Comienza la campaña que pondrá fin al bipartidismo

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Juan Vicente Herrera, el único de los barones del PP que logrará renovar la mayoría absolutas, según la encuesta del CIS, en el acto de apertura de campaña celebrado en Burgos. / Santi Otero (Efe)

Las elecciones locales y autonómicas del 24 de mayo van a suponer el principio del fin de la mayoría absoluta del PP y a modificar sensiblemente el mapa político. El oráculo del CIS confirmó la irrupción generalizada de Podemos y Ciudadanos en las trece autonomías y las ciudades autónomas del norte de África que renuevan sus asambleas parlamentarias y sus gobiernos. Los resultados del sondeo, realizado antes de que saliera a la luz el nuevo escándalo del exdirector gerente del FMI y de Bankia, Rodrigo Rato Figaredo, reafirman el final del bipartidismo y auguran un tiempo nuevo, de mayor contraste y pluralidad. Podemos será decisivo para formar gobiernos progresistas y Ciudadanos se perfila como la "rueda de repuesto" de PP.

El oráculo del CIS influye, qué duda cabe; para eso se inventó. La palabra será, no obstante, de los 19.840.597 electores con derecho a decidir en las comunidades autónomas, los 119.487 de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, y los 34.985.499 llamados a elegir a sus concejales e, indirectamente, a los alcaldes de más de 7.000 ayuntamientos. Las administraciones públicas más cercanas interesan de un modo u otro a todos los ciudadanos. Quizá por eso la oportunidad de erradicar las mayorías absolutas e inaugurar otra forma de gobernar lo público sin la plaga del clientelismo y la corrupción aparece en lontananza como el primer signo político saludable.

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El PP de Mariano Rajoy aborda la campaña como un queso gruyere con los agujeros llenos de ratones. Es un edificio con aluminosis, un autocar pinchado. A las políticas de recortes sociales, ajustes laborales a la medida del capital, reducción de los salarios y apelación a la hucha de una Seguridad Social en declive para pagar las pensiones, se añade la ciénaga de la corrupción política, las contratas para enriquecerse a costa de lo público, la interminable escandalera de la financiación ilegal y las cuentas en Suiza y otros paraísos fiscales en plena crisis económica.

Con todo, la gran incógnita para los observadores de la realidad política sigue siendo por qué causa o razón la corrupción no pasa factura a la derecha. La socialdemocracia y, en general, todas las fuerzas de izquierda pierden la confianza de la ciudadanía por los casos de improbidad y latrocinio en sus filas, pero los "patriotas de hojalata", como les llamó José Luis Rodríguez Zapatero, parecen inmunes a las tramas y el saqueo de lo público.

En la campaña del PP destacan los signos de algunos candidatos como el extremeño José Antonio Monago y la madrileña Esperanza Aguirre de distanciamiento de las políticas de sufrimiento social y austeridad para los más necesitados que ha practicado el Gobierno. Ellos anteponen y contraponen su personalidad a la del jefe del Gobierno y presidente del PP, Rajoy. Se esforzarán en hacer creer a la gente que no van en el mismo autobús e intentarán correr más. Aguirre ha ofrecido incluso 50 euros a los taxistas de Madrid para que lleven la estampita de su cara en el salpicadero,

Más allá de las singularidades, Rajoy se va a volcar en la campaña con el mensaje de que todas las demás fuerzas políticas, "menos algunos casos", son una amenaza para la recuperación económica. Sabe que los comicios del día 24 son, efectivamente, una amenaza pero para su continuidad en el Gobierno e, incluso, para su candidatura como aspirante a la reelección. En este punto resulta curioso constatar la histórica enemistad entre su número dos, María Dolores de Cospedal, y el presidente gallego, Alberto Núñez Feijóo, al que muchos en el PP consideran el "tapado" de Rajoy.

La recuperación en forma de empleo precario y un crecimiento que depende más de la bajada del precio del petróleo y las materias primas, de las iniciativas del Banco Central Europeo y el plan Junker, reconociendo a regañadientes el "austericidio", que de la acción del Gobierno --incluida la amnistía fiscal de Cristobal Montoro para que vuelva el dinero--, todavía no ha reintegrado a sus puestos a los 20.000 maestros y profesores expulsados de la enseñanza pública obligatoria ni ha suprimido el repago de los medicamentos ni, mucho menos, devuelto el derecho a la atención sanitaria a los inmigrantes.

Pero Rajoy confía en la técnica goebbeliana de la repetición del crecimiento y la creación de empleo hasta que los 5,5 millones de parados, el millón y medio de jóvenes en paro, acaben creyendo que ya tienen trabajo. La adulación (bajada de impuestos, aunque no tanto como los subieron) completará el mensaje general del PP en esta campaña. Sin invocar al sabio griego Platón,  las campañas electorales no están para hacer política noble, aquella que ayuda a la gente a pensar, sino para halagar y agradar al personal. Y por eso la política se parece más a la cosmética y la pastelería cuando se trata de pedir el voto.

