Urbán: “Podemos tiene que ir hacia una nueva asamblea ciudadana"

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Miguel Urbán, eurodiputado de Podemos, en una entrevista realizada por cuartopoder.es en el mes de Julio. / Sato Díaz

Es uno de los integrantes de Podemos que está en el proyecto desde su fundación. Una de las caras más visibles de Anticapitalistas que ha representado desde la asamblea de Vistalegre una visión crítica de algunos aspectos de la dirección de Podemos. Le disputó a Luis Alegre la secretaría general del partido en la Comunidad de Madrid. Pero su lugar desde el mes de marzo es el Parlamento Europeo, donde ejerce como eurodiputado tras sustituir a Teresa Rodríguez. Junto a Lola Sánchez, la única eurodiputada que continúa en su puesto desde el resultado de las elecciones europeas, abrió el viernes una oficina a pie de calle para “trabajar, rendir cuentas” y organizar actividades. Aprovechando la inauguración de la sede, situada en el madrileño barrio de Lavapiés, Miguel Urbán (Madrid, 1980) atiende a cuartopoder.es para hacer balance de su trabajo en Europa y comentar asuntos de actualidad. Considera que Podemos debe ir a una nueva asamblea ciudadana que no sea un congreso de partido y se lamenta de que los procesos de unidad “desde abajo” no hayan fructificado.

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¿Cuál es el objetivo y en qué consiste la oficina que han inaugurado en Madrid?

Es continuar con lo que empezó Podemos cuando entró en el Parlamento Europeo. A todos los europarlamentarios se les da un dinero para abrir una sede parlamentaria. Decidimos que queríamos sedes abiertas a la gente, donde se pudiera trabajar, rendir cuentas y donde se pudieran hacer muchas más cosas, incluso que no tuvieran nada que ver con Podemos. El jueves tuvimos una pre-inauguración con un debate sobre el TTIP. Hoy (por el viernes) hemos tenido un taller sobre economía social y solidaria. Lola Sánchez tendrá también su actividad en la oficina. La idea es que, aunque formalmente abro yo la oficina, ella tenga bastante actividad porque la suya está en Cartagena, y quería tener también presencia en Madrid. Creemos que es un elemento central el intentar traer problemáticas europeas porque luego tiene una plasmación clara en nuestro día a día aquí. La oficina es un elemento para hacerlo.

¿Qué balance hace de estos meses como eurodiputado y qué ha aprendido estando allí?

Primero lo terrible que es la burocracia tan brutal que hay en Bruselas. Y la cantidad ingente de lobbys y la importancia que tienen. La puerta de entrada de autoridades en el Parlamento tiene un árbol plantado por la patronal de los lobbys europeos, lo cual determina mucho quién manda y tiene acceso a la Comisión o al Parlamento. En un Consejo Europeo en el que que estaban hablando de inmigración, yo intenté pasar con mi pase. No me dejaron e intenté pedir permiso. Yo no podía y muchos lobbystas tenían un pase que era más fuerte que los eurodiputados. También he visto la plasmación de lo que es la gran coalición. Ahora estamos en campaña y vemos como PP, PSOE y C's se pelean. Pero en Europa estos tres grandes grupos forman una cosa que se llama 'la gran coalición', están de acuerdo en el 80% de las medidas. Votan juntos a favor del TTIP o de recortar derechos. Otra cosa que veo es lo cínico de la política y ciertos discursos. Con el tema de los refugiados he visto discursos sentidos e interesantes. Pero en tres semanas hacían lo contrario esas mismas personas, ya que el foco mediático había cambiado.

"Europa juega con Turquía, Serbia
y Macedonia diciéndoles que si hacen de policías de fronteras aceleran el proceso de integración en la Unión Europea"

En el tema de Grecia, con el chantaje al que fue sometido el pueblo griego y el gobierno de Syriza, parecía que el pacto de estabilidad era como una especie de tablas de la ley. Una vez derrotado Syriza, y queriendo que Grecia actuase como policía de fronteras de la Europa rica, ya dijeron que ese pacto era flexible. Porque es una cuestión política, no económica. Es una cuestión de disciplina política de los pueblos del sur y lo utilizan como tal. También están intentando hacer con Turquía lo que hizo España con Marruecos, que es externalizar las fronteras. Juegan con ellos, y con Macedonia y Serbia diciéndoles que si hacen de policía de fronteras, aceleran el proceso de integración en la UE. Hay que señalar lo monstruosa que es la institución por dentro. Es como un supermercado de burócratas, un centro comercial.

