La siembra de Cayo Lara

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Cayo Lara, emocionado, tras anunciar ayer en la reunión del Consejo Político de IU su renuncia a encabezar el cartel del partido en las próximas elecciones generales. / Ángel Díaz (Efe)

Ahora que Cayo Lara  acaba de anunciar que no se presentará a las primarias de IU para elegir candidato a la presidencia del Gobierno parece llegado el momento de recordar la hilaridad que su elección como coordinador de Izquierda Unida (IU) en noviembre de 2008 provocó entre algunos políticos del partido colindante. Celebraban “el acierto” de la organización izquierdista al sustituir a un dirigente como Gaspar Llamazares, que había obtenido el 3,5% del voto en las elecciones generales de aquel año, por otro que había sacado el 2,5 en las autonómicas de Castilla-La Mancha. Se llevaron un chasco, los risueños. La IU de Lara recuperó el 7% de los votos y hoy Cayo preside un grupo con 11 diputados de IU que serían el doble sin la injusta ley electoral.

Hace unos días, cuando anunció en un desayuno informativo en el Forum Europa que no sería un tapón para la renovación generacional de IU, el escritor Luis García Montero lo presentó como una persona “discreta, amable, sencilla”. Lo adornó con las cualidades de la “flexibilidad (tolerancia), el escrúpulo, la convicción y la lucha”. Y le atribuyó los valores de la quijotil figura iluminada con la sabiduría popular de Sancho Panza. Es cierto. De ese contagio del utópico caballero y el hombre común están cargadas sus intervenciones parlamentarias. No en vano nació (1952) y se crió y trabajó como agricultor en Argamasilla de Alba (Ciudad Real), el pueblo de Alonso Quijano y la localidad de la que fue alcalde durante doce años (1987-1999).

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Después de una intervención en la Comisión Constitucional del Congreso contra la reciente reforma del Estatuto de Castilla-La Mancha a la medida electoral de María Dolores de Cospedal, le oí decir que los alcaldes debían dedicar todo el dinero a paliar el desempleo. Él lo hizo en Argamasilla. En las ruinas de la casa de Medrano creó una escuela taller y facilitó cuarenta empleos a mujeres y hombres que lo necesitaban.

Contó el poeta García Montero que cuando andaba visitando aquellas tierras por razones filológicas escuchó “cosas sorprendentes” sobre el alcalde de Argamasilla: no admitía regalos y lo pasaba fatal cuando un vecino al que había ayudado en algún trámite quería agradecérselo y le traía un queso. ¿Cómo rechazarlo sin herir su buena voluntad, sin que pareciera desprecio? Cayo le explicaba amablemente que no le había hecho favor alguno, sino que cumplía con su obligación.

En cambio, una vez recibió una cesta valorada en 50.000 pesetas que haría las delicias de cualquier despensa. La devolvió sin ningún escrúpulo ni miramiento, con una simple nota de explicación. Este alcalde no admite regalos, o algo parecido. El remitente era un personaje de mucha influencia y renombre en las finanzas y en la política que había comprado 5.000 hectáreas de tierra en Argamasilla y otros términos vecinos. El muy cabrón había despedido a un trabajador por ausentarse para llevar a su hijo, con cuarenta de fiebre, al médico.

Cayo se mostró inflexible contra la corrupción mucho antes de que la alarma social colocase en el disparadero judicial a los dos grandes partidos y a CiU. No está lejana su lucha, codo con codo, con el alcalde de Seseña (Toledo), Manuel Fuentes, contra el urbanicidio insostenible que quería perpetrar y perpetró el promotor Francisco Hernando, más conocido como El Pocero. Sobre el alcalde y el entonces coordinador de IU de Castilla-La Mancha (2000-2008) llovieron querellas judiciales. Eran los tiempos de la burbuja inmobiliaria y a los especuladores, que contaban con el respaldo del Ejecutivo regional del PSOE en este caso, no había quién les tosiera. Sólo que el tiempo propiamente dicho terminó dando la razón a Cayo y a quienes denunciaban la irracionalidad a campo abierto de las ciudades dormitorio en las rutas del Ave.

Lara fue fundador de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos. Antes de ser elegido secretario general de la COAG no solo era conocido como agricultor en su comarca sino también como promotor de la discoteca de su pueblo. Gastaba en sus años mozos una larga cabellera y le llamaban Jesucristo Superstar. “Hoy, después de tanta lucha y de tanta prédica en el desierto, señor Rajoy, algunos ya tenemos el pelo blanco”, le espetó al jefe del Gobierno en el último debate sobre el mal estado de la nación. Puesto que el próximo será sobre la corrupción, no le faltarán ejemplos y argumentos de su lucha en la materia.

Con 61 años, su pelo blanco, sin los tintes y disimulos poco honrados que emplean otros políticos, es el signo de que el tiempo no pasa en balde. Él lo ha empleado bien y por el bien comú, aunque igual que Alfredo Pérez Rubalcaba y otros veteranos del del PSOE –Alfonso Guerra ha aguantado hasta los 74 años–, entiende que la política necesita sabia nueva, un Alberto Garzón, una Tania Sánchez y tantos otros jóvenes preparados para dirigir el futuro de la nación de naciones. Por cierto que Lara y Garzón fueron los primeros diputados de IU en acreditarse tras las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011 y también los primeros en renunciar al fondo privado de pensiones que pagaba el Congreso.

A propósito de canas y acreditaciones, la realidad acredita sus aciertos y el buen tino al frente IU: contribuyó a la convivencia interna, frenó la caída electoral, recuperó militancia y 1,2 millones de votos y  volvió a situar a la organizacion de izquierda como tercera fuerza política en el conjunto del Estado, sin que ello quiera decir que no se haya beneficiado del acusado descenso del PSOE en 2011. La progresión ascendente y la capacidad de unir y sumar en la Izquierda Plural a formaciones como la Chunta Aragonesista, Iniciativa per Catalunya, colectivos ecologistas, a los nacionalistas gallegos de Anova Irmandade Nacionalista de Xosé Manuel Beiras y a otros grupos ha sido coherente con la estrategia de convergencia programática que lanzó en junio de 2011 para avanzar en un amplio frente de izquierda contra el capitalismo salvaje y sus destrozos sociales.

Cierto es que la irrupción de Podemos ya demostró en las elecciones europeas un fuerte corrimiento del voto y, según las encuestas, pueden incidir todavía más en el descenso electoral del IU, pero Lara no es de los que espera regalos de los Reyes Magos –es republicano– ni de los que confía en el liderazgo ni en el azar, sino de los que creen en el pensamiento y en la construcción colectiva codo con codo con los sindicatos y las organizaciones sociales. En este sentido considera que IU tiene una credibilidad bien ganada y debe seguir, digan lo que digan las encuestas, el mapa de la lucha por los derechos de los trabajadores, de la sanidad y la educación pública y de una democracia de calidad. En 2012, el año de la mayor quita de derechos a los trabajadores con la reforma laboral del PP y de los mayores ataques a los sindicatos, él señaló el camino y no dudó en afiliarse a Comisiones Obreras (CCOO).