Radiografía de abusos y dispendios con las tarjetas negras de Caja Madrid

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Blesa y Rato, el 28 de enero de 2010, tras el acto de relevo en la presidencia de la entidad, entonces Caja Madrid. / Efe

¿Crisis? ¡Qué crisis? La vida era una fiesta para Miguel Blesa en Caja Madrid. Desde que el 1 de enero de 2003, su amigo y jefe del Gobierno y del PP, José María Aznar, le colocó en la presidencia de la entonces tercera entidad financiera del país, con más de diez millones de clientes, gastó 436.688,42 euros en negro, sin declarar a Hacienda, con cargo a la tarjeta de crédito para gastos personales que instituyó para sí y, de acuerdo con el secretario general de la entidad, Ildefonso Sánchez Barcoj, para los directivos y consejeros. El objetivo era “engrasarlos” con los “plásticos” para mantenerlos tranquilos y amorfos ante una gestión arbitraria y manifiestamente mejorable. Sánchez Barcoj autorizaba e indicaba verbalmente el límite de gasto a los 86 consejeros que disfrutaron de ese “sobresueldo” en negro. Sólo tres rechazaron las tarjetas negras. Sus lujos, abusos y dispendios en contraste con la angustia de millones de trabajadores para llegar a fin de mes, ha quedado ahora al descubierto y se detalla en el informe entregado ayer por el juez Andreu a las partes personaras en el ‘caso Bankia’ [ver tabla con los gastos de cada uno].

Blesa se armaba en La Armería de Madrid y pagaba con “el plástico” todos sus gastos de caza. Cargaba a su black hoteles, restaurantes, paradores, combustible y hasta las averías de los coches que empleaba en sus excursiones cinegéticas por Andalucía y Castilla-La Mancha. Pero también iba a matar animales a Sudáfrica. En los listados que los responsables de la entidad intervenida por el Banco de España han aportado al juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu aparecen 23.000 euros en en safaris. En agosto de 2007, cuando estalló la crisis de las subprime o hipotecas basura, Blesa disfrutaba de una cacería en la República Sudafricana. Cargó los 7.000 euros de la excursión y otros 3.000 de vuelos interiores en Sudafrica Airlines a la entidad. En julio del año anterior había fundido otros 13.000 euros en una aventura similar. En hoteles de cinco estrellas, paradores, restaurantes de lujo, vino, joyas, compras de alimentos y ropa y calzado de marca se fundía un promedio de 65.000 euros cada año.

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Su sucesor, Rodrigo Rato, no fue a la zaga. En bebidas alcohólicas pagó con el plástico una factura de 3.547 euros. En copas, discotecas y salas de fiesta se anotó 2.000 euros. Con socorrida tarjeta enviaba rosas, pagaba al peluquero, compraba los analgésicos y medicamentos, se regalaba escapadas de fin de semana, hoteles y balnearios de lujo. También, conciertos en el Tetaro Real. En el año y medio que estuvo al frente de la entidad (diciembre de 2010 a junio de 2012), hizo cargos por valor de 54.837 euros. En febrero de 2012 la auditoría externa no pudo ocultar el agüjero de la entidad y el prestigioso exvicepresidente económico con Aznar y exdirector del FMI empleó la tarjeta negra para sacar del cajero mil euros diarios.

El gran factotum Ildefonso Sánchez Barcoj cargaba viajes de placer que costaban 5.000 euros, compraba joyas y pagaba los gastos de farmacia, las entradas de cine, los coches de alquiler y los grandes restaurantes con el plástico de la entidad. Ese Barcoj era asiduo del club de gol Oliva Nova y también cargaba ese gasto particular. Si Blesa sacaba del cajero unas cantidades que oscilaban entre 500 y 700 euros, Barcoj era metódico y extraía 300 euros por semana para gastos de bolsillo. Aunque ponía límite a los demás, fue el que más gastó: 484.192 euros en siete años.

Casa Real y CEOE

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Rafael Spotorno. / Efe

Los restaurantes Jockey, Casa Lucio, Horcher, La Trainera, Los Porches, el Café de Oriente, Esquina del Real, La Ancha y algunas marisquerías de la villa y corte figuran en la lista de preferencias gastronómicas del que fuera jefe de la Casa Real y consejero de Felipe VI, Rafael Spottorno Díaz Caro. El escándalo de las tarjetas le ha obligado oficialmente a dimitir. Era consejero de la entidad en representación de la Fundación de la Casa Real y gastó 223.864 euros en compras, viajes, hoteles y regalos. Se pagaba las gafas con la canongía y cuando echaba en falta dinero de bolsillo, lo sacaba del cajero a razón de 600 euros por visita al artefacto automático. Como muchos otros, encargaba la compra al Corte Inglés. En su chapa figuran cargos de Ikea, Leroy Merlín, Madrid Camisero y distintos gastos, incluidos los de aparcamiento.