Ante todo esto, a usted le hemos visto desplazarse a muchos lugares durante estos meses. Grecia, Serbia, Macedonia, Hungría, Sáhara, Melilla, etc. ¿Se siente más útil denunciando las situaciones injustas o ejerciendo como altavoz de ciertas causas?

— Hay una cosa que no quiero perder. Entré como activista en el Parlamento Europeo y quiero salir como un activista. La única diferencia es que ahora tengo abono transporte. Lo intento utilizar para visibilizar problemáticas que normalmente se quieren invisibilizar; o para apoyar ciertas luchas que normalmente no tienen tanto apoyo; o por un elemento central básico y muy normal. ¿Cómo vamos a discutir en plenaria parlamentaria sobre la cuestión de los refugiados si no has ido a ver una maldita frontera con lo que está pasando, el caos y la crisis humanitaria que hay? Me parece de una desvergüenza brutal. No pueden ir los 750 parlamentarios, pero al menos uno por grupo político. Para tomar nota en primera línea y poder contarlo al resto. Con Grecia es lo mismo. ¿Cómo vas a hablar si no has ido a verlo, a hablar con las organizaciones griegas que están sufriendo el efecto de los recortes y la austeridad?

Precisamente en la cuestión griega, desde Anticapitalistas han defendido que había alternativa a lo realizado por Tsipras. Y han apoyado a la escisión de Syriza, Unidad Popular. La realidad es que el pueblo griego le ha vuelto a dar un gran apoyo a Syriza, y UP ha tenido poco respaldo. ¿Se equivocaron en el análisis? ¿Cómo ve la situación allí?

— De una derrota es muy difícil sacar un buen resultado. UP nace de una derrota, y era muy complicado. Se quedó a muy pocos votos de sacar 11 diputados, que hubieran cambiado muchos las cosas. Creo que enfocaron mal la campaña. Tuvieron poco tiempo, es verdad, y muchas contradicciones. No supieron conectar con una mayoría de la sociedad que estaba en contra de la austeridad, y ahí tendrán que hacer autocrítica. Yo seguiré apoyando, no ya a Unidad Popular porque no es una cuestión de siglas, sino a quien luche contra la austeridad. A las fuerzas que estén radicalmente en contra de la austeridad y pongan las vidas de las personas por encima de los beneficios de las empresas, bancos y multinacionales.

¿Eso no lo hace Tsipras?

"Syriza pasa de organizar la esperanza a organizar la desesperanza"

— A día de hoy no. Se puede cambiar. El cambio en las correlaciones de fuerza en Europa puede dar un respiro a Tsipras y volver a una senda diferente a la tomada. A día de hoy está aplicando el tercer memorándum. Están votando privatizaciones y reformas que son lesivas para un pueblo ya de por sí muy castigado. El gran problema para mi, y lo explicaba Manolo Monereo en un artículo brillante en vuestro medio, es que Syriza pasa de organizar la esperanza a organizar la desesperanza. Los que estamos en contra de la austeridad no nos lo podemos permitir. Alguna gente te dice que no hay alternativa. Siempre hay alternativa. Si no, me voy a casa. Que no es fácil, evidentemente, pero hemos nacido como fuerzas políticas para eso, para enfrentar los momentos difíciles.

Tratando ya el tema de las próximas elecciones generales en nuestro país. En la última entrevista con este medio señalaba el desastre que supondrían dos listas de unidad popular. La realidad es que la confluencia amplia no se ha logrado. ¿Por qué no ha podido ser y qué perspectivas hay para las fuerzas rupturistas?

— No tengo todas las respuestas a por qué no se ha podido hacer el proceso. No he sido una persona destacada ahí, pero creo que se empezó desde el principio mal. Algunos lo dijimos, creíamos que el proceso se tendría que dar por abajo y con la participación de la gente, y no dentro de las estructuras políticas y con acuerdos por arriba en reuniones cerradas de despacho. Nos suena eso, ¿no? No hemos permitido que la gente decida.

A pesar del referéndum, ¿que hizo Podemos?

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Urbán, junto a Lola Sánchez y el nuevo eurodiputado de Podemos, Xabier Benito, en la inauguración de la oficina en Madrid. / Sandra Blanco

— Eso no era que la gente decidiera, era responder a si se quería que hubiera procesos de unidad popular. La gente dijo que sí. No era la pregunta, porque el proceso de unidad popular no se podía resolver con una pregunta telemática. Cuando se ha resuelto de forma positiva, no ha sido de esa forma sino por abajo, en lo municipal y sus candidaturas. Eso se hizo con procesos abiertos de participación donde la gente pudo tomar ese proceso como suyo. Eso es lo que no hemos tenido, por tiempo o falta de tiempo, por primarias demasiado apresuradas o por no tener primarias antes otros partidos. No es culpa sólo de un sujeto. Evidentemente Podemos tiene más responsabilidad que otros porque nació para ser una herramienta de empoderamiento popular. Se está consiguiendo llegar en Cataluña o Galicia a un proceso de unidad. Porque hay otros sujetos, que no sólo eran IU y Podemos, que han presionado y forzado a ese proceso. ¿Cómo decide Barcelona en Comú entrar en las generales? Con una asamblea popular. Son elementos que habría que rescatar.

