Forcades: “No es posible una política anticapitalista en Cataluña si no es con la independencia”

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La portavoz de Procés Constituent, Teresa Forcades, en una imagen del pasado mes de junio. / Marta Pérez (Efe)

Dejó su hábito de monja temporalmente para participar activamente en la vida política. Tenía la intención de estar en una candidatura amplia en las elecciones catalanas del 27-S. Su nombre se daba por hecho en uno de los puestos de salida. Pero el movimiento del que es portavoz, Procés Constituent, decidió finalmente no implicarse. Las coincidencias y diferencias con las candidaturas más afines, las CUP y Catalunya Sí que Es Pot, fueron una de las claves junto con la imposibilidad de unir a más sensibilidades. Teresa Forcades i Vila (1966, Barcelona) no oculta su pesimismo por la utilización que hace Artur Mas del derecho a la autodeterminación y reclama la necesidad de un referéndum. A poco más de 15 días para las elecciones y con la precampaña ya abierta, atiende a cuartopoder.es vía telefónica.

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¿Qué valoración hace Procés del escenario político para las elecciones catalanas?

A veces se ha tildado al movimiento independentista como algo iniciado, liderado y controlado desde la derecha catalana. Desde Procés siempre hemos tenido claro que este movimiento ha nacido desde abajo. Lo que ocurre es que es cierto que está intentando ser dominado por la derecha. Ahora en esta precampaña cada vez es peor. De ninguna manera ha nacido de la derecha ni su fuerza está ahí. Consideramos negativo que se haya producido la coalición entre ERC y CDC. Esto ha impedido que de una forma clara en los comicios del 27-S se pueda visibilizar no sólo la independencia sino el modelo de país que se quiere. Con tres listas separadas, la de CDC, independentista y liberal, la de ERC, socialdemócrata, y la de las CUP, anticapitalista, hubiera sido un escenario más positivo. Permitiría no oscurecer el debate necesario y urgente sobre el modelo de país. Así se está confirmando que queda invisibilizado el debate. A nivel personal creo que esas encuestas que dan una victoria para la lista de CDC y ERC son creíbles. La pregunta está en si van a sumar una mayoría absoluta para formar un Gobierno que pueda tirar hacia delante con su hoja de ruta. Y si van a sumar con las CUP esta mayoría. Nuestro trabajo como Procés es estar presentes en esta campaña para que la posición anticapitalista sea lo más coherente posible.

Entiendo que la posición de Procés prima más el modelo social que el derecho a la autodeterminación. ¿Cómo se conjuga esa dicotomía?

Desde el principio hemos hablado de que una cosa implica a la otra. Nuestra posición es clara. No creemos posible hoy en Cataluña una política anticapitalista si no es con un proceso de independencia que permita reformular todo el marco constitucional. Tiene que ser popular y unilateral. Nos parece poco probable que se dé la coyuntura en el Estado español que permita una reforma general. Si esto ocurre evidentemente nos encontrarán con el diálogo. Pero esa unilateralidad siempre la hemos defendido. Lo otro consiste en que la reforma no es para hacer una Suiza catalana sino para dar cabida a esos anhelos sociales que definimos como anticapitalistas. No son dos temas separados. Hay una reivindicación de nuestra parte de la coherencia con la democracia radical conjugada con los anhelos de autodeterminación de las nacionalidades históricas.

¿Esto pasa por un referéndum? ¿O serviría con una mayoría de votos como consideran desde Junts pel Sí?

"Leer el resultado electoral de una forma plebiscitaria, contando escaños
y no votos, es una contradicción que vamos a pagar"

Evidentemente estamos en contra de que se sustituya un referéndum popular por unas elecciones. Además, en unas elecciones en las que se cuentan escaños y no votos. Esto hace que la parte rural cuente más que los votos del cinturón industrial de Barcelona. La ley electoral debe reformarse. Me deja atónita que estemos en esta situación en Cataluña. Que al mismo tiempo estemos hablando de derecho de autodeterminación asumiendo que vamos a leer el resultado de las elecciones de forma plebiscitaria contando escaños y no votos. Es una contradicción que vamos a pagar durísimamente en términos de credibilidad hacia el exterior y al interior. Para mi no es legítimo. Y además en división social. Porque si yo fuera contraria a la independencia que alguien me intente colar la independencia sin una mayoría de votos es lo peor que me podrían hacer.

¿Y cómo se consigue llegar a ese referéndum? ¿Es viable?

En Cataluña lo tendríamos fácil con matices. Porque aún existe el consenso social, de alrededor de un 80% de personas que desea el referéndum. La fuerza popular, que es un elemento fundamental pero que necesita agentes históricos dispuestos a articular la desobediencia, es el tesoro que tenemos. Vamos a perderlo si seguimos por este camino. Por otra parte está la rigidez del Gobierno central para no aceptar los términos de un referéndum como se ha producido en lugares como Escocia o Quebec. La posibilidad de romper eso no pasa por esperar una reforma de la Constitución. No lo vemos probable a corto plazo. Hay que aprovechar la coyuntura lamentable de confrontación política para poner sobre la mesa la importancia del poder popular. Si tienes al 80% de la población respaldando algo estoy segura de que es imparable. La independencia no la vamos a conseguir con un sprint.

— ¿Cómo explicaría su pensamiento a las personas que no entienden que los catalanes quieran irse de España?