El empresario Arturo Fernández Álvarez, personaje cercano al monarca emérito, Juan Carlos I de Borbón por amistad personal, disfrutó de la tarjeta negra como consejero en representación de la CEOE, de la que es vicepresidente, durante los últimos meses de 2011 y primeros de 2012, y cargó bastantes compras personales y fuertes facturas en los restaurantes del grupo Cantoblaco, ahora en concurso de acreedores, de los que era propietario. Arturo, amigo también de la expresidenta de Madrid y lideresa del PP madrileño, Esperanza Aguirre, poseía una especial habilidad para obtener contratas de restauración en ministerios y centros oficiales, incluidos los restaurantes y cafeterías del Congreso de los Diputados. Fue denunciado por pagar en negro a los trabajadores. Sus colegas de la CEOE, el expresidente Gerardo Díaz Ferrán, en la cárcel de Alcalá de Henares por estafas y delitos económicos muy graves, y Francisco Javier López Madrid, de la patronal madrileña CEIM, cargaron a las tarjetas opacas 94.000 y 34.800 euros, respectivamente.

Moral Santín, segundo del ranking

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José Antonio Moral Santín. / Efe

Por el volumen de gasto personal opaco, José Antonio Moral Santín, figura en segundo lugar, inmediatamente detrás de Sánchez Barcoj. Hombre de absoluta fidelidad a Blesa, el consejero de IU y antiguo militante del sector “prosoviético” que encabezó Ignacio Gallego, gastó 456.500 euros, pero en vez de pagar con la tarjeta, prefería sacar el dinero del cajero a razón de 500 euros cada tres días hasta 2007 y de 600 desde ese año y explicarse en efectivo. De este modo sólo queda registro de algunos gastos de hotel en Madrid, la compra de un ordenador y de sus almuerzos en Solchaga y en algún otro restaurante de buen comer de la capital.

Ni en perspicacia ni en volumen de gasto personal sin necesidad de justificar llegaron los demás consejeros que tuvo IU en Caja Madrid al nivel del Moral Santín, expulsado de la formación política hace ya más de dos años y con apellidos propicios a la expresión contraria. Así, Rubén Cruz se anotó 233.700 euros, Juan Gómez Castañeda gastó 128.100 euros y Ángel Rizados, 20.100 euros. En conjuto, los representantes de la formación de izquierda se lucraron por un montante de 838.400 euros durante los nueve años y medio de mandato de Blesa y Rato. Los 15 consejeros del PSOE fundieron en los mismos conceptos –viajes, hoteles de lujo, restaurantes, ropa, combustible, vacaciones, alimentos y otros gastos– 1.437.900 euros. Y los 28 del PP, más del doble: 3.520.400 euros.

Los consejeros socialistas

¿Desconocía la dirección del PSOE las canongías opacas cuando el que fuera asesor del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, el «intelectual orgánico» Ignacio Varela, empleó a discreción la black, con un gasto de 35.700 euros en menos de dos años? Puesto que la función de Varela consistía en proporcionar metáforas, aliteraciones, respuestas y, de cuando en cuando, alguna idea, se comprende que fuera el personaje que más gastó en libros, casi el 20% del límite que le asignó Barcoj. Tras salir del Gobierno, a finales de 2011, Varela pasó a cobrar de la sede socialista de Ferraz, como asesor externo y bien remunerado de Alfredo Pérez Rubalcaba y su número dos, Elena Valenciano. Libros aparte, este Varela no se desvió un ápice del uso y abuso del plástico para dar placer gastronómico, excursionista y viajero al cuerpo.

A la cabeza de los consejeros del PSOE por nivel de lucro –el nuevo secretario general, Pedro Sánchez, ha prometido expulsarlos a todos y ha instado a la Agencia Tributaria a investigar y sancionar los sobresueldos– figura un personaje tan irrelevante políticamente como Antonio Romero (no confundir con el exdiputado de IU por Málaga), quien tiró de tarjeta en asadores, compras para su casa, viajes y vacaciones por 2252.000 euros, seguido de José María de la Riva con 208.900 y Ramón Espinar con 178.900. Ellos y sus doce compañeros restantes cobraban como consejeros y poseían la correspondiente tarjeta para gastos de representación institucional de Caja Madrid, por lo que eran plenamente conscientes de que las chapas eran para gastos personales, lujos y caprichos a cambio del silencio y la fingida ignorancia de decisiones en la entidad con características de estafa. Por lo demás, el vicepresidente y exrector de la Universidad de Alcalá de Henares, Virgilio Zapatero, que fue ministro de la Presidencia con Felipe González, ha difundido una carta al secretario general, Sánchez, negando las acusaciones de falta de honradez que pesan contra todos ellos. Pero lo cierto es que en su registro de gasto con cargo a la black figuran viajes, restaurantes, gastos en el Parador de la azañista y cervantina ciudad madrileña y hasta chocolates y una anotación de 500 euros en pilates y ejercicios de relajación. En cambio, el guerrista José Acosta, que no era consejero pero sí miembro de la comisión de control de la Caja, se fundió la mayor parte de los 62.300 euros en invitar a periodistas, amigos y compañeros en restaurantes cercanos al Congreso de los Diputados. El que fuera presidente de la histórica Federación Socialista Madrileña se dio de baja en el PSOE en tiempos de Zapatero.