El crecimiento de Ciudadanos (C's), cuya marca evoca la falacia dialéctica, pues ciudadanos somos todos, lleva a muchos analistas a preguntarse si será "la rueda de repuesto" del autobús del PP para seguir gobernando donde ha perdido la mayoría absoluta, que es en todos los sitios menos, según las encuestas, en la eólica Castilla y León. Si así fuera, se convertiría en una fuerza neumática alejada de la palanca de cambio. Su dirigente, Albert Rivera, no desvela la estrategia. Con un discurso tecnocrático, se limita a proclamar que sus candidatos, entre los que se incluyen tránsfugas de UPyD, no entrarán en ningún gobierno si no ganan. Por cierto que la formación de Rosa Díez consiguió ayer que la Junta Electoral Central les deje fuera de los espacios gratuitos de TVE por no haber alcanzado el 5% en las elecciones europeas de hace un año, de modo que sólo dispondrán de las desconexiones territoriales en Andalucía y Cataluña.

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La líder de Barcelona en Comú, Ada Colau, única candidata de izquierdas que logrará la victorías, según el CIS, en el acto de apertura de campaña de la coalición. / Marta Pérez (Efe)

Vista a la izquierda

Si miramos al centro izquierda vemos al dirigente del PSOE jugándose el ser o dejar de ser en estos comicios. Si los socialistas consiguen superar al PP en el voto municipal, uniforme en toda España, Pedro Sánchez saldrá tan reforzado que una amplia corriente en el PSOE ya lo considera candidato a la jefatura del Gobierno sin necesidad de primarias. No lo tendrá fácil porque el PP tiene "voto oculto", según los expertos. Tampoco el objetivo de mantenerse como primera fuerza en la izquierda se cumplirá en los ayuntamientos de las dos principales ciudades, Barcelona y Madrid, donde las candidaturas de la unidad popular con Ada Colau y Manuela Carmena al frente, respectivamente, aventajan (en Barcelona, como primera fuerza) a los socialistas en las encuestas.

Con estas premisas y la ventaja del PP en las comunidades valenciana y madrileña, las más importantes en número de electores, los socialistas sólo podrían gobernar con el apoyo de Podemos y de Izquierda Unida (IU) y sus fuerzas afines. Sánchez apostó personalmente por el exministro y exrector Ángel Gabilondo para la Comunidad de Madrid tras cesar a Tomás Gómez, y esa será la medida de su éxito o su fracaso. El PSOE se esforzará en mantener el gobierno de Asturias y recuperar Castilla-La Mancha y Extremadura. Anoche, en el arranque de campaña, Sánchez afirmó que dedicarán el 2% del presupuesto autonómico a políticas de empleo hasta que el paro no baje del 15% y denunció la venta de las viviendas sociales a los fondos buitre.

Los dirigentes de Izquierda Unida (IU) son conscientes de que una parte importante de su electorado acabará cogiendo la papeleta de Podemos o de las llamadas "candidaturas de unidad popular". Pero después de haber resistido a los movimientos internos que pretendían diluir su identidad y su proyecto de izquierda plural en ese magma, abiertamente favorable al partido de Pablo Iglesias, mantienen el suelo tradicional a partir del cual esperan recuperar altura, aunque no sea tanta como los globos que soltaron en el comienzo de la campaña electoral.

La formación de Cayo Lara y Luis García Montero en Madrid se ha visto perjudicada por la decisión de la Junta Electoral Central de excluirla de los espacios gratuitos de propaganda electoral en TVE por entender que sus candidaturas municipales no alcanzan al 50% de los electores. Pero esa apreciación es inexacta; lo que ocurre es que IU se presenta en coalición con otras formaciones de izquierda en 1.400 de los 2.600 municipios a los que concurre. Ayer anunció que recurrirá la decisión al Tribunal Supremo.

En el nuevo mapa multicolor, Podemos, que sólo concurre con su marca a las elecciones autonómicas, aunque sus círculos han promovido candidaturas a muchos ayuntamientos, se configura como la fuerza decisiva para formar gobiernos progresistas. La aspiración de Iglesias y su equipo de relevar al PSOE se ha visto contrariada en las últimas encuestas, acaso por el escándalo, jaleado por la derecha, de los trabajos de asesoría de Juan Carlos Monedero en América Latina, por los que cobró y pagó los impuestos correspondientes a pesar de las equívocas imputaciones del ministro Montoro. Con todo, será después de la cosecha electoral cuando Podemos tendrá que decidir si tras quebrar el bipartidismo se aviene a acuerdos con IU y el PSOE o deja gobernar a la derecha. Y no descarten el brote de tránsfugas como espárragos trigueros. A la señora Aguirre le gustan mucho.