Diputados silenciosos de la X legislatura

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Algunos de los diputados sin intervenciones en los Plenos de la X Legislatura. De izquierda a derecha, Teófilo de Luis, Eva Durán Ramos, Mariano Pérez-Hickman y Maravillas Falcón Dacal. / congreso.es

Una treintena de diputados terminan la X legislatura sin haberse estrenado en el pleno, lo que no significa que hayan incumplido su misión principal (votar) ni que su silencio sirva de antítesis a la demostración de Joseph Brodsky en Menos que uno de que el lenguaje es más antiguo que el Estado. La mayoría de los parlamentarios silentes pertenecen al PP, lo cual es lógico si tenemos en cuenta que el Gobierno lleva la voz cantante, o como dice un vocal de la Comisión de Asuntos Exteriores, “cuando canta Margallo yo me callo”. Pero también hay algunos diputados del PSOE que no se han estrenado en más de tres años y medio.

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Cuando termina el penúltimo periodo de sesiones de la legislatura triunfal de Mariano Rajoy Brey (185 diputados) y cunde la preocupación de si sus partidos los colocarán en las listas a las próximas elecciones generales, algunas señorías han comenzado a rendir cuentas a sus electores. Es el caso del socialista Odón Elorza, diputado por Guipúzcoa, que ya ha comenzado a explicar la labor en su circunscripción. La dirección del PP ha ordenado a los suyos que salgan a la calle y se acerquen a la sociedad. Emilio Olabarría, del PNV, uno de los diputados que más ha intervenido, ha sido el primero en lamentar públicamente la cantidad de bodrios legislativos que ha parido esta legislatura en la que se han sentido atropellados (que no arrodillados) por el rodillo del PP. «Algunos de nosotros –dice– ya estamos crucificados y solo cabe esperar que la próxima legislatura, gane quien tenga que ganar, sirva para rectificar (los bodrios)».

En la misión de explicar su tarea disponen sus señorías de una herramienta muy útil: la web del Congreso. Los avances y mejoras que ha experimentado desde la legislatura pasada, en la que el entonces presidente de la Cámara, José Bono, ordenó que se publicaran las rentas y declaraciones de bienes y actividades de los 350 representantes del soberano, permite a los ciudadanos leer las intervenciones en los diarios de sesiones y ver los vídeos de sus monólogos en el pleno con solo cliclar sobre sus nombre.

La publicación de las declaraciones de rentas, bienes y actividades fue un buen avance; sin necesidad de una ley de transparencia –decía Churchill que los países más corruptos suelen ser los que más leyes tienen–, contribuyó a destapar omisiones tramposas de diputados tan relevantes como Federico Trillo (embajador en Londres) o Vicente Martínez Pujalte, que cobraban por la puerta de atrás por asesorar a amigantes de la trama eólica de corrupción en Castilla y León. Tómese la palabra “amigantes” en la acepción del filósofo Emilio Lledó: “amigos mangantes”. La nueva aplicación permite ahora a los ciudadanos contrastar las mentiras y medias verdades tan propias de la precampaña electoral en la que ya todos se afanan.

En términos cuantitativos, 24 de los 185 diputados del PP han pasado por los plenos como el sol por el cristal –sin tocarlo ni mancharlo–; no han podido hablar ni una sola vez. El “mudo” más veterano es Teófilo de Luis, diputado por Madrid durante seis legislaturas, casi 24 años. Aparte la agricultura y la preservación de las especies cinegéticas, su preocupación principal se ha centrado desde hace muchos años en la falta de democracia en Cuba, donde nació. Con el reconocimiento del régimen cubano por parte de Estados Unidos, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el fin del bloqueo, parece llegada la hora de que aproveche los plenos de tramitación del Presupuesto para 2016 en agosto y septiembre para elogiar la gran visión de sus correligionarios del Gobierno sobre Cuba. No hace falta que repita que el presidente Raúl Castro tenía mejores ocupaciones que recibir al jefe de la diplomacia española José Manuel García-Margallo y Marfil.

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Vista del Congreso de los Diputados durante una sesión parlamentaria. / Efe

Tampoco han tenido oportunidad de intervenir en los plenos –aunque sí en las comisiones—las diputadas populares Eva Durán Ramos, Maravillas Falcón Dacal, María de los Ángeles Fernández-Ahuja, María del Carmen Fortea, el veterano onubense Juan Carlos Lagares, el palentino Enrique Luis Martín Rodriguez (expresidente de la Diputación provincial), el turolense José Alberto Herrero Bono o el burgalés Máximo López Vilaboa. Algunos han arrastrado la desventaja de haberse incorporado tarde, como le ocurrió a Valentina Martínez Ferro, quien sustituyó el 13 de octubre de 2014 a Alberto Ruiz-Gallardón, o a Mariano Pérez-Hickman, que entró por Miguel Árias Cañete hace un año y todavía no se ha estrenado.

