Solo Cayo Lara descalifica globalmente las obviedades del Mensaje navideño del rey

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Cayo Lara conversa hoy jueves con un grupo de amigos en la Casa Medrano de su localidad natal, Argamasilla de Alba (Ciudad Real). / Beldad (Efe)
Actualizado a las 21:50 con nuevas reacciones al Mensaje.

Solo Cayo Lara ha descalificado globalmente las obviedades del mensaje navideño de Felipe VI a los ciudadanos. El dirigente de IU lo considera «decepcionante, continuista y contradictorio». En su opinión «no es de recibo» que hablase de corrupción, paro o de la «delicada situación política» en Cataluña, «mientras obvia conscientemente hacerlo de la independencia judicial, asume la propaganda triunfalista del Gobierno del PP sobre la situación económica y hace continuas alusiones a una Constitución que está agotada y que incumplen de manera flagrante los poderes políticos y económicos del Estado español».

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En contraste con la apreciación meliflua y acrítica de los representantes del PP, el PSOE y Podemos, el coordinador federal de IU dijo que el monarca ha seguido «la larga tradición familiar de ocultar que esta crisis política y económica tiene responsables, y que estos son los mismos que han creado y agravado la desigualdad, la pobreza y el verse abocados a la emigración para un número muy significativo de ciudadanos y ciudadanas españoles». Subrayó que la retórica no vale contra la corrupción, «no se combate de forma más efectiva por dedicarle muchos renglones, sino respetando la independencia de la Justicia sin ejercer presiones». Y añadió que «en los mensajes políticos es tan importante lo que se dice como lo que se calla, y en éste nadie ha podido escuchar ninguna alusión del jefe del Estado a esas personas muy próximas a él y tan salpicadas directamente por la corrupción que a no mucho tardar se van a sentar en el banquillo de los acusados», añadió al respecto.

Lara, que también manifestó que a la Casa Real le queda un largo camino en materia de transparencia a pesar de «los parches y cortinas de humo» de los últimos meses, consideró un «grave error» que Felipe de Borbón «se sume sin contemplaciones al discurso propagandista y triunfal del Gobierno del PP sobre el final de la crisis», e indicó que el mensaje «se sitúa también fuera de la realidad cuando busca defender una Constitución agotada por la vulneración continua a que se somete sus derechos esenciales».

La otra cara de la moneda de la dura crítica del coordinador de la formación de izquierda la mostró el vicesecretario de organización del Partido Popular (PP), Carlos Floriano, con una declaración melíflua, según la cual el Rey está «pegado a la calle» y «conoce perfectamente» los problemas de los españoles. «Debemos sentirnos legítimamente orgullosos», concluyó. Por el PSOE, el portavoz en el Congreso, Antonio Hernando, consideró que el monarca hizo «una correcta descripción de los problemas o crisis que afectan a España». Para evitar la menor crítica, este Hernando se calló sobre el alineamiento del Borbón con el PP en contra de la reforma de la Constitución que propugnan los socialistas. En el goteo de reacciones destacó la del dirigente de Podemos, Pablo Iglesias, quien dijo vía Twitter que «hace un buen diagnóstico pero se equivoca si piensa que los responsables de la crisis nos sacarán de ella».

Las primeras reacciones llegaron desde Cataluña, donde el presidente de la Generalitat, Artur Mas, dijo que sólo habrá respeto hacia Cataluña cuando el Estado «entienda y respete que los catalanes tienen derecho a decidir». Deploró que cada intento de decidir el futuro sea «sistemáticamente boicoteado» por las instituciones del Estado y el Gobierno español. No obstante agradeció que se reconozca que existe el problema porque hace dos años se menospreciaba. Mas contestó a las palabras del monarca en el homenaje a Francesc Macià. Su socio de Unió, Josep Antoni Durán i Lleida vio en el mensaje real una apelación al presidente Rajoy para que «abandone el inmovilismo» y dialogue. El portavoz de ERC en el Congreso y candidato a la alcaldía de Barcelona, Alfred Bosch, dijo que «nadie tiene que darnos lecciones de conviviencia aunque lleve corona» y respondió con ironía al llamamiento contra el trato de favor a los cargos públicos: «Resulta que él es un cargo de por vida y legalmente irresponsable».

