Si la política pica, te rascas

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El expresidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra. / Efe
El expresidente extremeño Juan Carlos Rodríguez Ibarra. / Efe

¿Habéis probado a ir y venir de Badajoz a Madrid si no tenéis coche y/o ganas de conducir? Es una gran aventura: un vuelo al día, un tren que tarda seis horas, un autobús que tiene que ser exprés para dejar el tema en cuatro horas a la ida y cuatro a la vuelta…vamos, que aquí, ni AVE ni nada que se le parezca. Esto es lo que es y está donde está.

Me marco tamaña travesía para hacerle una entrevista a Juan Carlos Rodríguez Ibarra, político “prejubilado”, como dice él. Se me ocurrió colgar una foto con él en el Facebook y no faltó algún troll que me acusara de caspófila. Vamos, tampoco lo voy a negar, a mí me van los hombres y los políticos a la antigua. Donde esté Sean Connery que se quite Brad Pitt y donde esté Nelson Mandela que se quite Oriol Junqueras. Dicho lo cual, Ibarra, ¿casposo? Vamos a pensarlo y a analizarlo despacio.

Que conste que yo crecí en un vivero político-periodístico, el catalán, donde durante unos años meterse con Ibarra era tan natural como sacar el paraguas cuando llueve. Eran los años de las primeras grandes batallas por la financiación autonómica, cuando desde Cataluña se insistía en pedir un trato preferencial y bilateral y, desde Extremadura, Ibarra lideraba el rugido contra toda desigualdad. En fin. Que en Cataluña era fácil creer que Ibarra encarnaba la tiña anticatalana más tiñosa. Como además tenía, siempre tuvo y siempre tendrá, esta manera tan directa y tan fundamental de decir las cosas, vamos, que sacarle punta era facilísimo. Además yo no solía verle en acción porque cuando se acercaba a Cataluña a mí solían mandarme a mítines de Jordi Pujol. O sea que sólo sabía de él por los totales de televisión y por lo que leía en los periódicos. Y sí, parecía muy bestia el tío.

La primera vez que vi a Ibarra en vivo y en directo fue en Euskadi. Otoño del 98, elecciones autonómicas, Ibarra se acerca a apoyar un mítin de Nicolás Redondo Terreros. Como salirle bien el mítin, le sale. Lo borda. Literalmente va y dice: “A ver si por hacer la paz en el norte (financieramente), vamos a hacer la guerra en el sur”. Pasado el mitin veo a la jefa de prensa empleándose a fondo para tratar de llamar la atención de los periodistas sobre cualquier otro titular posible….yo entretanto me micciono de la risa. Este Ibarra, pienso, nunca va a cambiar.

Pero debo decir que salgo de su mítin impresionada por algo que no me esperaba: el público. Yo estaba acostumbrada a la gente que asiste a los mítines de CiU, gente sencilla pero ufana y también gente no tan sencilla, es decir, con sus más y con sus menos, clases medias catalanas.

Al mítin de Ibarra en el País Vasco afluyeron un montón de personas en situación visiblemente y sensiblemente más perjudicada. Muchas mujeres cargadas de varices, marcadas por los evidentes estragos del duro trabajo sin piedad y sin fin. Entendí el pleno sentido de la palabra maqueto, que es como llaman los vascos a los que a su tierra han inmigrado, preferentemente del sur, para dar el callo hasta la muerte. Sentí a aquella gente estremecerse y vibrar como en alas de un tremendo, desconocido Espíritu Santo, cuando Ibarra clamó con inequívoco sentimiento en nombre de aquellos “¡que nunca han tenido una maldita oportunidad!”. Como decía no sé quién de no sé cuál (mentira todo, pero cualquiera se arriesga a que la vuelvan a llamar caspófila...), su voz tenía el acento inconfundible, e inimitable, de la verdad humana.

Debo admitir que me puso la carne de gallina.

