El Supremo se retracta: no investigará la paternidad del Rey

El rey padre Juan Carlos I en su despacho./ Efe
El rey padre Juan Carlos I en su despacho./ Efe

Los más dados al sensacionalismo dirían que es un día histórico. Lo cierto es que son rarísimas las ocasiones en las que el Tribunal Supremo se rectifica a sí mismo. Claro que ya había sido sorprendente la resolución inicial del pleno de la Sala Primera, de lo Civil, por la que admitía a trámite la demanda de paternidad de la ciudadana belga Ingrid Jeanne Sartiau contra el rey padre Juan Carlos I. Ahora, por siete votos contra tres, el pleno de la sala ha revocado su propia decisión al admitir el recurso de reposición interpuesto por el monarca. Ya no se investigará la posible paternidad del Monarca.

Todavía no se conocen los fundamentos de la decisión —que se harán públicos en un auto que redactará el magistrado José Antonio Seijas, debido a que el anterior ponente, José Ramón Ferrándiz, ha quedado en minoría— , pero se pueden adivinar a pesar de la confidencialidad con la que se trata este asunto por afectar a ámbitos de la privacidad de las personas.

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Lo cierto es que el fiscal ya había reclamado la desestimación de la demanda de Ingrid Jeanne Sartiau, lo mismo que la de Albert Solá, por entender que ninguna de las dos cumplía los requisitos exigidos por la ley de Enjuiciamiento Civil, que en su artículo 767 establece que “en ningún caso se admita la demanda sobre (...) filiación si con ella no se presenta un principio de prueba de los hechos en los que se funde”.

Y lo sorprendente es que el pasado 4 de febrero, la sala presidida por Francisco Marín Castán rechazó la demanda presentada por Solá, pero admitió a trámite la de Sartiau al considerar válido un principio de prueba aparentemente amplísimo. La ciudadana belga alegaba que en 1980, su madre certificó ante un notario que en 1965 mantuvo un largo encuentro sexual durante tres días en un hotel de la Costa del Sol con “un hombre gentil, guapo, dulce y con ojos azules”. No aportó ningún rasgo característico ni ninguna otra prueba de identidad, salvo que afirmaba que concluido el encuentro, un conserje del hotel le explicó que su partenaire era el futuro rey de España. Indicaba que después huyó a Bélgica y que nunca más tuvo contacto con él. Ingrid Jeanne Sartiau nació en agosto de 1966. Como se sabe, la declaración de una persona ante un notario no presupone que el contenido de lo declarado sea verdad. El fedatario público lo único que puede acreditar es que esa persona acudió a su presencia y declaró eso, sin que él compruebe que lo dicho es verdad.

La admisión a trámite de esa demanda con principio de prueba tan endeble, perfectamente equiparable o peor que el de la demanda de Solá, levantó toda clase de suspicacias en el mundo judicial, entre las que figuraban que los magistrados del Supremo habrían recibido información al margen del proceso según la cual la demandante no era hija del rey padre y que por tanto no había problema en hacerle a este pruebas de ADN como un ciudadano más. De esa forma, el fondo de la demanda se podría rechazar con pruebas objetivas y se acercaba un poco más la institución de la Monarquía a los ciudadanos.

Ahora, sin embargo, el Supremo —y por siete votos contra tres— ha admitido el recurso del Monarca y se ha rechazado el de Sartiau. Ya no habrá un adn de Juan Carlos I en un expediente civil que luego podría tratar de contrastarse con el del otro demandante.

Independientemente de lo que pueda pensarse sobre si don Juan Carlos es padre de Solá o Sartiau, los principios de prueba de sus demandas son cuando menos manifiestamente mejorables, por lo que la resolución adoptada ahora de rechazar la investigación no es descabellada. Lo verdaderamente sorprendente fue que el 4 de febrero el pleno de la Sala decidiera lanzarse la la piscina con tan poca agua.