Independientes bien cebados

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Ricardo Morado Iglesias. / mihap.gob.es

El técnico supuestamente independiente Ricardo Morado Iglesias es el tercero del ranking, con 448.318 euros durante el mandato de Blesa. Aunque optó por el método de Santín de retirar la pasta en efectivo, su black registró pagos en la escuela de esquí de Sierra Nevada, facturas de varios miles de euros en el Meliá de Sierra Nevada y en los mejores restaurantes y asadores de la capital, así como abultadas compras en grandes almacenes. Al contrario que Santín, a ese Morado no necesitarán retorcerle el apellido.

Le sigue sigue Blesa en el ranking de gasto y luego otro técnico sagaz y supuestamente independiente por nombre Ramón Ferraz Ricarte. Se benefició de 397.860 euros y sacaba el dinero en efectivo. Pero cuando había que pagar 1.200 euros en la Alta Sastrería Famit, 500 en la discoteca Mami, 300 por una comida en Horcher, 700 en el Marbella Club Hotel, 6000 a Viajes Hesperia para huir lejos en Semana Santa o tenía que afrontar otro pago similar al Corte Inglés, no le quedaba más remedio que apelar al plástico.

A continuación va el también directivo independiente Matías Amat Roca, con una remuneración opaca de 389.025 euros. Ninguno tenía aficiones baratas y ese Amat tampoco: golf, viajes de placer, buenos hoteles y mejores restaurantes. Le sigue el también independiente de partidos y sindicatos Mariano Pérez Claver, que se gastaba una pasta en cacerías y viajes a lugares exóticos: su registro se detuvo en septiembre de 2010 en 379.513 euros. Y ya con menos gasto en negro porque se marchó en agosto de 2009, el también consejero independiente Enrique de la Torre Martínes, con 320. 742 euros.

Dos colaboradores de Montoro

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Estanislao Rodríguez Ponga. / Efe

Por debajo de 300.000 euros figura la que fuera concejala del PP Mercedes de la Merced, ya fallecida. Entre los consejeros populares con más black van a continuación dos grandes expertos en fiscalidad e impuestos: Estanislao Rodríguez-Ponga y Pablo Abejas. Los dos han sido colaboradores estrechos del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, por lo que, siendo un hombre avispado, resulta poco creíble que no conociera los complementos de sus correligionarios de confianza.

Rodríguez-Ponga tiró de tarjeta opaca por valor de 255.372 euros como consejero y después vicepresidente de Caja Madrid, en la que estuvo desde julio de 2007 a enero de 2012. Ponga es experto en ingeniería fiscal. Después de prestar servicio en la Organización Nacional de Inspección, la temida ONI, pasó al otro bando como asesor de grandes empresas, el BBVA y Repsol entre ellas. Rato le nombró secretario de Estado de Hacienda en 2001 en sustitución del implicado en el fraude de Gescartera, Enrique Giménez Reina. Ya entonces la puerta giratoria registraba mucho movimiento. Como secretario de Estado trabajó con Montoro en la elaboración de algunas normas fiscales todavía en vigor. Cuando, en 2006, llegó a Caja Madrid y le entregaron la tarjeta no puede decirse que desconocía la irregularidad fiscal que suponía el uso personal sin justificación del gasto a la entidad –no eran tarjetas de empresa– ni su equivalencia a retribución en negro. En sus cargos figuran 96 euros del Metro, decenas de repostajes de combustible, hoteles y cuatro viajes internacionales con la familia. Ponga está en posesión de la Gran Cruz de la Órden de Isabel la Católica y pese al borrón fiscal, sigue de tesorero del Colegio de Economistas y es directivo de El Corte Inglés y consejero de Testa, la filial patrimonial de Sacyr.

Tampoco se puede decir que el inspector fiscal de carrera y alto cargo como jefe de gabinete del actual secretario de Hacienda y persona de confianza de Montoro, Pablo Abejas, desconociera la trampa al fisco. Entró en 2006, con Ponga, de consejero de Caja Madrid a propuesta del PP y gastó 246.715 euros. Los cargos más frecuentes de Abejas fueron ropa, restaurantes y compras menores, aunque también figuran pagos por viajes en época estival. En todo caso, los directivos y consejeros tuvieron buen cuidado de no sobrepasar la cantidad anual de 120.000 euros opacos que les hubiera hecho acreedores de delito fiscal.

Más allá del lucro a cuenta de la entidad rescatada con dinero avalado por todos los ciudadanos y de las responsabilidades penales que pueda establecer la Justicia –la Audiencia Nacional tras la instrucción del juez Andreu en este caso– y las obligaciones fiscales que establezca la Agencia Tributaria, ya es sabido que el reproche social por la falta de vergüenza y honradez ha llevado a dimitir de sus puestos relacionados con el sector público a una docena de tarjeteros. El golpe más duro para los sindicatos ha sido la implicación en las prácticas corruptas de los relevantes sindicalistas Rodolfo Benito, de Comisiones Obreras y José Ricardo Martinez, dirigente de la UGT de Madrid. Este hombre llegó a cargar en dos días un dispendio de 7.000 euros en compras en grandes almacenes durante la Navidad de 2010.