JABLAY | Publicado: - Actualizado: 9/1/2017 00:23

Rubalcaba y Ximo Puig saludando a los delegados en la jornada de clausura del XII congreso del PSPV-PSOE. / Morell (Efe)

“Trabajar codo con codo”. Fue una frase que repitieron ayer varias veces tanto el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, como el nuevo líder del PSPV, Ximo Puig, en el acto de clausura del XII congreso nacional de la federación socialista valenciana, la segunda en importancia en el partido por su número de militantes. Ambos se esforzaron en trasladar una imagen de unidad para combatir cualquier suspicacia concientes de las lecturas que tanto dentro como fuera del PSOE se hacen tras los procesos congresuales.

El hecho de que el “chaconista” Puig haya ganado el congreso del PSPV al “rubalcabista” Jorge Alarte da pábulo para todo tipo de interpretaciones, pero ni la personalidad del renovado dirigente de PSPV ni la realidad de esta federación responden a ese esquema  tan sencillo. Ninguno de los 525 delegados que se concentraron en el Paraninfo de la Universidad de Alicante durante el pasado fin de semana tuvo en su memoria el congreso federal del PSOE celebrado hace dos meses en Sevilla.

De modo y manera que en la sesión de clausura los dos dirigentes pusieron de manifiesto el pacto que habían alcanzado semanas atrás: la renovación del deteriorado Alarte por Puig no se planteaba en términos de a favor o en contra de Rubalcaba; la mayoría que aglutina el alcalde de Morella y diputado nacional tan solo tenía una exigencia: la no injerencia de Ferraz en el proceso interno de renovación del PSPV.

Por su parte, la nueva dirección saliente, con Ximo Puig a la cabeza, no se presentarán como un bastión interno contrario a Rubalcaba, cuyo liderazgo interno en el PSOE se ha visto cuestionado tras Sevilla con las victorias de Tomás Gómez en el PSM y Pachi Vázquez en el PSdG, junto con la supervivencia política de José Antonio Griñán tras el resultado electoral en Andalucía,

Este acuerdo no era un aspecto menor para buena parte de una federación que siempre ha tenido el estigma de no ser tenida en cuenta en la medida de su importancia y, a la postre, relegada en el conjunto de los órganos federales desde la  tapa de Felipe González. Ni el “guerrismo” tuvo implantación en el PSPV, lo que siempre se interpretó como una falta de sintonía entre los órganos federales y esta federación.

Y Ferrraz cumplió. Con creces. Envió a todos los principales dirigentes de la ejecutiva federal a los pasillos de la universidad … pero para colaborar en que todo saliese bien, especialmente el relevo de Alarte por una mayoría alternativa en torno a Puig que ya estaba decidida antes de iniciarse el cónclave. Elena Valenciano, Óscar López, Antonio Hernando, Inmaculada Rodríguez-Pîñero o Eduardo Madina deambularon entre los delegados además de Rubalcaba en la sesión final.

Era la parte del pacto que le tocaba a Ferraz, dar trascendencia al congreso del PSPV y que se viera en primera fila que es lo que ocurría realmente en la segunda federación del PSOE. Pero solo desde la barrera y si acaso para ayudar. En ese aspecto poco lograron Valenciano y Hernando, que no convencieron a Alarte para que se retirara a tiempo y evitar su anunciada derrota.

En cualquier caso, Ximo Puig tiene otras prioridades antes que marcarse como objetivo ser un “barón” enfrentado a Rubalcaba. En primer lugar debe cerrar las heridas internas en la federación, que no son pocas. Pero fundamentalmente su empeño se va a concentrar en construir una alternativa progresista – ese ha sido su lema de campaña – para “poder ganar a la derecha en 2015”, como aseguró en la clausura.

Y quiere lograr ese objetivo con un paso propio, sin que le marquen las directrices nadie y menos Ferraz. Puig, sensible a planteamientos nacionalistas sin ser nacionalista. Siempre ha defendido que el PSPV tiene la capacidad para construir una alternativa propia progresista como la tuvo antaño cuando gobernó la Generalitat y construyó el edificio autonómico,

La nueva dirección del PSPV es un reflejo de la complejidad de esta federación. Puig ha apostado por dar participación a cuanta más gente, mejor. La nueva ejecutiva  tiene 69 integrantes. En ella figuran unas recuperada Leire Pajín como una “número dos” formal hasta otro histórico como Ciprià Ciscar – ambos  ex secretarios de organización del PSOE -, además del “núcleo” duro del sector “lermista” que ocupa los puestos clave en la organización con el oportunista Francesc Romeu como portavoz.

Aparentemente es un “pasteleo” difícil de entender fuera de esta federación pero se trata de la opción elegida por Puig para intentar hacer revivir a un partido que, según impresión generalizada, se había instalado cómodamente en la oposición desde hace ya muchos años. El único interrogante que queda es conocer si el “tutti-fruti” actual se convertirá en un plato del agrado de una mayoría de la sociedad valenciana.

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