Orgullo gay y vergüenza de llevar vaqueros

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Viernes 4 julio en Chueca. / A. G.
Viernes 4 de julio en el barrio de Chueca. / A. G.

Una que vive al lado de Chueca anda estos días rodeada por todas partes de Orgullo Gay. Me gusta que lo hayan compactado, que lo hayan empezado a llamar Orgullo a secas. Es más bonito. Recuerdo un día de verano de por allá 2011, cuando acababa de volver a Madrid después de seis años en Nueva York, con mi hija que tenía más o menos esa edad. Para una niña criada en la Gran Manzana, Madrid no debería deparar muchas sorpresas. Y en cambio se las deparó. Me acuerdo de ella ese verano preguntándome muy pasmada:

a) Mamá, ¿qué es esa señora? ¿Por qué va vestida así? (se refería a una monja con hábito de pies a la cabeza, de las que se lanzaron al asfalto para festejar la venida del Papa).

b) Mamá, ¿por qué se besan esos dos chicos en la boca en medio de la calle (Hortaleza)?

Me tomé algo más de tiempo para responder a la segunda cuestión. Le recordé que en su colegio de Brooklyn había una niña como ella pero que, en lugar de tener un papá y una mamá, pues tenía dos mamás. Le expliqué que había familias así. Tan convincentemente lo hice, que al llegar a casa la nena le explicó toda ufana a su padre: “La calle está llena de banderas del arco iris, y mamá ya me ha contado que es porque estos días se celebra la fiesta de los niños que tienen dos papás y dos mamás en lugar de uno de cada”.

En resumen, que esto del Orgullo Gay, o simplemente del Orgullo, lo bueno que tiene es que poco a poco se vaya viendo como una cosa cada vez más general, más de todos, y menos como la guerra particular de los que son raros. Vuelvo este viernes a mi casa desde Neptuno atravesando la calle Infantas y me sumerjo en una fantástica oleada de color y de desafío. Turistas atónitos (pero encantados) se retratan con reinonas alucinantes y con efebos en calzoncillos, calcetines ejecutivo, gorra de policía y poca cosa más. Se podrán tener más o menos ganas de ser gay pero la alegría de poder jugar con los límites es sanísima y demencialmente irresistible. En este país que todo es tocar las narices y limitar la libertad, a menudo en nombre de quien más dice defenderla, parece que este es el último reducto del pensamiento (y algo más) no dirigido.

Aquí no valen izquierdas ni derechas. Me hace gracia que haya quien suspire confuso ante la evidencia de que personas muy políticamente conservadoras, incluso autoproclamados reaccionarios, puedan ser felices –incluso muy felices- dejándose llevar por juegos sexuales poco convencionales. Paradoja que se trata de explicar a veces con aquello de que se puede ser de derechas de cintura para arriba y votar otra cosa de cintura para abajo…¿y no será que el error es, siempre ha sido, pretender obligar a la gente a cargar de un lado o del otro? ¿No respetar la grandiosidad contradictoria de todo lo humano, para empezar?

Yo por ejemplo le mando toda orgullosa mi foto del Orgullo (la que ilustra este artículo) a alguien cuya opinión mucho me importa y que va y me afea el presentarme a semejante fiesta del guaperío …¡¡en vaqueros!! “Es una prenda vulgar, tediosa e infranqueable”, proclama. Y se queda más ancha que larga, esa persona.

Coño. Yo que estaba tan orgullosa de lo bien que me quedan los vaqueros según dicen (sobre todo por detrás). Pero es verdad que si remiro la foto y me comparo con las dos mariposas de Nabokov que me flanquean yo parezco de uniforme. Alguien que ha pasado por el aro de la convencionalidad quizás no en el ser, pero sí en el parecer. Que se ha dejado persuadir de que por ejemplo una mujer de mis luces y mi carácter tiene que cuidarse, sí, y procurar estar mona, desde luego, y practicar disimuladamente y por lo bajini todo el culto al cuerpo posible (que si no, pasados los 25 ruedas en un periquete Tarpeya abajo),…pero a la vez, cuidadín con escotar y con enseñar demasiado. Cuidadín con ambicionar demasiado con el cuerpo. No vayas a parecer una frívola o una puta o algo peor (si es que lo hay).

¿Y si mañana me encerrara todo el día, pero todo, todo, a ponerme no guapa sino guapísima, verdaderamente rompedora, brutalmente provocativa, y me bajara luego a la calle con un par (de lo que sea)? ¿Me atrevería a darlo todo? ¿A pedirlo todo? ¿A probarlo todo?

Mira que si tengo que irme con la libreta y el lápiz en plan taquimeca a que me enseñen otra vez a ser una chica desde el principio…gracias y buen Orgullo.

1 Comment
  1. juanjo says

    La fiesta fue magnifica y colosal. Cada año más y mejor: Más personas, más alegría, más libertad, más fraternidad y, sobre todo, más Orgullo.
    ..
    El próximo año podría culminarse con una solemne misa de acción de gracia en honor de San Pollarino y la Venus del Picatoste, y la bendición expresa de su santidad.

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