La suerte ha sido menos esquiva con la valenciana Inmaculada Guaita, que también sustituyó su correligionario Esteban González Pons cuando salió eurodiputado y ha podido intervenir una vez para rechazar una moción de la oposición. Algunas señorías del grupo mayoritario han podido hablar al menos una vez gracias a las preguntas pactadas para dar lustre a los ministros. Es el caso de la malagueña María del Mar Baena, que una mañana de febrero de 2013 preguntó a la ministra de lo que no hay, Empleo, “cuáles son las líneas básicas de la estrategia de emprendimiento y empleo joven”. O el de la murciana Ascensión Carreño, quien además de intervenir para rechazar una moción solicitando la bajada del IVA cultural, se esforzó en facilitar el lucimiento del ministro (ya exministro) José Ignacio Wert recabando su valoración sobre la gestión del Gobierno en el ámbito del teatro.

La lista de “mudos” del PP en el pleno es más amplia e incluye a sus señorías coruñesas Margarita Varela Lema y Antonio Pérez Insua, la extremeña Cristina Suárez Bárcena, el aragonés Manuel Mora Bernat, la tinerfeña Ofelia Reyes o la diputada por Albacete Irene Moreno Felipe. Es verdad que en ocasiones el discurso ajeno ha servido de “camuflaje”, que diría el ruso Brodsky, para “colocar el golpe directo cuando menos se espera”, pero el “¡qué se jodan!” de Andrea Fabra a los parados no vale como discurso, pues de lo contrario habría que considerar el silbido que lanzó una vez un histórico parlamentario que en doce años habló tres veces en el pleno, pero solo para para prometer el cargo. Ni antes ni después se ha escuchado un silbido en el Congreso. Por lo demás, juramento aparte, la castellonense Fabra ha intervenido tres veces en el pleno sobre temáticas de economía y consumo.

También entre los 109 diputados socialistas se contabilizan media docena de señorías que no han tenido oportunidad de hablar en el pleno, casos de José María Benegas, delicado de salud y el más veterano tras la retirada de Alfonso Guerra –también “mudo” en esta legislatura–; José Canongía, quien sustituyó a Carme Chacón en septiembre de 2013; Manuel Chaves, que ha dejado el escaño, y José Antonio Viera, que no lo ha soltado y ha emigrado al Grupo Mixto. Por imputaciones judiciales en casos de supuesta corrupción, el PSOE ha obligado a renunciar a sus escaños al expresidente andaluz Chaves y a su histórico número dos, Gaspar Zarrías, mientras que el también imputado por el Tribunal Supremo por su gestión como consejero de trabajo de la Junta de Andalucía durante el fraude de los ERE, Viera, se ha negado a devolver el escaño. El PP solo ha relevado al diputado Jesús Merino tras su procesamiento como beneficiario de la trama Gurtel de corrupción. Por motivos electorales y de ocupación de cargos públicos han sido sustituidos 78 diputados más, de modo que casi una cuarta parte de los que empezaron la legislatura no la han terminado.

Aunque el discurso dominante ha sido derechista y neoliberal, con leyes regresivas y antisociales para superar la crisis mediante la transferencia de rentas de la clase media y baja a los titulares del capital, todos los diputados de los grupos minoritarios han intervenido como mínimo cinco veces en los plenos a lo largo de la legislatura. Sin contar a los portavoces, en Izquierda Plural se han prodigado Gaspar Llamazares (ahora diputado autonómico en Asturias), Joan Coscubiela, Ricardo Sixto y en los últimos meses Alberto Garzón, candidato a la presidencia del Gobierno. Aparte Olabarría, en el PNV es Pedro Azpiazu el que más intervenciones acumula; en CiU, el sustituido Jordi Janè, Carles Campuzano y Jordi Xuclá son con Pere Macías los que han hablado más y, a falta de ranking de picos de oro, tan correctamente como todos los demás. Y en UPyD, Álvaro Anchuelo y Toni Cantó no han desaprovechado oportunidad de intervenir en cuantas materias económicas y culturales se han presentado. Ambos abandonaron sus escaños por discrepancias con la brillante y experimentada Rosa Díez. Sin tantos «jabalíes» como los bienpensantes del PP y el PSOE temían, los diputados de Amaiur han transitado la legislatura sin poder formar grupo parlamentario propio y, tanto ellos como sus compañeros de ERC y BNG en el Grupo Mixto han sufrido la exclusión desde el primer día de la comisión de secretos oficiales.