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Felipe VI, ayer, durante su mensaje de Navidad. / Casa del Rey

Obviedades y omisiones

Para quienes no vieran el primer mensaje navideño de Felipe VI de Borbón y Grecia (ver vídeo), jefe del Estado español por vía hereditaria, resume el cronista. La corrupción es malísima y no, como dice María Dolores de Cospedal, “patrimonio de todos”, sino de unos cuantos, quizá demasiados. Por eso dijo el monarca que hay que “cortarla de raiz y sin contemplaciones”. No se refirió al latrocinio de su cuñado Iñaki Urdangarin a cuenta del dinero público con la complicidad de los expresidentes autonómicos del PP de Baleares, Jaume Matas, y de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps, el de los trajes, que lo utilizaron de tapadera y coartada de sus rapiñas, ni pidió a su hermana Cristina de Borbón que renuncie a la línea de sucesión ni al ducado de Palma de Mallorca, pero se deduce del “corte de raíz y sin contemplaciones”.

El paro es un fenómeno (el primero en todas las encuestas del CIS desde 2009) que preocupa muchísimo a Felipe VI El Preparado, hasta el punto de decirnos que “es la gran prioridad”. Se supone que se refería a la conveniencia de que los acumuladores del capital no sigan incrementando el ejército de reserva hasta provocar incendios. Los estallidos sociales, la protesta y la indignación no son de su agrado, por eso desde el primer momento abogó por “recuperar el sosiego y la serenidad”. Y luego, en referencia a la crisis económica, dijo eso tan bonito de que “la economía debe estar al servicio de las personas”.

A la mitad del discurso pronunció la enésima obviedad, según la cual, la Constitución de 1978 es buenísima y le preocupa “la fractura emocional” de Cataluña. No sólo le preocupa, “le duele” porque Cataluña está “en el corazón” y “somos complementarios” y además “la suma de las diferencias” nos fortalece y la unión hace la fuerza y “la fuerza está en la unión”. Por consiguiente, “respetemos la Constitución”, advirtió sin separarse del mensaje inflexible del jefe del Gobierno, Mariano Rajoy Brey.

De las obviedades bienintenionadas pasó a los lugares comunes tales como que “vivimos tiempos complejos y difíciles”, pero hemos de “labrar nuestro mejor futuro” sabiendo que “no partimos de cero” y que “debemos valorar con orgullo” lo que hemos conseguido, generación tras generación, aunque, desde luego, “tenemos la responsabilidad de corregir los fallos y de mejorar y acrecentar los activos de la España de hoy con la vista puesta en un futuro que nos pertenece a todos los españoles”.

Por si algún trasnochado no lo sabía, Felipe VI nos recordó que “somos una democracia consolidada” y, sin citar la “marca España” del ministro José Manuel García Margallo, gran admirador de Fernando Castiella, nos informó de que “somos una nación respetada y apreciada en el mundo” y además formamos parte del “proyecto europeo”, lo que nos hace más fuertes, competitivos y protagonistas de un futuro de integración.

Después de todo lo cual, y a modo de colofón, nos transmitió un “mensaje de esperanza” para superar “nuestros grandes retos” que, según enunció, consisten en “regenerar nuestra vida política, recuperar la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, garantizar nuestro Estado del Bienestar y preservar nuestra unidad desde la pluralidad”. Por falta de capacidad y coraje que no quede, pues nos sobra, añadió.

Y además citó la clave: “Recuperar el orgullo de nuestra conciencia nacional, la de una España moderna, de profundas convicciones democráticas, diversa, abierta al mundo, solidaria, potente y con empuje”. Y aprovecho el término “empuje” para referirse a los que intentan progresar y sacar adelante a sus familias: “Estaré siempre a vuestro lado como el primer servidor de los españoles”. Luego en nombre de la Reina, la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía deseo “feliz Navidad, Eguberri on, bon Nadal, boas Festas”.

La alocución fue grabada el martes, cuando se conocía ya el procesamiento de la infanta Cristina por supuestos delitos de corrupción, pero el monarca esquivó el evidente desprestigio familiar y no enfatizó un asunto más que otro. Su lectura monocorde, con tono más ágil y juvenil que el pastoso y pausado de su padre y antecesor Juan Carlos I, transmitió una sensación de brevedad y ligereza (12 minutos) con las tres alusiones mencionadas: corrupción, paro y Cataluña. El decorado, como podrán ver en el vídeo del monólogo, fue una saleta de La Zarzuela acondicionada como cuarto de estar, con el personaje debidamente trajeado y sentado en una silla.