El director del CNI sugiere que la NSA no ayudó a España el 11-M ni es de fiar

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 El director del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), Félix Sanz Roldán, saluda a la portavoz parlamentaria socialista, Soraya Rodríguez, ayer, minutos antes de comparecer ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso. / Paco Campos (Efe)
El director del CNI, Félix Sanz Roldán, saluda a la portavoz parlamentaria socialista, Soraya Rodríguez, ayer, día 6, minutos antes de comparecer ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso. / Paco Campos (Efe)

El jefe del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), general de Ejército Félix Sanz Roldán, “largó” poco en su comparecencia secreta ante los portavoces parlamentarios que acudieron a la Comisión de Secretos Oficiales, pero dijo lo suficiente para que los asistentes salieran satisfechos. Lo suficiente fue en este caso que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, que no ayudó a España ante los gravísimos atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid (el 11-M) pese a tener un acuerdo de lucha contra el terrorismo desde 2002, ha sufrido una fuga de información –las revelaciones del exfuncionario Edgard Snowden-- y debe dar una explicación sobre sus actividades en España. El jefe del CNI aseguró no obstante con un 99,9% de seguridad que las comunicaciones del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no han sido espiadas, al contrario de lo que ha ocurrido con la canciller alemana Angela Merkel.

Cuando, a las 9 de la mañana, llegaron los portavoces a escuchar la versión del director del CNI sobre el espionaje masivo de la NSA en nuestro país --lo mismo que ha hecho en otros Estados de la UE--, el general Sanz Roldán llevaba media hora en la sala Mariana Pineda, donde se iba a celebrar la sesión y en la que se reúne habitualmente la Junta de Portavoces del Congreso. Todo un detalle de puntualidad por su parte para evitar las preguntas de los periodistas, preparar el dispositivo técnico –ordenador, proyector y pantalla-- y apoyar con gráficos su explicación y, acaso, facilitar al agente que le acompañaba un barrido rápido de la estancia. Sanz Roldán se mostró muy celoso con la seguridad y pidió reserva absoluta al presidente del Congreso, Jesús Posada, sobre sus explicaciones.

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Para garantizar esa discreción ordenada por ley a los diputados, ya la Mesa del Congreso excluyó en su día al portavoz del Grupo Mixto por pertenecer a Amaiur. Y después el PP se ocupó de vetar al representante de ERC, Alfred Bosch. Por ese lado, todos tranquilos: las “minorías sospechosas” ya habían sido privadas del derecho a conocer la poca información reservada que el jefe del Gobierno quiera proporcionar. No se olvide que "la información es poder" y aunque el CNI nos cueste más de 300 millone de euros al año que pagamos todos, de los cuales, más de 50 son fondos reservados sin control legal, trabaja para el Gobierno y la alta dirección del Estado. Los portavoces de los demás grupos de la oposición, Soraya Rodríguez (PSOE), Cayo Lara (Izquierda Plural), Aitor Esteban (PNV) y Rosa Díez (UPyD), son de confianza y pueden recibir datos reservados. Díez y otros que habían solicitado la comparecencia de la vicepresidenta, de la que ahora depende directamente el CNI, consideraron suficiente la plática de Sanz Roldán.  A la reunión, que presidió Posada, no acudió el de CiU, Josep Antoni Durán, por razones de agenda.

Con una intervención muy medida y previamente acordada con su superiora, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, el jefe del CNI explicó que los servicios españoles actúan en todo momento dentro de la ley y que intervienen, siempre con la autorización anterior o inmediatamente posterior del juez especial del Supremo, unas 1.000 líneas telefónicas al año, lo que en un país con 67 millones de líneas no es mucho. Aseguró que no espían a políticos ni a empresarios y que respetan escrupulosamente todos los derechos constitucionales de los ciudadanos, sometiendo cada operativo, con sus fundamentos y explicaciones, a la aprobación del juez. Todas las misiones guardan relación con la seguridad frente al terrorismo, el crimen organizado y las demás prioridades establecidas en el plan anual de inteligencia.