¿Cómo explicar este tipo de caída del caballo sin que los unos se rían de mí y los otros me quieran aporrear la cabeza? ¿Cómo hago entender lo que significa pasar a entender en un instante fulgurante de epifanía el verdadero sentido, la necesidad dolorosa y profunda, de la palabra solidaridad? ¿Que no era que España nos robara -por lo menos no siempre...-, que era que de verdad hacía falta poner en común y repartir, aflojar los cordones de la bolsa y del corazón, entender que era verdad, verdad, verdad, que había que saber estar en el mismo barco? Y luego hacer todas las críticas que quieras a la tripulación, a la bitácora, al capitán. Pero por delante el brazo con el remo. A por una bendita oportunidad para todos.

Ibarra con su verbo turbulento pero genuino logró rasguñar mi dura cáscara de catalana desconfiada. Me engrandeció lo que sentía mío, lo que me preocupaba. Fue el primer destello de que un día tendría, no que renegar de mi background catalanista, pero sí que matizarlo. Que ser mucho más exigente con él de lo que nunca antes había sido. Que hacer inventario de miserias no sólo ajenas sino propias. Cura de humildad y de mezquindad.

Quince años después me acerco a Badajoz a entrevistar al mismo hombre y le pregunto, entre otras cosas, sobre el aborto. Le leo en los ojos que no se siente cómodo con el tema. También leo un afán de seriedad que me desarma. Atención a este párrafo impagable de lo que me contestó: “Yo valoro más al creyente de verdad que al que se hace el traje de católico a la medida.  Respeto más a aquel que dice, oiga, desde que el esperma fecunda al óvulo, allí hay vida. Muy bien; pero entonces no entiendo que se pueda dar permiso para abortar en caso de violación. Da la impresión de que lo que se dice es: si usted tiene una noche de desenfreno, de juerga, de amor loco, y queda usted embarazada, amiga, usted se come el mochuelo porque ha pecado. Pero si usted no ha pecado, porque ha sido forzada a hacerlo, entonces yo la eximo de la responsabilidad y le permito que mate aquello que yo considero que es vida. Me parece un cinismo aterrador”.

Si a esto le llaman “caspa” política, ¿cómo habría que llamar a la mayoría de lo que ha venido después? ¿Piojos?

 

2 Comments
  1. paco otero says

    Sra Grau,
    tres temas:
    1º es un placer empezar 2014 renovando mis votos de admiración por su manera de exponer y por (a mi entender) sentido honesto de la profesión de periodista.
    2ºsigo notando cierta preocupación por ciertas opiniones(decía usted;»estoy cansada de estar continuamente mostrando mi espíritu democrático,ante el llamarme facha cada dos por tres»…hoy mismo «me llaman casposa». Recuerdo como a la puerta de mi boliche en la calle LIBERTAD DE CHUECA, a mediados de los ochenta pasaban pandas de las primeras plumas a penas de 17 años, llamando carrozas a todo aquello que pasaba de los 30 años (chueca entonces todavía se vivía en rojo y negro)…creo que fue Umbral el que intervino poniendo a estos estúpidos en su sitio…al parecer, hoy, también, todo lo que pasa de los cincuenta, es carne de geriátrico…espero que la superación de la crisis económica supere entre otras cosa ese, estúpido culto a la banalidad.
    3º para entender el tema CATALAN de Artur Mursi,perdón Mas(señor ,señor en que estaría yo pensando)recomiendo (ya posiblemente por quinta o décima vez,en este periódico) a esos modernos jóvenes adeptos al champú recomendado televisiva mente contra la caspa…que lean al menos la escena sexta de LUCES DE BOHEMIA…
    ANNA espero seguir leyendo sus trabajos en 2014 y… gracias…hoy me encuentro Lorquiano…»TAMBIÉN SE MUERE EL» MAR

  2. Antonio says

    Me temo que la periodista escribe como terapia a sus problemas de identidad y a sus posicionamientos, en todos sus escritos manifiesta su descoloque, que por otra parte sus réditos tiene. Confundir a un gran demagogo como Ibarra con un político de fuste tiene su guasa, pero muestra perfectamente la pobreza intelectual de lo que aquí llamamos «políticos» y «periodistas».

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