¿París no valía una bragueta?

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Imágenes de Dominique Strauss-Khan cuando votaba, ayer domingo, en París. / Vídeo: Reuters

Sale Nicolas Sarkozy y entra François Hollande. Por una vez los sondeos no han hecho el ridículo. Ahora falta que no lo hagan los que han ganado tanto en los susodichos sondeos como en las urnas, así sea por la mínima. ¿Qué le espera a la V República? ¿Y a la UE, con nosotros dentro? ¿Hay motivos para la celebración o para qué?

A estas alturas no es ningún secreto que mucha derecha española seguía estas elecciones francesas con el corazón partío; por un lado habrían preferido ver ganar a su correligionario ideológico, más que nada por ahorrarse la cara de satisfacción este lunes de Alfredo Pérez Rubalcaba y de todos los que creen que ha empezado la Reconquista socialista así sea por abajo, con Pepe Griñán en plan Don Pelayo al revés, auxiliado desde este domingo por el Astérix del Elíseo. Se van a enterar estos romanos.

Por el otro lado, a nadie se le escapa que con Hollande al frente de la V República, ganan tiempo y aliento para parar el golpe de la reducción del déficit incluso aquellos que más a machamartillo creen en ella. Léase Mariano Rajoy, que no le discute a Angela Merkel el qué sino el cuándo y, si me apuras, el cuánto. La dosis y la gradualidad de la necesaria medicina.

Hollande ha ganado predicando el cambio, seguramente la palabra más querida por todo sufrido europeo en estos tiempos. La pregunta es: ¿qué cambio ha ganado, qué cambio exactamente es el que nos llega? ¿Con qué cuenta este plácido socialista hasta anteayer en la sombra para hacer Historia? ¿Qué fórmula ofrece para reflotar y actualizar la socialdemocracia, como promete?

Hay que decir que un simple vistazo a los grandes hits de su programa electoral pone los pelos ligeramente de punta. Volver a elevar el listón de la contratación de empleados públicos puede restañar agravios en un país que ha hecho del funcionariado un arte, como es Francia, pero, ¿nos acerca a la solución o al negro corazón del problema? ¿Y esa fantástica idea de gravar con un 75 por ciento a las rentas más altas? Sarkozy será un borde, será todo lo que ustedes quieran, y entre todo eso y el desgaste de la crisis a lo mejor hasta se tenía bien merecida la derrota. Pero también tenía más razón que un santo cuando anunció que, de ponerse en práctica lo que Hollande prometían, las rentas más altas (entre ellas, las más productivas) del país simplemente cerrarían el chiringuito y se largarían. ¿No haría usted lo mismo si el Estado se quedara con tres de cada cuatro euros que gana?

Seamos serios: Hollande no tiene ni idea. Ha ganado con cuatro eslóganes ambiguos y flojos, con cuatro promesas de que otro camino para salir de la crisis es posible. Cuál, ni él lo sabe. Tres cuartos de lo mismo de lo que le pasó a Barack Obama en 2008, con el agravante de que Obama, en no teniendo ni idea de economía como no la tenía, era cuanto menos un político superlativo y está al frente de una economía postrada, pero no podrida de raíz. A los americanos salir de esta les costará sangre, sudor y lágrimas, pero saldrán. Que salgamos los europeos, que salgamos de verdad y no quedemos reducidos a un parque temático de nosotros mismos, a una cáscara de Estado del Bienestar vacío, es lo que está por ver.

Ya me van a perdonar que en esta hora de hiel para unos y de miel para otros, yo me escancie un trago mesuradamente agridulce para acordarme de alguien que por su brillantez, casi genio político, y por su conocimiento de primera mano de los verdaderos entresijos de la economía mundial pudo haber aportado algo interesante, algo distinto. Algo menos manido.

Me refiero, como no, a Dominique Strauss-Kahn, al inefable DSK. ¿Alguien de los aquí presentes llegó a ver aquel magnífico y oscarizado documental sobre la crisis de Wall Street, Inside Job, rodado cuando DSK era aún el todopoderoso director gerente del FMI? Como tal la entrevistaban en el documental, y como tal emitía unas opiniones lúcidamente contundentes. Tan pegadas a la realidad como a la ambición de cambiarla.

Sinceramente creo que, si la socialdemocracia o lo que quede de ella tiene pretensiones de aportar algo al actual debate, tenía que ser de la mano de mentes audaces, creativas y superiores como la de DSK, no de funcionarios de segunda como Hollande, de los cuales solo cabe esperar, o que cumplan lo que prometieron (con lo cual llevarán al desastre seguro a su país, y quizás a algún otro), o que lo incumplan con gracia, que ya se sabe que es una de las especialidades más envidiables de la izquierda. Darse la vuelta como un calcetín sin que se note.

En fin, que DSK pudo ser el hombre, de no ser porque precisamente se pasó de testosterona. No está en mi intención ni en mi mano defender comportamientos sexuales ciertamente poco edificantes, y hasta estúpidos, aunque también creo que menos criminales de lo que se ha querido aparentar. ¿París no valía una bragueta? Parece ser que no. Pero que al final el gran beneficiario del escándalo de la camarera no sea Sarkozy sino Hollande, ¿no es para echarse a temblar?

3 Comments
  1. Zaratustra says

    Anteponer el Estado al mercado no requiere sabiduría económica, sino sensibilidad social y una planificación adecuada para evitar que los especuladores locales, regionales y mundiales arrasen la obra social y los sistemas de solidaridad social que, esos sí, han costado sangre, sudor y lágrimas. La reducción de la política a cifras es el camino más rápido para acabar con la democracia e instaurar el nazi-fascismo, majaderos.

  2. Jaume says

    Eso de los impuestos y las rentas altas me recuerda a la promesa del PP de no subirlos porque habia deficit y despues acabar subiendolos porque habia más deficit del que pensaban. No se como les enseñaron lo de la curva de Laffer.
    Zaratrusta, el nazi-fascismo se caracteriza entre otras cosas por poner el Estado antes que nada y no dejar libertad a la libre empresa. Con el nick que tienes eso lo deberias saber 🙂

  3. Beaver says

    El hecho de que SK haya estado a la cabeza del FMI no garantiza en modo alguno una supuesta presidencia suya a la altura de lo que Francia (o Europa) necesita. El FMI ha servido sin disimulo alguno a Wall Street toda la vida. Por ello, el que en la película «Inside Job» SK haya hecho unas cuantas declaraciones con sentido sobre el fraude financiero que los ciudadanos de a pie estamos pagando tampoco asegura, ni de lejos, que, puesto en la presidencia de Francia, SK desarrollara políticas contrarias a las que defiende el FMI, que durante décadas ha forzado la austeridad más implacable y los programas de recortes más draconianos en las naciones más empobrecidas del planeta, llevando a algunas, como todas sabemos, a la bancarrota total. Algunos analistas hablan de la “violación” de África por parte del FMI, metáfora propicia para la actividad de una organización mundial que estuvo presidida por un hombre acusado de violar a una inmigrante guineana. ¿Qué hará Hollande? No lo sé, pero por el momento está más limpio que SK, y no solo de la bragueta para abajo.

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