portada, pero ha dado más a Amaiur y se ha quedado sola”. Ricardo Sixto, de IU, le dijo que “ilegalizar a 330.000 electores es un empecinamiento estéril”.

Cuando llegó el turno a Errekondo, de Amaiur, dijo: “Este es el debate de la insensatez”. Y se dedicó a descalificar la enmienda de sustitución de los demás grupos porque “a nosotros no se ha dirigido nadie” y porque “ese texto está lejos de ser la hoja de ruta”. Para Errekondo, “este primer acuerdo de Estado indica que Euskal Herría está en la agenda política, pero no se ha contado con los soberanistas de izquierda”. En su opinión, el texto “ahonda entre vencedores y vencidos”. Luego se quejó de las últimas detenciones de presuntos etarras “sin garantías de no ser torturados”.

¿Qué dice el texto alternativo a la moción de Díez? Que el Congreso constata el anuncio del cese definitivo de la actividad terrorista de ETA como “consecuencia de la movilización de la sociedad contra el terrorismo por las libertades, la unidad de las fuerzas políticas, la labor ejemplar de las víctimas del terrorismo, la firmeza del Estado de Derecho en la aplicación de la ley, la actuación de los cuerpos y fuerzas de seguridad y la cooperación internacional”. Todo lo cual, constituye la mejor evidencia de la victoria de la democracia.

En el segundo punto insta al Gobierno a “mantener el diálogo” con los Ejecutivos de Euskadi y Navarra y con las fuerzas democráticas, y a promover “la máxima unidad de acción” para “exigir a ETA su disolución definitiva e incondicional”. También aboga por “reforzar el compromiso con las victimas para salvaguardar la memoria y la verdad, defender la dignidad y hacer justicia a todas las personas que han sufrido la violencia terrorista”. Reclama “favorecer los esfuerzos hacia una convivencia social construida sobre los principios y valores en los que se sustenta el Estado de Derecho”. Y por último insta al Gobierno a “velar por el cumplimiento estricto de la ley y la persecución, en su caso, de cualquier conducta contraria al ordenamiento jurídico democrático”.

Cuando el presidente de la Cámara, Jesús Posada, preguntó a Díez si aceptaba esta enmienda, que no era de adición como ella suponía, sino de sustitución, dijo que no. Pero antes estalló: “No tolero su expresión sobre la adicción, la complicidad con ETA”, dijo al diputado Sixto, de IU, quien le aclaró que con la “adicción” no se refería a la banda terrorista sino a la situación anterior. Pero, sobre todo, Díez advirtió seriamente a Errekondo que no le aplique el término “unionista” porque, según informó a la Cámara, “eso mismo le llamaron a Joseba Pagazaurtundua y le mataron”. El de Amaiur no le contestó. Si la banda terrorista no hubiera sido derrotada, cualquiera diría que la diputada estaba suturando su fracaso político con el hilo del victimismo.