— A veces se da un argumento de gente que piensa que todo el mundo que quiera puede independizarse. Esto obvia el concepto de nacionalidad histórica. No se trata de reivindicar una creencia identitaria, con mayor o menor grado de pureza o diferenciación con el resto sino un proyecto histórico. Lo histórico conforma unas conciencias nacionales que existen o no existen. Unas conciencias de pertenencia a un territorio y grupo humano con una historia que está llena de contradicciones porque unos dicen una cosa y otros otra al preguntar cuando empezó Cataluña. Existe una voluntad política de un grupo que tiene capacidad de invocar una historia y una lengua. Esto está reconocido por el derecho internacional. Es la base para que en otros territorios se estén dando procesos de referéndum. Esto la mayoría de la población española podría llegarlo a entender aunque prefirieran otro resultado. Pero sólo si se realiza mediante un referéndum plebiscitario real. Sino lo que hacemos es crear confusión no sólo en el resto del Estado sino también en Cataluña. Que tengamos un 80% a favor del derecho a decidir no quiere decir que sea a favor de la independencia. A lo mejor nos quedamos por debajo de la mitad pero deseo saberlo de una forma lícita. La cerrazón a realizar el referéndum está ocasionando una distorsión. Y es lamentable para todos. Mi esperanza está en que no se pueda llevar adelante el proceso de Mas sin la presencia de las CUP y que sean ellas las que impidan un proceso contrario a la democracia.

— ¿Qué papel juega la candidatura de Catalunya Sí que Pot? Ustedes estuvieron muy cerca de integrarse en esa candidatura y hay gente de Procés que apoya esa lista ¿Por qué no decidieron participar finalmente?

— Al no presentarnos nosotros directamente lo que hemos hecho ha sido recomendar el voto para lo que llamamos las candidaturas de ruptura. Para nosotros son dos, la CUP y Catalunya Sí que es Pot. Con ambas nos unen y nos separan algunos elementos políticos que han sido los que hicieron que no participásemos en ninguna de las dos como movimiento. La posibilidad que teníamos para jugar un papel activo era que realmente se conformara un polo que uniera nuestras contradicciones. Eso no fue posible.

"Lo que nos
separa de las
CUP es que es
una candidatura solamente para independentistas"

Sobre Catalunya Sí que es Pot compartimos el valorar el tesoro de la mayoría social para poder ejercerla con un referéndum. Ellos lo defienden. Pero para nosotros no queda suficientemente claro si esta defensa de la autodeterminación se realizaba con el visto bueno de Madrid o no. Es decir, ese carácter unilateral de desobediencia. Creo que lo vamos a ir viendo a ver cómo se decantan. Compartimos también la ruptura social de este régimen neoliberal y las políticas de recorte. Pero la radicalidad democrática y anticapitalista no queda lo suficientemente reflejada en relación a plantar cara a la ilegitimidad de la deuda y los funcionamientos no democráticos de la UE. Respecto a las CUP, lo que nos separa es precisamente que es una candidatura sólo para independentistas. Nosotros lo que queremos es articular políticamente a la mayoría social. Que este tramo de camino lo podamos ejercer juntos tanto los que desean la independencia como los que respetarán la autodeterminación aunque voten que no.

— En la Universidad de Verano de Anticapitalistas usted dijo que le parecía peligroso utilizar el lenguaje abajo-arriba porque podría haber un trasvase de votos entre Podemos y Ciudadanos. ¿No está agotado entonces el eje izquierda-derecha?

— Entiendo que hay palabras que se gastan. Y además con razón. Cuando vemos los partidos que en el Estado español se han llamado socialistas y lo siguen haciendo, y de izquierdas uno se pone a correr. Pero una cosa es poder utilizar las palabras de modo que se eviten clichés y estereotipos antiguos y otra es realmente querer apoyar una lectura de la política contemporánea que supere la división de clases. Eso es negativo. Una cosa es utilizar unos referente u otros pero no se puede decir que hay que hablar de algo nuevo. No se trata de oponer personas que tienen control y privilegios sociales con una mayoría social sin hacer un análisis del sistema económico que da apoyo a esto. No son personas que están arriba porque sí. Hay que hacer un análisis del sistema económico y una alternativa al capitalismo. Si no se hace así el discurso es superficial. Los privilegios están unidos a un sistema económico y una manera de ver el mundo que hay que cambiar. Si no hay crítica radical al capitalismo lo que hay es un intento de animar a la población a una revolución imposible. La conciencia del sujeto histórico es fundamental.

— Ha dicho antes que no ve posible una reforma constitucional en España. ¿Es pesimista respecto a las elecciones generales? Supongo que serán importantes también para Cataluña pase lo que pase el 27-S.

— No las veo positivamente. Ha habido una serie de factores que me hacen ver como posibilidad real que vuelva a ganar el PP. Eso sería un desastre y lamentable. Eso no quiere decir que yo no me de cuenta de que ha habido muchos cambios que se han manifestado en las elecciones municipales. Hay que hacer fuerza para que sigan esos cambios. El momento pide que nos organicemos desde abajo para decir que ya basta. Me doy cuenta que hay una agitación de base pero con sinceridad mi mirada es que adelante con todo lo que venga desde abajo y de la gente. Y pase lo que pase que no nos desmoralice. Pensaba también que iban a ser fechas históricas, también el 27-S. Pero ahora lo veo como una oportunidad perdida aunque no quiere decir que estemos igual que antes. En Cataluña la situación es muy inestable y a ver qué deciden los votantes de todos modos.