Para mí el tema de la UP no es un fetiche. Algunos lo están utilizando como fetiche y se lo van a poner hasta como nombre. El utilizarlo como un fetiche le quita fuerza y desde todos sitios se ha utilizado así. El que no decía en su discurso 'unidad popular' no estaba en la onda. Pero. ¿cuántos han intentado ponerla en práctica? A mi me llama la atención que no hemos intentado realmente un proceso por abajo, de empoderamiento y que superara a las estructura de los partidos, que desbordara. Eso nos va a restar mucha potencia a las organizaciones que queremos un cambio en este país. A mi es lo que me da pena. Es muy importante no sólo intentar que todas las fuerzas del cambio consigamos el mejor resultado el 20-D, sino también qué vamos a hacer el 21-D.

Después de diciembre viene enero, decía Monereo, ya que antes lo ha citado.

— Viene enero y luego febrero y marzo. Habrá que ver qué hacemos. Una herramienta como Podemos tiene que ir hacia una nueva asamblea ciudadana. Alguien me dijo que eso sería un nuevo congreso de partido. Si es así, mal. Para mi, el reto que tenemos el día 21 es caminar hacia un encuentro de toda la gente de Podemos, de la que estuvo en Podemos y ya no está, de los que nunca han estado dentro y de nuevas fuerzas que han nacido al calor de Podemos y que no son Podemos. Todo eso debe dar a luz una asamblea ciudadana que construya una herramienta de cambio en este país, que inició Podemos y que sin Podemos no va a ser posible.

¿Entonces el cambio no va a ser posible el 20-D?

"Quien va a ganar las elecciones el
20 de diciembre
se va a llamar inestabilidad"

— Lo que yo planteo es que lo que va a ganar las elecciones el 20-D se va a llamar inestabilidad. No las van a ganar ningún partido con capacidad por sí solos de gobernar el país. Podemos tiene posibilidades de quedar primera fuerza, pero ganar unas elecciones es muy diferente. Para cambiar un país no sólo hay que ganar elecciones. Yo quiero ver el día después, porque no sólo desde las instituciones se cambia un país sino también desde fuera. Y por eso necesitamos esa Asamblea Ciudadana. Si al final lo que hacemos es una asamblea de la gente que está ahora en Podemos, será un congreso de partido.

En la cuestión de Cataluña, ustedes defienden el derecho a decidir pero no son independentistas. En unos momentos de confrontación ¿cómo encaja el discurso de Podemos?

— Lo que gana en Cataluña es el derecho a decidir. Con un porcentaje muy alto la gente piensa que la única forma de abordar un problema político es de una forma política y democrática. Para mí, desde Madrid ser independentista es un poco complicado. Lo que no voy a hacer es decirles a los catalanes lo que tienen o no que ser. Es un respeto mínimo que hay que mantener. Creo en el derecho de autodeterminación con todas sus consecuencias, entre ellas la independencia. Lo que sí quiero es ir a un horizonte donde vayamos a una serie de procesos constituyentes. El manifiesto fundacional de Catalunya Sí que es Pot hablaba de iniciar un proceso constituyente unilateral y no subordinado a las dinámicas estatales. Defiendo esa postura. Cataluña tiene que hacer un proceso propio y que cuando luego haya otros procesos constituyentes abordemos qué tipo de relación territorial, política y jurídica queremos tener. Pero desde la soberanía, es lo que está pidiendo España también con Europa para poder decidir qué sociedad queremos tener. Soy profundamente internacionalista.

Desde luego ni PP, PSOE o C's entienden así la situación

— No entienden ni el derecho a decidir, pero no lo hacen públicamente porque estamos ante unas elecciones. Pero en off todo el mundo te habla de que es necesario un proceso a la escocesa, todo el mundo. Porque saben que no hay forma coercitiva de mantener unido a lo que se llama 'Estado español'. Sólo puede ser de una forma política y a través del acuerdo. Sólo se puede dar con la independencia de ambas partes, no con la subordinación de una a la otra. Eso sólo se puede dirimir democráticamente, y luego cada uno que haga la campaña que crea.