Aparte el despliegue de organigramas, el general aseguró casi al cien por cien que el presidente Rajoy no ha sido espiado, salvo que hablase o se comunicase por Internet con dirigentes pinchados por la NSA como pudo ser la señora Merkel. El CNI, aseguró, no ha proporcionado a la Agencia estadounidense ni a ningún otro servicio de inteligencia extranjero datos relevantes al margen de los asuntos que tienen acordados y se refieren a la lucha contra el terrorismo, el crimen organizado y el ciberespionaje. La cooperación directa con la NSA se remonta a 2002 y se centra en esas tres materias. La mayor parte de la misma se reporta desde estaciones en terceros países, singularmente en el mundo Árabe y en varios países africanos.

Sobre las operaciones ilegales de la NSA en España el general no pudo desmentir las informaciones desveladas por Snowden y vino a decir que los norteamericanos se rigen por sus propias leyes y que las normas que promulgaron después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 amplían extraordinariamente la capacidad de control del Estado con el argumento de combatir el terrorismo. En ese sentido cabe recordar que el CNI pidió ayuda a la Agencia estadounidense ante los atentados del 11-M y no obtuvo ni un dato. “Nadie ha detectado nada ni antes ni después, y eso que la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) de Estados Unidos lleva veinticuatro horas dedicada a este tema con la máxima prioridad”, fue la comunicación secreta que el entonces jefe del CNI, Jorge Dezcallar, transmitió a Aznar y que éste ha desvelado en su último libro de memorias, una forma de rentabilizar los secretos de Estado mientras los sucesivos gobiernos han negado y siguen negando la desclasificación y el acceso de los historiadores a los archivos.

Sanz Roldán quiso precisar, no obstante, que los medios de comunicación yerran cuando afirman que la NSA interceptó 60 millones de llamadas en España en un mes, pues no se trata de contenidos sino de metadatos sobre el lugar, la hora, el transmisor, el receptor, la duración de la llamada, la extensión del mensaje y acaso alguna palabra prefijada como clave. En contraste con la falta de interés de los espías USA por las autoridades españolas, el general consideró mucho más fácil espiar al Gobierno y a los políticos alemanes por la proximidad de la embajada estadounidense al Parlamento y a otros edificios oficiales. En España no tienen dispositivos de interceptación de comunicaciones en la embajada, aseguró.

De lo que no cabe duda, destacó en tono muy crítico, es del clamoroso fallo de seguridad de la NSA que ha permitido al exanalista Snowden filtrar las informaciones sobre el espionaje a los aliados, con una grave quiebra de la confianza. Y cuando esa confianza entre aliados se transforma en deslealtad, el daño es muy difícil de reparar. En este caso, el Gobierno español ha cooperado con la Administración estadounidense para evitar que trascendiera el espionaje indecente a los aliados, pues, como se recordará, La Moncloa movilizó incluso al embajador en Viena, señor Carnero, para que inspeccionara personalmente el avión del presidente de Bolivia, Evo Morales, interceptado y obligado a aterrizar en la capital austriaca ante la información, que resultó falsa, de que Snowen viajaba con Evo desde Moscú.

Sanz Roldán pasó de puntillas sobre el servilismo del Ejecutivo español y su participación en la humillación al presidente boliviano, que ha añadido más desprecio y deterioro a la imagen de España y a los españoles entre los países hermanos de América Latina. Por eso, entre otras razones, la exigencia de explicaciones y aclaraciones a la Administración estadounidense está cargada de fundamento. El general también aseguró que los servicios de inteligencia españoles comunican a los gobiernos amigos y aliados su presencia, algo que no siempre encuentra reciprocidad, como demuestra la expulsión de España de nueve agentes extranjeros el último año.

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